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sábado, 20 de noviembre de 2010

VIDAS EPICAS

Arq. Vicente Vargas Ludeña.                                                                                                                 
A pesar de la compleja axiología de la existencia humana, el decurrir de la vida, distingue los unos de los otros. Cada cual elige un espectro de valores que le den explicación a su devenir, claro esta, sin ellos, no es posible lo humano. Solo los cadáveres carecen de valores; también, el reino animal esta exento de ellos, los instintos gobiernan esas vidas.
Pero existen seres especiales que templan su vida en la virtud. La virtud esta más allá de la valoración y su ejercicio, es el arma de una lucha constante para vencer todas las adversidades. Además las diarias batallas no son por sí, ni para sí, son: para y con los demás. La libertad, el deber, el honor, la justicia, la democracia y otros valores colectivos son los hilos de la compleja red de propósitos con los que seres especiales se proponen construir sus vidas. Para personas corrientes, casi no llega a su cabal comprensión el alcance de cada uno de los conceptos, peor su aplicación personal. Conquistar y defender la libertad, por ejemplo, exige el cumplimiento responsable del deber con honor y dignidad, tal como, pléyades de hombres y mujeres lo han hecho a lo largo de la historia y ancho de la tierra. La construcción de la democracia es una edificación de piedra a piedra, todos los días, llena de incomprensiones e incertidumbres; muchas veces la muerte es la respuesta a estos tenaces luchadores. La sangre derramada por sus héroes es la ambrosía que alimenta sueños en los pueblos humillados y ofendidos. En las especies animales gregarias -las hormigas, abejas, termitas- frente al peligro agresor, la organización social obliga a todo el enjambre, defender su hábitat, es sobrentendido, con su propia vida. El ser humano tiene algo de esos rasgos, pero no siempre es capaz de estallar con su vida frente al esclavizador; debe surgir el líder, el guía, el dirigente, el héroe. Héctor defendiendo su querida Troya, sabiendo a quien enfrentaba, desafió a la muerte en manos de Aquiles.
El estoicismo espartano del luchador, lleno de ideales, de convicciones a toda prueba que busca derrotar las injusticias e iniquidades, siempre lo hace en condiciones adversas y desiguales: el ostracismo, la cárcel o la tumba, son sus posibles y próximos nichos. Cuando el sistema, al cual combaten, les ha ganado la batalla, su parafernalia justiciera entra en juego, sometiéndolos a toda clase de torturas y humillaciones. Karl Lielknecht (1919), combativo antimilitarista alemán, camarada de la mítica revolucionaria e intelectual Rosa Luxemburgo, cuando fue sometido por el aparato represor del Estado prusiano, pronunció una sentencia desafiante de eterno combatiente: “Ni un solo general ha llevado su uniforme con tanto honor como el que yo voy ha llevar la vestimenta de presidiario; yo estoy aquí para acusar y no para defenderme”. El héroe nacional de Grecia, Manolis Glesos, apostrofo, antes que lo juzgaran sus victimarios: “Mi mas sincero deseo seria que los que nos persiguen tuvieran el honor de ser considerados en la conciencia de la nación patrióticos tan auténticos como nosotros”. Mas. Otro combatiente contemporáneo, de la talla de titanes, Mandela, dijo en condiciones similares: “Cuando nos enviaron a la cárcel, teníamos el sentimiento de que nosotros éramos los victoriosos y que el verdadero acusado era el Gobierno. Eso nos ayudo a sobrevivir”.
La historia universal contemporánea, esta rutilada por esta estirpe de seres especiales; Latinoamérica es un caso particular, y que, ayer mismo, sucedió en Brasil. Desde los años 50, los movimientos de liberación nacional, se extendieron por Asia, África y Latinoamérica, encabezados por Cuba, triunfadora de la revolución. Esto motivó y solivianto a todo espíritu hambriento de justicia, pero repleto de valor, coraje y entrega, sin medir las consecuencias, agigantando su condición humana.
Dilma Dousseff, elegida Presidenta de la Republica de Brasil, es la fibra de que están constituidos estos seres. Militante guerrillera en los años 60, en la vanguardia armada revolucionaria Palmares. La llamaron “Juana de Arco de la guerrilla; su marido también combatiente armado, fueron sometidos a prisión y torturados. Luego liberada, continuo imperturbable la lucha por sus ideales. Hoy, es mandataria de una mega nación.
Pepe Mujica, personaje carismático y bohonómico, es recientemente Presidente de la Republica Oriental del Uruguay. Con un palmares lleno de ideales truncados. Empuñó las armas para combatir a un sistema injusto y caduco; porque con el fusil no se implora la libertad y la justicia, se combate desafiando la muerte, para conseguir todos esos anhelos. Trece años de cárcel fue el precio de sus sueños.
Michelle Bachellet, saboreo en su juventud la amarga persecución y la cárcel en 1973, antes de salir a un prolongado exilio. La nación reconoce en ella valores sociales transcendentes designándola Presidente de la Republica de Chile.
Álvaro García Linera, matemático, sociólogo e intelectual, boliviano, Vicepresidente actual de esa nación, paso por los agrestes campos de la guerrilla con el fusil al hombro. Sus sueños audaces y valientes le costaron 5 años de cárcel.
Evo Morales Presidente de la Republica Plurinacional de Bolivia, viene curtido de duras batallas contra la injusticia, desigualdad y desnacionalización de su patria. El confinamiento y la cárcel, es el castigo que el stablishment burgués y oligárquico lo sometió, pero no consiguió domeñar su piel, ni sus sueños, estaban templados en acero.
Luís Inacio de Silva (Lula), no fue huésped de la cárcel, pero el espejo de su hermano Freí Chico, que fue un activista sindicalista, militante comunista, preso y torturado hasta la muerte por los militares de aquel entonces, lo moldeo. Lula no estuvo en prisión física, pero si rehén de la injusticia, la pobreza y la falta de educación. Para ayudar a sobrevivir a la familia debió ser: desde lustrabotas hasta metalúrgico. Su pueblo lo eligió dos veces Presidente de la Republica de Brasil.
Hugo Chávez, desde los cuarteles en los que se educó, comprendió que había un camino para derrotar las iniquidades de su Venezuela: las armas. Se sublevó y fracasó. Fue inquilino de algún calabozo por algún tiempo. Llegó al poder que buscaba por otro camino, y ha confirmado su permanencia por esas rutas, con atronadores victorias electorales.
Fidel Castro, estudiante universitario pequeño burgués, abandona lo que sus padres anhelaban: ser un prestigioso abogado en un suntuoso buffet de una torre urbana de su querida Habana, defendiendo las causas ganadas de las corporaciones y mafias que estaban apoderadas de Cuba. Desde la cárcel enciende las luces de su propia conciencia e irradia valores al continente. Con el fusil en ristre sube y baja las montañas de Sierra Maestra, hasta llegar victorioso a la Habana para cambiar el curso de la historia de su Patria, de América Latina y ser ejemplo para los movimientos de la liberación que se multiplican por el orbe.
Mandela, siete letras nada más, un simple fonema, pero cargado de enormes significados humanos. Nelson Rolihlahla Mandela, es el nombre de este gigante Africano condenado a cadena perpetua, luego, reducida a 27 años de cárcel. El sistema opresor y racista que lo perseguía y buscaba su desaparición, se agoto, murió de inanición, y termino por liberar al prisionero que desde una celda en una isla estremecía el estabilshment blanco. Después de la liberación en 1985, su pueblo lo designo Presidente de la Republica de Sudáfrica. Hoy es figura totemica.
Ernesto Guevara de la Serna, el Che, figura mitológica universal, es la represtación mas elevada de la lista de personas autorrealizadas que hemos descrito anteriormente. Pero como decía Bakunín, al héroe hay que fusilarlo al día siguiente de la revolución para inmortalizarlo. El individuo que vive en la virtud –de viril, de temple- no requiere una eternidad de vida para dejar su impronta de una nueva humanidad; no es concebible un Che envejeciéndose, el ejemplo y las enseñanzas ya las dejo con su muerte sacrificada y heroica. El mundo del pensamiento político y la cultura, frente a la imperturbable y creciente presencia de esta imagen, perturbadora en el pasado para el imperio, hoy se ha convertido en símbolo único, especialmente para la juventud, de unos ideales desvanecidos por la voracidad del dinero y el consumo. Vargas Llosa, excelente escritor, convertido en panegirista del capitalismo imperial, se refiere al Che, de esta manera: “Si es verdad que hay leyes inflexibles que determinan el curso de la historia, es igualmente cierto que en ultima instancia hay ciertos hombres que con su voluntad y su genio aceleran o precipitan el funcionamiento de esas leyes, y que estas no son una mera sucesión de acontecimientos mecánicos. En América Latina, fue uno de esos voluntariosos visionarios que se empeño en acelerar la historia, y para lograrlo desplegó una asombrosa generosidad y un heroísmo ilimitado, sin que tanto sacrificio personal le permitiera ver con sus propios ojos el final ambicionado. También igual, en esto, a Bolívar y a Martí”. Fidel Castro compañero de batallas e ideales, en la edición del “Diario de Bolivia” del Che, confirma lo que la humanidad siente y palpita: “Pocas veces en la historia, o talvez nunca, una figura, un nombre, un ejemplo, se han universalizado con tal celeridad y apasionante fuerza. Es que el Che encarna en su forma mas pura y desinteresada el espíritu internacionalista que caracteriza el mundo de hoy y cada vez mas al de mañana.”
Existe un denominador común en esas vidas: primero, la valoración trascendente de la existencia humana; el siguiente paso es vivir como se cree y piensa; luego, avanzar hacia delante, practicando con convicción lo que se cree, piensa y valora. Para ellos no existe la amenaza del peligro, fracaso o muerte. El otro ingrediente que hace de esas personas, seres sin límites, es el compromiso social, como ya se dijo, su lucha es por y para los demás; toda la posible e íntima vanidad, humanos son al fin, se anula porque desafían al poder establecido: a la muerte. Las peripecias de sus vidas, tenacidades, ahora son reconocidas por las sociedades que se jugaron el todo por el todo.
Los grupos conservadores existentes en cada nación, escenarios de estos fenómenos, las teorías del gran capital, estigmatizan estas formas de lucha para llegar al poder, las denominan populismo, es una de tantas maneras de descalificar las reivindicaciones sociales. Lo que esto evidencia, es que, la lucha de clases es y será, independiente de nuestras voluntades, el motor que mueve, cual fuerza ciclónica, la historia humana.

domingo, 17 de octubre de 2010

EL INFRAMUNDO

ARQ. VICENTE VARGAS LUDEÑA
La dialéctica de los contrarios: el bien y el mal, arriba-abajo, adelante-atrás, luz-tinieblas, bello-feo, falso-verdadero; y todas las oposiciones paradigmáticas de la lengua nos ayudan a construir una estructura simbólica de la cultura, primero; luego, se apropia la conciencia de cada ser y se vuelve herramienta, sin la cual los pueblos carecen de identidad. Estos son los elementos primigenios necesarios sobre los que la humanidad ha levantado el mundo mitológico indispensable en la supervivencia de la razón humana. Es necesaria la existencia del mito, es insustituible la presencia del símbolo.
Ninguna cultura precedente ha sido tan prodiga y prolífica en la construcción del mito, y la mitología como su cosmovisión: los griegos la supieron hacer el leitmotiv de sus existencias, y vivir en la cúspide de su civilización. En las batallas entre Dioses y Titanes; vencieron los primeros, y condenaron a estos, al ostracismo y sufrimientos propios de los vencidos. Solo así, fue posible diseñar el Olimpo, donde moraran por los siglos de los siglos, los dioses benefactores y los dioses justicieros. El botín a repartirse, entre los dioses vencedores, estaba: el cielo que le correspondió a Zeus, a Poseidón la mar océana, y el inframundo al Hades, dios de las tinieblas y el sufrimiento eterno. El cielo y el mar son sustancias objetivas hasta que la mirada las alcanza. El inframundo. No. Este solo es perceptible en la imaginación, en la fantasía, en la verdad de la mentira. Cada civilización ha organizado su propio inframundo, en cualquier lugar y circunstancia. De esta visión cosmogónica nacen las religiones y todas sus secuelas; unas mas humanas, otras mas divinas. Existen marcadas diferencias entre lo humano y lo divino, cuando de colectivizar las creencias se trata.
En el inframundo, reino de la oscuridad, de las tinieblas y la muerte, Hades es el dios gobernante de esas entrañas. Solo sueños y fantasmas habitan esas geografías. Caronte, es el barquero que va y viene, que lleva y trae los muertos tras pagar un óbolo, para pasar de una orilla a otra sobre colóides sulfurosos que forman el Rió Queronte, en el inframundo del sufrimiento y terribles suplicios. Si las tinieblas son el velo de aquel universo, los fantasmas son sus habitantes. Los escenarios de esa geografía, son las agrestes montañas del miedo y el quebranto. Aquí se reproducen con todo su fulgor, las pasiones humanas y toda la concupiscencia de la carne y la riqueza. Por alguna razón el oro y los diamantes en bruto, son enseres del inframundo; también lo son, las joyas preciosamente elaboradas con esos materiales, con las que los vivos, envían al inframundo a sus semidioses a las eternas tumbas de piedra, con forma de pirámides.
Solo tinieblas habitan las profundidades abisales de la mar océana, el mismo espectro llena las entrañas de la tierra y el cosmos infinito. La imperturbable y negra oscuridad es la envolvente universal. Las tinieblas, son también, el continente de lo humanamente posible; son el principio y fin ontológico donde se refugia y enriquece la conciencia metafísica, materia prima indispensable en la construcción de sus propias existencias, ajena a la materialidad cotidiana, sin embargo complementaria; simbiótica entre cuerpo y conciencia. Las intermitencias de la vida y la muerte, el Eros y el Tánatos, son razones imprescindibles para emprender el viaje al inframundo; para crear, para luchar sin tregua en la estéril y necia búsqueda de la eternidad.
La historia humana no da tregua a la fantasía, a la imaginación; con ellas crea mundos de ficción, de mentiras. El ser, necesita de la mentira convertida en mito para levantarle un templo. El planeta esta sembrado de monumentos a la mentira –al mito-. La llegada del cristianismo también tuvo lo suyo, se repartió el mundo: un dios omnipotente creo su propio cielo y en el reina, la santísima trinidad y su hijo unigénico –le llamaron cristo- emperador de la tierra; y a lucifer –el diablo- le toco el infierno: el inframundo. Aquí solo existe un fin: el sufrimiento y el castigo en las deritientes llamas del infierno, o en los anchurosos y procelosos océanos de mierda, donde Satanás es Caronte con su nave patrullando su reinado; los réprobos, reciben su castigo y la maldición hasta la consumación de los siglos en el juicio final. A un intelectual norteamericano, le preguntaron ¿Cuál de estos mundos desearía? El respondió: el cielo por su clima benigno, y el infierno por las compañías. Coincido con el.
Platón en su legendaria Republica crea el Mito de la Caverna. Es el inframundo de las tinieblas de la razón. Seres encadenados que jamás verán la luz, únicamente su propia sombra proyectada en las paredes de la caverna, vidas negadas de su existencia. Hasta que uno de ellos se libera y descubre un universo de luz y de los vivos, que juegan a la racionalidad. Freud, Jung y Hillman, entre otros, han escarbado el inframundo de la conciencia; el Ello, el Yo y el Súper yo. Son niveles desde la superficie a las profundidades del alma. García Márquez defiende ese recóndito mundo del Ello: acepta su vida pública, la privada, y la inaccesible: la secreta, solo le pertenece a el. Todos tenemos un inframundo al cual muchas veces nos negamos a descender; pero aparecen a veces, como pesadillas en los sueños.
Los 33 mineros chilenos que trabajaban en las entrañas de la tierra, arrancándole migajas de oro a las rocas, vivían simultáneamente los dos mundos: el de los vivos cuando estaban en la superficie y el inframundo cuando descendían al fondo de la tierra a sus diarias rutinas. El oro se convertía en el imán, aunque ellos quizás nunca lo disfruten, los atraía sin asomos de miedo, razones suficientes para entrar de la luz a las tinieblas, en comunión estrecha con el presente y el pasado; el futuro no importaba. El porvenir, es de las fantasías y de los fantasmas en esas profundidades. Es mucha la distancia entre el arriba y abajo, entre la luz y las tinieblas. Nadie como ellos, conoce el silencio y la oscuridad total. Nadie como ellos conoce los meandros que han construido en los abismos de la entrañas. Pero, tienen una sola entrada. La salida depende del can cerbero que vigila el inframundo; tampoco existe un fin. No van a parte alguna, salvo la que se puedan imaginar que hay más allá del taladro que orada la roca. ¿Acaso tienen conciencia del inframundo que cavan y viven? No. Eso lo descubren, solo, cuando la salida de esa inmensa ratonera se derrumba. En aquel momento se volvieron habitantes de la entrañas del monstruo, en transito a la muerte. Su realidad, ahora, es una corrosiva incertidumbre, es la pesadilla del pasado, el sufrimiento sin esperanzas del cuerpo, la resignación y el más atroz torbellino imaginario en ese inframundo en proceso de transformación acelerado para convertirse en mito. Ellos, a los que la profundidad de la tierra se los trago, van camino a rielar el mundo de los muertos. Mientras se muevan, respiren, construyan sueños, recordaran el arriba y la luz; hasta que aquello suceda, cada vez se va extinguiendo, hasta, la esperanza. Si la vida se les extingue, aquel mismo lugar será su sepulcro, y a su vez el propio inframundo en el que sus almas deambularan penando por un rescate. No existirá otro.
El can cerbero, guardián que tapona la salida del inframundo es el propio material que esta compuesto la caverna: la roca. Sin embargo, arriba, el mundo de los vivos tantea las pulsaciones de la montaña, mientras la bóveda de la caverna es una enorme y pesada lapida, en ella, apenas caben, nada más que los sueños: que Caronte, el barquero atraviese la roca y los encuentre para llevarlos al mundo de los vivos.
La capsula Fénix, también pájaro mitológico, metáfora de Eros y el Tánatos, fue la barca del remero, que se hundía en las entrañas del agujero construido como poro orgánico, y del cual esporádicamente brotaban fantasmas arrancados de las garras del inframundo, ahora hombres, devueltos a la vida.

viernes, 8 de octubre de 2010

SEAMOS, MEDIANAMENTE INTELIGENTES

Arq. Vicente Vargas Ludeña
Se inauguró un nuevo episodio político en la historia nacional este 30 de septiembre. Desde la sincronía estructural, es un instante en la vida de los pueblos; más, desde la diacronía, es la repetición histórica inveterada de la fragilidad de una sociedad que lleva 200 años intentando construir un Estado-nación, y cuando parece que se ha elegido el camino –llámese proyecto- se han acopiado los materiales, ladrillos, se han designado los albañiles, etc.; las paredes del Estado se resquebrajan a veces, otras, se derrumban. Las elites locales, las habían también extranjeras, que contribuyeron a parcelar la Gran Colombia; desde Juan José Flores, hasta el último mohicano, que murió hace poco, León Febres Cordero; jamás comprendieron, no les interesaba ni lo intentaron, salvo unos: Rocafuerte, Eloy Alfaro, y en estas circunstancias sin ser de la gran burguesía Rafael Correa, en constituir un Estado y construir una Nación. Una geografía territorial, solo dibuja un mapa, no una Nación. Tampoco un gobernante, con todos los matices del poder que se le pueda asignar, rodeado y sacralizado por la iglesia católica, no constituye un República. Ese binomio del poder funcionaba perfectamente en el feudalismo. Sin embargo, este modelo de organización política, o por lo menos esa conciencia ideológica, ha pervivido hasta la época presente. Febres Cordero, por ejemplo, encarno con todas las sutilezas, el papel de las pretéritas elites: usufructuar del poder y depredar sin contemplación, sin importar lo exsangüe o raquítica que quede la Nación. Si algún perfil institucional de Estado el Ecuador tenia, este truculento personaje, lo desmantelo, solo algunas piedras quedaron en pie, apunatalados por la esperanza: desde la institución presidencial, la justicia, la legislatura, la fuerzas armadas; nadie antes, ni después hizo tanto daño a la misma policía, convertida en órgano represivo, torturador y asesino, a pretexto de combatir la insurgencia guerrillera. Todo, todo lo depredo, hasta sus congéneres más cercanos se los devoro, “como perro con hambre”. Nada construyo –salvo el malecón en Guayaquil-, nada instituyo, nada respeto; estuvo siempre al acecho del poder por cualquier medio, y por supuesto lo ejerció desde todos los vértices de las pirámides que le pertenecieron: económicas, sociales, de la realpolitik sin miramientos morales o teóricos, y principalmente, como patriarca de las oligarquías muy venidas a menos en el presente, producto de las depresiones del gran capital.
Este arquetipo de político, se ve reflejado en este triste episodio del fracasado golpe de Estado, protagonizado por un conjunto de fuerzas coaligadas. El fenómeno político que estamos viviendo, adquiere dimensiones patológicas en una sociedad enferma y debilitada por ese juego perverso de esos sectores sociales, acolitados, casi siempre, por sacristanes de toda procedencia y de todo credo: ultristas de izquierda –MPD- y fascistas de derecha –el Opus Dei-, dirigentes mestizos indigenizados –CONAI y otras yerbas- mas los facciosos militares y policías rasos. Sin poder faltar a la cita mortecina, carroñeros de la felonía y la traición: Gutiérrez y su jauría. Este desagradable personaje se ha enquistado parasitariamente en la vida política del País, con toda la virulencia de una peste. Es un microbio pernicioso en el organismo social de la Republica. Su estructura microbiana es proporcional a su tamaño moral e intelectual. Y, en este pantanal plagado de saurios, no podían faltar al convite, buitres continentales, también al acecho de gobiernos soberanos, y que son en ultima instancia, los que median entre las estirpes antes nombradas y el Departamento de Estado del imperio. Alguien debe explicar, ¡Que hacía! ¡Quién invito a Quito recientemente!, a personajes expertos en estas faenas, encabezados por J. J. Rendón, asesor en las campañas electorales de Manuel Santos en Colombia, de Porfirio Lobo en Honduras y otros políticos del mismo pelaje.
La dicotomía: golpe de Estado o insurrección, que la derecha fascista por un lado, la izquierda delirante por otro, coreado por la “prensa libre e independiente”, incluidos algunos dirigentes indígenas que debaten diariamente con verdadera fascinación, lleva la impronta indeleble de la triste historia ecuatoriana: ahogarnos en nuestros propios detritus. Es el destino manifiesto: pueblos negados a salir de sus postraciones. Reducir la intentona golpista a episodios anecdotarios, en problemas sicológicos de personalidad del Presidente, requiere aquí, si, tratamiento siquiátrico de estos grupos, porque no están en sus capacidades elementales; al esforzarse inútilmente en hacer tragar a la sociedad sus retorcidas verdades. Al fin y al cabo, en Ecuador la población ha asistido como espectadora y oyente a intensivos seminarios de golpes de Estado civiles y militares; lo cual ha permitido aguzar el olfato y discernir con criterio frente a estos cíclicos eventos.
Los objetivos de la banalización del ahogado golpe, son evidentes: agudizar la campaña mediática; evitarse la estigmatización como felones, traidores, etc.; perfeccionar nuevas estrategias en otros campos de batalla con diferentes peonadas; debilitar el apoyo popular al proyecto político; y por que no, mimetizarse en los sueños y aspiraciones de cambio de la sociedad ecuatoriana con sus pares latinoamericanos.
La inteligencia se resiste a escuchar la letanía insufrible de estos sectores, que de tan heterogéneos que aparentan ser –Indios vs. Burguesía aristocrática, MPD vs. Opus Dei-, han terminado homogenizando su pensamiento, su conciencia, consecuentemente sus acciones frente al actual gobierno, especialmente contra Correa. Correa es el problema. Correa es el alfa y omega de esta Republica. Por lo tanto hay que desaparecerlo, matarlo. Muerto el perro se acabo la rabia. En Venezuela los grupos oligargicos y los agentes del imperio, no se perdonan esa terrible falla: no haber matado a Chávez cuando lo tuvieron cautivo.
El tamaño de la Republica, a veces, es proporcional a la pequeñez de sus grupos dirigentes. Mientras se desarrollaban las acciones de la intentona golpista, los servicios de inteligencia de los países vecinos, Perú y Colombia, proponía a sus gobernantes cerrar las fronteras, ante el conato desestabilizador en el Ecuador; y así lo hicieron. Aquí se negaba. La correcta lectura internacional de los acontecimientos en el país, conducía incontrovertiblemente a los Presidentes latinoamericanos, que en Ecuador se estaba llevando a cabo un hachazo contra la democracia, cuyo objetivo, era el derrocamiento del gobierno legítimamente constituido. Con la experiencia de Honduras, los Presidentes representantes ante la UNASUR, no pensaron más que una sola vez: convocarse en algún lugar. Como así fue. Y en Buenos Aires, al termino de la distancia condenaron, con toda la fuerza moral que les otorga su alta investidura, el golpe y a los golpistas. Mas tarde, los Cancilleres del mismo organismo, en Quito ratificaron el repudio desestabilizador. La OEA, en la antípoda del hemisferio, evalúa los hechos y concluye que en Ecuador, esta en terapia intensiva la democracia; y también acuden en solidaridad con el pueblo y su gobierno. Rafael Correa no era el objeto de la proclama, su vida si, lo fundamental era la estabilidad constitucional. Tampoco el respaldo era a la revolución ciudadana, ni al revolucionario Correa, que no lo es, reformista si. Todos estos países tienen sofisticados cuadros de inteligencia y contra inteligencia, los mismos que concluyeron sin dudar un instante, que en Ecuador había un derrocamiento del gobierno en marcha. Solo aquí, en estos potreros no se quiere entender, y con perversidad se desnaturaliza el golpe, alentando futuras insurrecciones; y se desgañitan agitadamente, que tal cosa no sucedió.
Lo que nos lleva concluir, que si en el País no funciono los servicios inteligencia del Estado y el gobierno; si lo hicieron los servicios de los Países amigos. Tampoco funciona, y parece que no lo hará jamás, la inteligencia fascista, de la izquierda infantil, de los indios mestizados, de la prensa libre e independiente; y lo mismo sucederá con los microorganismos parasitarios de la política nacional –llámese Gutiérrez, Cobo y demás-. Cero inteligencia.

domingo, 12 de septiembre de 2010

MUNDOS: NARCO, FINANCIERO

Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                                                                                                 
En la fragorosa y compleja estructura del mercado y el dinero, el emprendimiento es una ciencia y el emprendedor un científico virtuoso. Ahora más que nunca, el neoliberalismo ha despertado esta cualidad humana para que todo ser viviente se convierta en empresario. La epistemología del emprendedor la han construido en todos las categorías de la Filosofía, la Sociología, la Antropología, la Psicología y otras formas del conocimiento, con el fin de estructurar un corpus sistémico que, en los Institutos, universidades y en cualquier lugar educativo se formen los empresarios que necesita el mercado para funcionar. Tal es así que, un físico nuclear, astrofísico, pintor, actor, deportista o un religioso; un narco, chulo, prostituta y todas las variopintas formas de ganarse la vida; deben ser emprendedores para rentabilizar, en la economía de escala que exige el mercado, los máximos de ganancias. Este es el perfil que el capitalismo ofrece a todo individuo y sociedad en su conjunto que desee llegar al éxito económico; conste que, aquí se remarca el carácter económico del triunfo, porque así reza el decálogo del empresariado. El éxito, es el mejor de los éxitos, es el axioma del pragmatismo capitalista. No deja de existir cierta razón, de que las iniciativas personales, a veces familiares o corporativas promueven grandes proyectos de desarrollo técnico, científico y económico que han cambiado la faz de la tierra y han transformado a la sociedad. Pero estos fenómenos solo son posibles en el tiempo; sin embargo en el torbellino del dinero fácil, toda práctica legal y no legal, son permitidas. Esta visión de transformar al ser y la sociedad en un gigantesco océano de negocios, es una de las razones fundamentales para multiplicar por mil, los centros educativos, llámese universidades de zaguán o escuelas de comercio y administración. La peregrinación de tutores, verdaderos gurus del marketing, viajan despertando las apetencias del negocio en estos pueblos, que casi, no han salido del era del trueque; de esa manera, los convierte en portavoces del nuevo orden mundial. De aquí saldrán los genios de las finanzas, del bien y del mal.
Podrá llamar la atención, aquí, el tratamiento paradójico, y no sin cierta ironía, del mundo del narcotráfico y el mundo financiero. No cabe duda que el narcotraficante es un emprendedor, consecuentemente, mas adelante, se convierte en empresario inversor de un misceláneo universo de actividades económicas, con el consiguiente reconocimiento de mundo económico, social y político. Cumple rigurosamente con las categorías de la economía política: producción, distribución, intercambio y consumo de su proceso industrial de las drogas, en especial la cocaína, mercancía –merca le dicen en Colombia-, que más conocemos. Como decíamos antes, el narco emprendedor se preocupa de la siembra, de la cosecha de la hoja de coca y del proceso industrial que dicha hoja sufre para transformarse en la diosa blanca. La comercialización en un mercado competitivo cumple estrictamente las leyes de la oferta y la demanda. El consumidor final no es un asunto que le atañe al narco empresario; este, puede ser un drogadicto irredento, del mundillo del jet set, Bill Clinton, George Bush o Barak Obama, que en su momento de disloque juvenil también naricearon sus dosis de cocaína, y que mas tarde como presidentes, debieron emprender a bala a estos empresarios que les brindaron momentos irrepetibles de euforia; la geografía del consumo si les es importante, por que eso determina una serie de imponderables que maximizan los costos y los peligros. La estructura organizacional del narcotráfico denominados mafias, cárteles u otras formas, dependiendo de la envergadura corporativa, se mimetiza en las urdimbres del poder político, judicial, policial, deportivo, religioso, comunitario y social etc; y en ese mundo blanquean su imagen, sus acciones y dignifican su riqueza. Las bases Gansgterlires que debe montar el narco empresario, es correlativo a la naturaleza humana: competencia, -muchas veces desleal-, envidia, gula, ambición desmedida y todos los excesos de la carne; como también se dan en otras esferas del dinero: las finanzas. Esto lo veremos mas adelante.
La historia de los grandes narco empresarios coma Al capone, Don Vito Corleone en la célebre serie El Padrino de Mario Puzzo, de Pablo Escobar y toda la pléyade de narco emprendedores famosos en Colombia transformados luego, en cárteles: del Pacifico, del Norte, de Calí etc., o los mas en boga momentáneamente: los Zetas, el de Juárez, el del Chapo Guzmán, El Señor de los Cielos -¡Que nombre mas angelical!- y otros de México, es la patética semblanza del prospero negocio que jamás terminaremos de comprender. Para actualizar y diversificar esta historia cabe la referencia de la famosa obra literaria, escrupulosamente documentada: “Gomorra”, del Italiano Roberto Saviano. En ella, ha reconstruido la aterradora lógica económica-financiera y expansionista de los clanes napolitanos y casertano, en el Sur de Italia. Una organización empresarial con impresionantes ramificaciones por todo el planeta, y una zona oscura siempre mas extensa donde cuesta distinguir cuanta riqueza es producto de la sangre y cuanta de simples operaciones financieras vinculados al negocio de las drogas, de la construcción, de la importación y otras formas no menos aberrantes pero muy socorridas en el que, al final, cada emprendedor termina en un agujero enrejado de alguna cárcel, no porque ha creado riqueza, como todo empresario, sino porque el camino lo ha dejado tapizado de cadáveres de sus competidores o de sus traidores aliados. Esta es una característica negativa del empresariado narco, o mejor, son los baldones que la sociedad le impone, por múltiples razones, al mercado de las drogas. No lo hace por los daños colaterales que todo negocio sucio provoca, sino porque el flujo de dinero no entra al torrente del mercado a cielo abierto; y eluden a toda costa las cargas impositivas fiscales; de lo cual se benefician la banca, el comercio y todas las estructuras de poder. La comunicación incluida.
Es interesante el fenómeno, por que, la cultura también abreva de estas fuentes para crear otras expresiones estéticas, religiosas, del lenguaje y demás formas; el cine y la televisión son los que más explotan este filón que atrae una gran masa espectadora; las pantallas se bañan de sangre y violencia, de mujeres hermosas, del buen vivir elegantemente etc.; es común que los capos se enfrenten a tiro limpio en plena calzada; no lo es, que dos banqueros se rompan el alma en la vía publica. Para ellos el cine tiene otros recursos más edulcorados, más románticos; los guiones siempre estarán urdidos de intriga y máximo de una quiebra económica o de un suicidio, como castigo final a sus magnates devaneos.
Para concluir con este tramo del razonamiento, veamos quienes son los perjudicados con este segmento del emprendedor narco. El consumidor final, como ya hemos visto, es el que tiene gran capacidad económica; o por lo menos el que se afana en conseguir recursos para llegar hasta la droga; la muerte, siempre latente en todo momento y circunstancia, y en el caso que nos ocupa no es una peste, como la bubónica en la edad media; basta revisar las estadísticas Es, como el alcohol, una pequeña parte de la sociedad se pudre en el y muere. Pero hay mil causas que producen mayor mortandad y provocan mayor daño y miseria. Ese es, el mundo financiero.
Bertold Bretch, decía que para tener dinero fácil y rápido, había dos caminos: asaltar un banco o montar un banco. Aquellos que pertenecen al mundo de las finanzas son, indudablemente de gran prosapia, siempre herederos de imperios económicos o salidos de ranqueadas universidades que aprendieron a manejar la macro y microeconomía del mundo contemporáneo; asesorados, la mayor de la veces en los centros financieros mundiales, por laureados premios Nóbel en economía. Esta es una pequeña diferencia con los narco emprendedores, no conozco de algún capo famoso que sea diplomado en ciencias de alguna cosa, debe haber existido y hoy también; regularmente ascienden a ese universo a punta de pistola, sin embargo, no se puede despreciar su gran iniciativa y talento para reinar y gobernar esos imperios.
La etérea atmósfera que envuelve a la banca y las finanzas, es inaccesible al mortal de los humanos. Es densa, compleja, esotérica, misteriosa. Demasiada científica, es más o menos, como la teoría de la relatividad superada por la teoría quántica, o, la materia oscura en los agujeros negros gravitacionales. Ese prestigio, le asignaron los sacerdotes de la economía capitalista. La construyeron de esa manera, para, a través de la ubicuidad del dinero, eludir sus fines y transformarse en cualquier propósito: multiplicar la riqueza, crear un súper poder, erigirse en amos del mundo, como el Club Bilderberg, que describe Daniel Estulin. Es tan intrincado, ese universo, que de la letra de cambio de la era de pluma de ganso, al dinero de plástico, o a la fiducia del chip del cyborg (humano biónico), con el cual, en el futuro se podrá realizar transacciones económicas y financieras a cualquier escala, media un abismo insondable de proporciones mágicas. Pero, a ese paraíso mágico nos conducen los amos del poder, con consecuencias más nocivas que las que pueden provocar los empresarios de la droga.
El desastre económico y financiero del 2008 en la meca del capitalismo, los EE. UU., no se compara ni remotamente, con el daño que puede causar la droga en ese mismo tabernáculo. La asistencia financiera que el Estado debió acudir a esas mafias, fue de 700 mil millones de dólares. Millones de norteamericanos se quedaron con una mano adelante y la otra atrás, miles perdieron sus hipotecas, el desempleo los arropo, la nación bordea el abismo del tercer mundo. Para burlarse de la sociedad, los autores de ese desastre moral -asalto, robo depredación…- legitimaron sus retiradas con ingentes sumas de dinero, como indemnizaciones, a sus sacrificados esfuerzos en “bien” de la humanidad ¿Acaso hubo fuerzas telúricas, o iras divinas, imponderables para semejante cataclismo? ¿No es la nación paradigma de los negocios y las finanzas? ¿Dónde estaban los más lucidos cerebros –premios Nóbel de economía- cuando se derrumbaba la entelequia de la riqueza? ¿Quién responde por el daño y la rapiña que ocasionaron a la sociedad los banqueros y financistas? ¿El daño, acaso, no es mayor y más destructivo que el de una coalición de mercaderes de la droga? ¿Cuantas muertes sin sangre, silenciosamente, quedaron y siguen tapizando la nación por el atraco de que fueron victimas? ¿Dónde están los responsables de esa catástrofe?
Son preguntas de fácil respuesta. El sistema esta diseñado para que así funcione. El Estado solo es gendarme, lo demás lo regula el mercado. Cualquier legislación que ponga orden al capital, son frenos para el desarrollo, dicen los panegiristas del dinero. En el Ecuador, los banqueros se birlaron ocho mil millones de dólares; todos los narco empresarios mas connotados juntos, no causaron el daño al país y a la sociedad, como lo hicieron los financistas y sus coaligados. Ni en Manta, ni en ningún lugar se instalaron bases militares norteamericanas para contener ese daño, ni arrestar a los Isaías, Aspiazu, Ortegas… la lista es larga.
Los unos y los otros, sin embargo, necesitan del poder político para llevar a cabo sus emprendimientos. Los banqueros acuden a la legislatura y al gobierno para blindarse en sus trapacias; los narcos, aceitan directamente el bolsillo de los legisladores, de la justicia, de la policía y todo poder que se ponga en su camino. El problema es de visibilidad e invisibilidad. En estas riberas paralelas, ni la ética, ni la moral existen. Existen los rendimientos del dinero. Nada más.

viernes, 23 de julio de 2010

50 AÑOS DESPUÉS


VICENTE VARGAS LUDEÑA
Volver a Cuenca, la ciudad de mis aprendizajes, por las mismas razones que lo hice hace 25 años cuando a mis ex condiscípulos del Colegio Benigno Malo se les ocurrió celebrar ese aniversario memorable; hoy lo hago nuevamente, después de otros 25. Bodas de oro los llaman a los 50 años del bachillerato. No es poco tiempo. Es medio siglo. Son algunas generaciones, muchos nietos, y tal vez algunos bisnietos. Este acontecimiento, indudablemente, es una poderosa razón para escarbar en la memoria aquellos seis años que tuve la dicha de vivirlos, cuando mi consciencia estaba recién despertando a la cosmogonía que me ayudaría a comprender la dialéctica realidad que me envolverá toda la vida.
Pero la memoria en los umbrales de los 70 años de edad, es mezquina para decantar lo vivido; por eso invocando el mágico realismo de G. García Márquez, me refugio en el que dice: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y como recuerda para contarla”; eso es, los recuerdos son pinceladas expresionistas que retratan, a veces, con fulgor y otras, veladas imágenes de la ciudad, de la gente, los colegios que transite, los compañeros, los maestros, las anécdotas, episodios, circunstancias; en fin, la vida misma, en un lapso de tiempo maravilloso y vital.
El mismo día que llegue para la celebración, realice un recorrido por las mismas piedras de las mismas calles que van y vienen, que llevan y traen del Colegio Salesiano; y cual asesino que regresa, imperceptiblemente, a la escena del crimen, medí el tiempo y los espacios que en el pasado cumplían una función: el patio de recreo, el enorme comedor, los dormitorios, las aulas y otros que han desaparecido por el cambio de uso de esos lugares, revivificando múltiples momentos de una casi niñez, que viví interno en aquel claustro. Siempre que he viajado a Cuenca me magnetizan esos edificios que fueron monasterio, y cumplo el ritual del asesino ignoto. En aquel Colegio, espiritual por antonomasia, iba dejando la ingenua candidez -que mas tarde seria brusca con el cambio a otro colegio- traída de los pueblos de la frontera sur. En ese lugar los misterios divinos de la existencia se acentuaban, adquirían categorías evangélicas, incuestionables, acabadas e irreductibles. El contexto siempre rodeado de olor a inciencio, a beatificación. El martirio y el sufrimiento adquiría cánones de perfección, aunque la misma congregación Salesiana no practicaba esos silicios, la vida de los hombres perfectos (los santos) de la Iglesia lo habían practicado siempre como forma de negar la tentación de la carne y la remisión de los pecados. Sin consciencia plena, más bien con temor y miedo avanzaba sin pensar en los complejos estadios que debía superar para llegar hasta donde me habían diseñado las metas, y yo concurrido hasta ahí, con la vida inquieta y aguda curiosidad: ser sacerdote; lo cual lo veía, como remota posibilidad. Pero estas mismas energías internas, llenas de misticismo y subjetividad que iban modelando un esquema mental escolástico, religioso y sobrenatural; mas tarde se convirtieron en fuerzas demoledoras de esa consciencia ingenua, para recurrir a la única vía trascendente de la razón y la racionalidad: el conocimiento objetivo del mundo que me rodea; y de esa manera volcar todas las capacidades racionales para su cabal comprensión, desechando abstracciones sobrenaturales, subjetivas y platónicas. Buscar el bien y la verdad por otros caminos, sumándome al pensamiento de Albert Einstein, “la búsqueda de la verdad es mas preciosa que su posesión”. O la socrática ruta, “Solo hay un bien: el conocimiento. Solo hay un mal: la ignorancia”; desde entonces, “nada de lo humano me es ajeno”. Sin embargo, debo admitir, la inmejorable calidad y calidez de la enseñanza, la dedicación exclusiva –no existía otro objetivo que estudiar y rezar-, el orden, la armonía, la disciplina, etc. eran un estilo de vida, en el que, el tiempo no parecía transcurrir; mas aun cuando cada uno de nosotros estaba balbuceando el conocimiento, y a la vida, no le debíamos mas que el vigor y la esperanza.
La peregrinación de hoy, lleva una enorme carga de recuerdos y fantasmas. Más, creo, que son fantasmas que realidades vividas; ni los unos, ni las otras son fáciles de construir, requieren la secuencia histórica de una vida; y tampoco, esta vida esta en la historia. Igualmente este texto no es para hablar de mí, sino, es para reflexionar, como ese lugar y las circunstancias modelan, para bien o para mal la existencia. Aquí y ahora, creo siempre, que fueron para bien.
La Cuenca que abandone hace 50 años para buscar otro lugar donde aprender como ganarme la vida, le estaba llegando los vientos alisios de la modernidad; y se disponía a abandonar su cascaron colonial y expandirse por las colinas y los valles con la fuerza que los nuevos modelos económicos, políticos y sociales contagiaban a la nación ecuatoriana. La Cuenca que conocí, cuando arribe por primera vez, tenia sus limites invariables por décadas, perfectamente tangibles; sus coordenadas geométricas se definían por sendas Iglesias –es lo que abunda- en cada extremo de ellas: San Sebastián-San Blas la una, Maria Auxiliadora-San Francisco la otra. Eran, esos los ejes con que se construían los límites del damero canónico, creado y regulado desde la colonia. El Barranco, que luego adquiere borde urbano y terraza-balcón sobre el Rió Tomebamba, era eso, el abismo limítrofe de otros horizontes ajenos a la “cite”. Fuera de esos ejes, pasábamos a los extramuros, -claro, virtuales porque no había murallas-, y de pronto aparecía la verde campiña en la que apacentaban apacibles vaquitas y de los techos de tejas de las casas de barro, salía el humo que los fogones con leña atizaban el café de la mañana fría.
Con ese bagaje emigre a un Colegio señero de la misma ciudad. Era, y es icono académico, arquitectónico y urbano; el ecléctico estilo neoclásico con sus desnudas paredes de ladrillo lo convierten en templo -no en iglesia-; sin ser descomunal, es imponente; sin ser símbolo de poder, lo es del saber; sus escalinatas signos de laberintos reales, conducen a la digna majestad del deber ser. A este Colegio peregrinamos cada 25 años para encontrarnos con los compañeros que añoramos ese pasado. La pasada convocatoria fue nutrida, espontánea, festiva, ceremonial, reflexiva, incluso algunos habíamos llegado con las esposas; pero este acontecimiento quedo ya en el recuerdo. Lo que nos proponíamos ahora, después de los cincuenta años del bachillerato, era un nuevo encuentro. Las preocupaciones inmediatas son las búsquedas, localizaciones, llamadas, anuncios de lo que debíamos celebrar, que debíamos peregrinar de cualquier lugar de la patria, a Cuenca, al santuario de nuestra juventud: el Colegio. La euforia para los que nos enteramos y trazamos el itinerario para estar en la cita, era variada en emociones y deseos.
El encuentro traía sorpresas premonitoras. Algunos ya no estarían jamás, habían muerto, incluso unos, hace pocos días. Otros, aunque lo deseaban hondamente, no pudieron llegar porque algo de su vida se había interrumpido; también, es una conjetura, los habrán habido aquellos que derrumbados por una vejez precoz, no quisieron compartir sus avatares. Tampoco los que asistimos, estábamos rebosantes de salud y de optimismo, de alegría, si; aunque internamente el implacable e inexorable tiempo, estuviera carcomiéndonos la vida. Al fin y al cabo estamos traspasando las herrumbrosas puertas de la vejez, donde los procesos de debilitamiento y deterioro de las células, tejidos, órganos, emociones, sentimientos, terminaran arrasándonos como un vendaval. En realidad, estuvimos pocos, pero nos encargamos con las anécdotas y los recuerdos, traerlos a todos al convite, incluidos los maestros con su respectiva “chapa”, lo que provoco que el recinto se abarrotara de fantasmas.
El maestro de ceremonias, sin nombramiento, de protocolo, de recepción e identificación de los personajes, fue Juan Méndez, exitoso militar de carrera, ahora retirado; fiel compañero, gran amigo, buen conversador, alegre y hasta cantante; junto a Mario Peñaherrera, abogado de profesión, también empedernido músico guitarrero le pusieron sonido y compás a la tarde. En el pasado fueron integrantes del dúo dinámico -en aquellos tiempos no habían parido aun a Batman ni Robin-; el Bombolo y el Zorro, verdaderos azotes de los maestros, de los compañeros, del vecindario y de todo aquel que caía en sus pillerías. La mañana, la tarde y parte de la noche se agoto entre remembranzas, cachos, consejos, música y copas. Íbamos quedando cada vez menos, la noche y los tragos hacían sus efectos, se renovaban las promesas de vernos nuevamente, el Colegio cumple 150 años de fundación en tres años, eran deseos, promesas nada más. Creo que no habrá convocatorias para otros 25 años, porque la mayoría, para esa época, ya estaremos convirtiéndonos en partículas de la misma materia que están compuestas las estrellas. Sin embargo, alguien o algunos todavía, darán batalla contra la muerte para ese tiempo. Bien por ellos.
Una mirada global del presente-pasado nos muestra como cada uno de nosotros, desde su cosmovisión, sigue construyendo su propia existencia. La búsqueda de sentido a la vida es una constante del hombre de bien. Son las utopías, las que alimentan la esperanza y fortalecen la perseverancia, “el que tiene -dice Nietzsche- porque vivir, puede soportar casi cualquier como”. Todos los que concurrimos a la cita, y de los que alguna noticia tuvimos, considero, seguimos filosofando; es decir, cada vez con más preguntas que respuestas obtenidas de nuestras propias existencias; lo cual hace que la búsqueda se vuelva mas incesante. Y como dijo Mario, –El Zorro- sanos éramos. Buenos ciudadanos, creo que somos. El Colegio y su mundo tallo en nuestras consciencias la dialéctica de la lógica –la razón-, de la ética –el bien- y de la estética, el placer de lo bello. Con esos principios seguimos caminando por la vida.

sábado, 12 de junio de 2010

LOS VELATORIOS

Vicente Vargas Ludeña                                                                                                                           
Las cotidianidades programadas por la vida, no por los individuos, tampoco por las voluntades –algunos le llaman destino-; intempestivamente nos convocan con requisitos inexorables, urgentes e inaplazables a cumplir con los rituales de la angustia existencial, que nos arrastra cual filamentos ferrosos magnetizados hacia el centro gravitacional de lo fue el sueño: la vida; y ahora es la muerte, como su contrario eternamente indescifrable. Como fin de alguien, de cualquiera que se lleva de esta vida extensiones moleculares, atómicas, genéticas…; y especialmente se lleva afectos y sentimientos que aprendió a dar y recibir; y que también recibió de los que desaparecieron antes y estos de los anteriores y así hasta el comienzo de los siglos.
La peregrinación hacia el catafalco del ser íntimo, que yace nada mas como materia y que se levanta en cualquier lugar de la geografía; nos llena de incógnitas, sin que sean importantes en ese momento, la maldita pregunta del origen de la vida, ni de nuestra factura. Las generaciones que se identifican, se ven involucradas en la perplejidad de esos momentos tristes y son atraídas a ese ritual de la muerte; estas perplejidades nos mueven, nos empujan, nos paralizan, nos alientan, pero, también nos silencian. Tener un nombre, un apellido es norma parental para poblar la tierra. Cada quien lleva el suyo, pero casi siempre desconoce, o lo sabe a medias, de donde procede su estirpe -a veces tampoco es indispensable para transitar los caminos de la vida- pero los que aspiran a darle una explicación a su vida, la angustia los atrapa.
En esos conclaves familiares organizados con urgencias por la muerte, iluminados y entibiados por los cirios derritiéndose, aparecen las ramificaciones de frondosos árboles que espontáneamente han fructificado; hasta los últimos retoños, que seguirán extendiéndose, para que luego, estos también, vuelvan hacerse algún día, la misma pregunta ¿Quiénes eran, y de donde vinieron, mis ancestros?

miércoles, 9 de junio de 2010

UNA VIDA

Vicente Vargas Ludeña
Gabriel García Márquez, en una conversación alusiva a su futura biografía, frente al escritor Gerald Martin, quien sería el que la lleve a cabo, dijo: “Bueno, supongo que todo escritor que se respete debería tener un biógrafo ingles”. Y, G. Martin es ingles. El mismo, que lo anduvo persiguiendo diecisiete años como perro sabueso, para descubrir y divulgar los más íntimos secretos del autor de “Cien años de soledad”; dentro de lo que el karma del perseguido podría despedir. G. Martin, termina escribiendo la biografía, no autorizada, pero si tolerada, según el propio García Márquez. Sin embargo, mas tarde expresa, que él será, lo que Martin diga al final del día.
La obra de setecientas once paginas, se llama “Una vida”. Debo confesar que pocas lecturas me atrapan con esos garfios que se hunden en el placer y el disfrute de principio a fin; al cabo de lo cual se sueltan, entonces uno reacciona, pensando y masculla ¡Que bien…carajo! Una vida así, debe ser vivida con toda la intensidad, energía, y sobre todo, con la creatividad que solo, este ya mítico, Araqueteño-colombiano, pudo vivirla - aunque todavía se bate a duelo con la desmemoria-.
El biógrafo teje una retícula modular, que se convierte en un prisma caleidoscópico; y ofrece al lector diferentes percepciones y sensaciones; pero los colores que asoman son hologramas de una sola vida: su complejo árbol genealógico, como compleja fue la estirpe del coronel Aureliano Buendía; la insignificancia del pueblo donde nació, Aracataca, como insignificante fue el origen de Macondo; la dignidad guerrera del abuelo, Nicolás Márquez, como la empecinada e inclaudicable fue la vida del coronel Aureliano Buendía; la laboriosidad de enjambre de Tranquilina y Luisa Santiaga, abuela y madre respectivamente, y la longevidad de esta que muere a los 97 años de edad; son remedadas en “Cien años de soledad”, con Ursula Iguaran y su progenie, todos, habitantes de casonas pobladas por seres vivos y fantasmas, llenas de desasiego y hastío. Nada en la vida del gran Gabo narrada por Martin, esta suelto. Todo esta dibujado en un solo mapa ontológico: el soñador, el creador, el idealista, el comprometido políticamente, y fundamentalmente el fabulador, narrador de ficciones preñadas de presagios, reflejos de fuerzas telúricas mágicas y hechizadas de esta América mestiza. Hechizos que jamás lo abandonarían, ni en la cumbre más alta de la racionalidad que la civilización occidental ha creado: el reconocimiento universal al pensamiento, el Premio Nóbel. En la rigurosidad del protocolo, cuando caminaba ceremonialmente en un auditórium encandilado por las luces, la majestad y la pompa del acto, se acercaba al Rey de Suecia para recibir de sus manos la presea mas codiciada que escritor alguno pueda soñar: el Premio Nóbel de Literatura, dijo a sus amigos que lo acompañaban: “mierda, parece que estoy asistiendo a mi propio entierro”.
Seguir hablando de García Márquez en la postmodernidad puede resultar fuera de la onda beat. Pero, ¡Acaso no seguimos leyendo El Quijote e incluyéndolo en el lenguaje cotidiano, escrito hace 405 años! Estoy convencido que igual que a Cervantes, se seguirá leyendo Cien años de soledad y toda la fantasía creada por Gabriel García Márquez: hasta el regreso del Cometa, para robarle la hipérbole y la desmesura.

viernes, 4 de junio de 2010

LA DERROTA DE MOCKUS


Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                                                                 
Todos los países de América Latina están condenados por la incertidumbre, ninguno tiene una ruta franca por donde llegar a una meta de desarrollo y progreso; Brasil se encopeta entre las diez economías del planeta, sin embargo, también, eso es relativo. Pero, el país que está marcado por el destino fatal de la sangre y la violencia: es Colombia. El disfrazado antagonismo ideológico entre liberales y conservadores, es el motor principal para el posicionamiento de las elites en el poder desde los tiempos del Coronel Aureliano Buendía, para ser macondianos. Ningún país de esta vecindad hemisférica ha sido gobernado por una clase social, que no hayan sido las oligarquías nacionales; y Colombia es, con preeminencia, el país mas recalcitrantemente conservador y reaccionario; aunque en sus entrañas este poblado de insurgencia de desconsuelo y soledad. He ahí, la interminable lista de fuerzas rebeldes y grupos fuera de la ley que en nombre de una reivindicación social unos, y delincuencial los otros se sacian de las sobras que logran rapiñar al stablishement social, político y económico.
La derrota de Antanas Mockus se inscribe en los lineamientos señalados anteriormente puede ponderarse varias hipótesis sobre la mesa para que explique someramente los resultados de la reciente elección Presidencial en Colombia. La primera, sería el carácter ultra conservador de esa sociedad que se apuntaron por el candidato Santos, quién les a garantizado mantener los privilegios, a esa gran burguesía, a sangre y fuego. También seguirán beneficiándose en esa estructura política montada por Uribe, la narco-violencia y todas las formas delictivas del Estado hasta ahora comprobadas. La segunda conjetura de esa abismal diferencia de votos, entre Santos y Mockus sería el gran poder de organización desde el Estado de la campaña electoral y toda la parafernalia de prácticas licitas e ilícitas que pudieron haber usado los sucesores de Uribe, para alcanzar cubrir todo el territorio nacional. Y, por último lo insólito y los mas técnicamente montado para legitimar un proceso que le falló al predestinado de la historia colombiana, llamado Álvaro Uribe; apenas se inicia la designación de los candidatos, Santos reinaba solitario en ese universo electoral; aparece Mockus y todo se trastoca, las empresas encuestadoras y los aurúspices como yo, ubicamos en el firmamento estelar de los candidatos a Mockus, como el triunfante de la primera y segunda vuelta electoral. Que yo me haya equivocado es justificable, al fin y al cabo partía de presupuestos pre-existente en América Latina y en los mismos Estados Unido con el triunfo de Obama al cual me había anticipado a ese triunfo. Pero lo inexplicable aquí y lo sospechoso, es como unificaron en concierto los poderes mediáticos y los poderes facticos, para deformar y corromper las matemáticas de las grandes empresas encuestadoras; exhibiéndose ellas, como siempre lo han hecho, como portadoras del pensamiento y resultado único. Además se debe señalar, que Santos frente a los titulares diarios que la gran prensa exhibía sin pudor encuestas chimbas, adopta una postura y estrategias diferentes en la campaña y se vuelve más agresivo, más falso… más infame para su contrincante; y recurre a la contratación de un experto venezolano en campañas electorales canallas; esto contribuyo al debilitamiento de Mockus, e hizo cambiar el espectro electoral.
Que Colombia es una sociedad compleja y desconcertante, no cabe la menor duda. Lo sucedido en esta campaña electoral y el triunfo del candidato Manuel Santos predice lo que le espera esa nación y a sus vecinos. La dupleta Uribe- Santos convirtió a Colombia en el Portaviones militar de los Estados Unidos para futuras agresiones de toda índole, en el Caribe y América del Sur.

miércoles, 2 de junio de 2010

UNA LECTURA DE “RÍO DE SOMBRAS”


Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                                                                  
Difícil misión a mi encargada: venir a exponer la lectura de una novela, que, como siempre me ha sucedido: el placer a esa afición ha sido íntima y solitaria. El problema planteado aquí, también, es mi carácter pagano en estos rituales literarios y la presencia de un intruso en estos cenáculos. Existen otras circunstancia aleatorias en este dilema, que mi amigo Jorge Velasco Mackenzie me involucra; no soy miembro de esta cofradía sacerdotal de alquimistas, que transforman la realidad con la palabra, no poseo, como dice Vargas Llosa, “los demonios” necesarios que debe tener todo escritor, y que por lo visto a Velasco le sobran.
Hay más dificultades para mí en ésta tarea: bajar desde el disco duro, -para hablar en lenguaje digital- enriquecida con ésta lectura, emociones y sensaciones estéticas creadas en mí, por el mundo ilusorio y fantástico de tantos demonios que habitan en “Río de Sombras”. Despojarme de esas entelequias que se impregnan en el alma y que rielan en ella hasta que el tiempo las desvanece; me parece el proceso inverso que el escritor realiza.
El acto de hoy, como todos los que tienen que ver en el arte, tiene un fin esencial –independiente de otros, que también existen- el disfrute, el goce del espíritu que se agita rápidamente; ahora con esta novela, mas luego con una poesía, o una pintura de ayer. Nadie podrá encontrar nada útil y práctico en esto. Un pragmático inquisidor preguntaba para qué sirve la poesía, de vuelta se contestaba: para nada. Sin embargo eternamente se ha hecho, se hace y se hará poesía; eternamente también, mientras exista lo humano en el ser. Nuestras cualidades ontológicas –metafísicas para Aristóteles- en el mundo racional que debemos armarnos (lógico), el mundo vital en que la muerte no es la razón, (ético) y el mundo del placer, la alegría y la felicidad (estética) son nuestras humanas condiciones, nuestras humanas certezas. Al fin y al cabo todos nacemos poetas “lo de poeta y loco” del saber popular, resume verdad.
Parafraseando a Savater sobre su empecinada e innata necesidad de filosofar sobre la vida -sobre la muerte se encarga las religiones- la cualidad poética que llevamos desde los primeros años, poco a poco las circunstancias, los maestros y las urgencias nos van convirtiendo en gente de provecho. Por lo menos a mí me pasó, por eso, en arquitecto debí convertirme, sobre todo por las urgencias.
Entonces ya vamos definiendo el perfil de lo útil y lo práctico, tanto de este ritual, como la tarea de escribir literatura; pero debemos señalar algo mas: ésta tarea a más de inútil es peligrosa, el escritor proporciona a la sociedad una conciencia inquieta, que si es persistente e inquisidora entraña un potencial destructivo. Es por eso que las clases dirigentes a veces pensionan y fiscalizan a la vez, esa amenaza. Pero esto, es otra cosa, la obra de Jorge Velasco Mackenzie no adquiere, todavía, la categoría de amenaza para las élites, aunque sin inquieta a los teóricos.
Con estos prolegómenos, que me sirven para asustar al miedo y mientras se apoderen de mí, también, algunos demonios; de una ves les diré, que diablos pasó con la lectura de Río de Sombras.
Volcarse en la lectura de la narración de la obra que hoy, nos ocupa, sin llevar en la espalda la sombra del autor, no es fácil. Aceptar al ó los narradores con toda su autonomía que exige la correcta lectura, no resulta llevadero. Conociéndonos tanto con Jorge en diluviales naufragios etílicos allá en la cordillera, donde nacen riachuelos afluentes del gran Río, como no lo voy a confundir con Basilio y su trópico seco. A Dalton Osormo con el ciego Moran y yo mismo con Hermenegildo. Para alegría no somos aquellos, acaso sus sombras, Dalton me dará la razón. Me ha costado mucho aceptar al narrador omnisciente y ambiguo que ha diseñado Velasco en esta compleja arquitectura literaria, que los entendidos la llama la estructura de la novela.
“La ficción no es la vida vivida -dice Vargas Llosa- sino otra vida fantaseada con los materiales que aquella suministra y sin la cual la vida verdadera sería más sórdida y pobre de lo que es”; ésta, la ficción, es el suelo donde cimenta y levanta ésta laberíntica edificación, Río de Sombras, de varios niveles y construida de varias sustancias: el agua, la tierra, el manglar y la sombra etérea; habitados por seres nihilistas, esperpénticos, estragados por la incertidumbre; la misma que, adquiere razón práctica en la existencia de estas criaturas, que esperan su irremediable destino fatal: ser devorados por la sombra.
Los objetos y la ciudad adquieren en la novela, dimensiones caleidoscópicas, ensoñadoras, impregnadas para siempre en la memoria, gracias a la ficción, confeccionada con todos los remiendos de la “vida vivida”. Aquí debemos incorporar la nuestra, porque se trata de la ciudad que habitamos. Esta misma esquina que nos encontramos hoy es parte de la ciudad que Velasco Mackenzie se endemonió reconstruir en Río de Sombras.
Reflexionemos un momento: ¿como encontrar las poéticas ensoñaciones en una ciudad, descrita turísticamente, es decir como reflejo de una fría realidad, enumerando un listado de sitios de “interés”?; será rica y agradable para algunos, en la mayoría despistados y sosos. Si es el lugar de trabajo, cuando esta lo “hizo Dios como castigo” -como dice el son-, qué sensación y placer puede despertar?. Peor, cuando subyacen bajo el oropel, miles de seres buscando un mendrugo en los basurales, desde nacen las formas de la abyección y marginalidad. Todo eso es real y patético, pero no es la ciudad que debemos soñar; los ensueños que nuestra cotidianidad urbana cimenta en la conciencia, son el producto de esa realidad, hasta hostil a veces, más la fantasía que alimentan las utopías; somos hilachas de las urdimbres que la ciudad teje en las redes urbanas y como en las polis cual fragua se templa el zoom político, el filosofo, el sabio, el héroe, también los antihéroes, el placer y la tragedia; materiales necesarios para construir una vida. Todos los nombres que se reconocen en el Río de Sombras, son hijos de la ficción, pero también pueden ser hijos de esta realidad temporal.
La historia de la ciudad del sur que narra el ciego Morán, es la ciudad –puerto impregnada de aventura y señorío, rescoldo de pólvora dejada por bucaneros, de riqueza y asombro por todos lo que venían de allende los mares; desde el barco mismo, que por su colosal tamaño desafiante, su fugaz y enhieste figura, hundido en la mitad del río, el ronco, pero potente llamado a los suyos que en las noche gemía, era señal urgente que mañana ya no estaba. Todo eso constituía: pujanza, novedad, perplejidad, urgencia, abolengo, sudor, esperanza, atracción; a los suyos y visitantes.
La prosapia marinera de la ciudad circulaba en el torrente cultural de sus habitantes ,la nave, el barco, la lancha, la panga, la piragua, el vapor, la canoa, son significantes de una forma y hasta un estilo de vida. El constructor urbano, el arquitecto, antes que aquello, eran armadores de barcos; el arquitecto que ocasionalmente llegó por estas riveras, solo trabajaba con barro y piedra, y este material, era lo que menos había. Por lo tanto, el barco es resultado de la nobleza de la madera, aquella expresión formal del material y la expresión final de la forma, adquiría dimensión canónica en la construcción de edificios de la ciudad. El constructor era un “carpintero de ribera” él y solo él sabía sacarle a la madera sus cualidades físicas y estéticas. Esta impronta marinera es la génesis y el telos, el alfa y omega, de estaos rezagos de generaciones en Río de Sombras. Regresar al mar, venir del mar, navegar el golfo, bogar por el río de norte a sur –de sur a norte por los meandros que forman las islas, cuyas islas están pobladas por aves y todas las formas de vida que alimentan el manglar. Retornar al manglar, a buscar fantasmas por encargo de Lavinia; construyendo catedrales, y falansterios, laberintos de pesadillas en las raíces del mangle, en las nervaduras góticas de este enmarañado ramaje, es precisamente esa conciencia fantasmal que se preñan los que medran en la soledad y vastedad del mar. Ahora mismo, regresó un hijo mío de sus prolongados periplos marinos, claro que, no es capitán ni marinero, sus afanes técnicos lo tienen hasta 60 días en el mar, 15 días en tierra; en el medio blando, el aislamiento y la soledad los obliga a alimentarse del mito, y sus relatos me han sacado momentáneamente de mi asiento firme y mi referente urbanos.
“Barcos carboneros que jamás han de zarpar. /Torvo cementerio de las naves que al morir piensan que otros mundos ya jamás han de partir”.
Rasga la letra del tango lastimero que llora la pena de cascarones moribundos, llenos de nada, cargadas sus bodegas de repleto silencio, arropados por la sombra del olvido, naves cancerosas de herrumbre, naufragando en los recuerdos de sus torvas travesías, chapaleando la quilla sobre espumosas olas y desafiando ciclones, polifemos y sirenas, para cual Ulises, regresar a casa. La imagen del barco naufragado en la orilla, escorado en la arena, es el drama de enormes reminiscencias, es la representación trágica del poder y la nada. Escenario patético de toda ciudad porteña. ¿Serán acaso íconos y símbolos de Guayaquil que no retornaran? ¿Serán las ultimas reminiscencias que Jorge Velasco Mackenzie nos ofrece, para después de esto, voltear la página y cerrar el libro?. A lo mejor es un camino par reinventar la ciudad, lo dicen sus narradores, hasta juegan en un tablero como dominó quitando y poniendo piezas trozos de ciudad de acuerdo a su real entender y saber. Debemos recordar que la historia tiene cifradas las ciudades que se han agotado, envejecido; sería mejor: que agonizan, que han muerto y desparecido, como la hermosa Troya o la sagrada Teotihuacan. La ciudad es un organismo vivo, no el espacio reticular ajedrezado, tampoco las fajas negras de asfalto –a mayor faja negra mejor güisqui-, ni los amasijos de hormigón armado, la ciudad es eso, mas la multitud secular de sus habitantes y las ficciones; de esto ya hablamos.
“La ciudad –dice Arnold Toynbee- es una agrupación humana cuyos habitantes no pueden producir, dentro de sus limites, todo el alimento que necesitan para subsistir”. Guayaquil se caracterizó por ser intermediaria de si misma y de otros pueblos regionales, su hinterland magnetizó por décadas a todos los pueblos que se satelizaron hasta el presente. Pocos han logrado liberarse de esa atracción gravitatoria. Quevedo sería la ciudad más notable, un poco Milagro, etc. Pero hablemos de la ciudad acorralada por el río, esteros y marismas, como la ciudad amurallada del medioevo, para traspasar esos limites, pasar del caserío a la polis, de esta a la metrópolis, edad donde hoy estamos asentándonos, de aquí a la megalópolis, y lo que nosotros ya jamás viviremos la Ecumenópolis. La historia es el bálsamo del entendimiento que nos ayuda a comprender el lugar que ocupamos, para reforzar sentimientos de identidad y pertenecía indispensable en el ejercicio de la virtud vital y creadora.
La ciudad que encontramos en Río de Sombras, es a no dudarlo núcleo y crisol de identidades, que no tienen urgencias y mas bien una urbe que atraviesa con lentitud la transición que el tardío desarrollo industrial provocó, a un proceso de conurbación que no se detiene ni se detendrá, hasta la conurbe regional, es decir el crecimiento como hongos de las megalópolis que se ven en los países desarrollados hacia la fusión en una Ecumenópolis. Este fenómeno que el urbanismo denomina conurbación, en Río de Sombras adquiere dimensiones macondianas. El ciego Morán, narrador de esta fábula, relata las luchas heroicas de cómo fueron urbanizadas por los propios invasores los guasmales del sur, perteneciente a un poderoso terrateniente Don Juan X; equis, no por anónimo, sino, por décimo, de dinástico. La necesidad, la urgencia de un espacio vital para construir un hogar, despierta a esta masa humana: coraje, tenacidad y talento; el trazado de calle, la lotización de la tierra de cada cual, lo realizan a tanteo de piola y estaca. Para constancia documental, lo estampan como plano regulador en una enorme sabana, como lienzo sagrado de un sueño materializado.
El autor de la novela mueve a sus engendros en una ciudad que se agota en la memoria de los años 50-60. Traza una poligonal y cierra un triángulo equilátero de cuyos lados, uno lo limita y lo define el Río de Sombras, amenazado de ser ahogado por la umbra. Los otros lados de la figura geométrica se encuentran difusos en sus límites.
El cerro al norte, desde donde bajan los recuerdos de sus habitantes, Basilio y sus panas; constituyen un vértice; al sur la cantina y la fonda del Mercado Sur, y el parque de los cien años, son los otros dos vértices de esta figura bidimensional de la ciudad. Cada lugar esta poblado por íconos, que se transforman en hitos y nodos urbanos; son también nuestros referentes en el lenguaje de la ciudad. La torre del reloj como faro del tiempo cronológico y del tiempo histórico, en el malecón. El sátiro y la bacante en el parque, donde sensualidad, erotismo y lascivia, son los estímulos para el comercio de la carne, no de la vacuna precisamente. El parque de los cien años, es otro referente urbano, desde donde llegan y parten, citas y encuentros furtivos; las cuatro puertas son las coordenadas de una estatuaria que se encuentran en la columna central alumbrando libertad; el tráfico de este espacio público es incesante y abrumador. Toda la ciudad, cada día se plaga: de agoreros, santones, hermanitos, bíblicos que anuncian el fin del mundo, energúmenos, rufianes, maricones, putas, cabrones y toda la abyección que van costrificando las calles y plazas públicas. Por supuesto que existe otras costra humana parasitarias y rapaz, en los espacios hiperprivados: clubes, bancos, corporaciones, cámaras, gremios, repugnante y abyecta, también.
La novela que nos ocupa hoy, es una profunda reflexión ontológica, de sus criaturas marcadas por la tragedia; el destino y la fatalidad son frías cadenas que los atrapan y esclavizan; la adversidad, la incertidumbre son coordenadas difusas de estos antihéroes. Si la visión trágica del héroe es la consideración eficaz de la libertad, que no admite fatalismo ni superstición y está mas cerca en la plenitud de su sentido; el ethos de Basilio y sus congéneres carece de libertad están impedidos de hacer lo que quiera, ni de desear lo que quiera. Ser libre no significa obtener lo que se quiera sino determinarse a querer (capacidad de elegir) por si mismo, sostenía Sartré. No ser libre es, no tener opción de elegir, es caer en manos de la suerte y el destino, con la visión trágica del pesimista. El carácter de las criaturas que habitan Río de Sombras, esta en manos del albur, la suerte; y sus vidas: son de principio a fin azarosas. “El héroe –dice Savater- aspira a la perfecta nobleza , es decir que a su deber no se le imponga como una coacción exterior, sino que consiste en la expresión mas vigorosa y eficaz de su propio ser”, (hasta aquí , la cita) Por eso, el esplendor y la tarea del héroe, se aprecia cuando su vida cae vencida, no por el destino aciago, sino por luchar; el héroe es aristócrata y noble porque es portador de la virtud, porque entrega parte de sí, “una joya , un resplandor”, prácticas, que son más fáciles de de comprender de que expresar. Es la que en lenguaje comercial ahora llaman excelencia, pero no es eso, a lo que me refiero. La existencia ontológica de las criaturas de la novela, lleva en sus vidas la impronta de la visión trágica, del antihéroe, de tal manera que, sus vidas como son de sueño, es decir de muerte de la memoria, como aquellas “barcos carboneros ue jamás han de partir”; la desmemoria se encarga de apagarlos como una lánguida vela de cebo.
Velasco, cierra esta visión trágica de la libertad imposible del antihéroe y de la memoria desvanecida. En los últimos minutos del día; basilio, pesca desde el fondo del mar, su propia historia y la ciudad que siempre estuvo buscando a pesar de tenerla a sus pies. En materiales fantasmagóricos, y caligrafías casi dactilares, se reconoce que es él mismo, y que “adelante ésta la ciudad gris en las tierras del sur”; su increíble encuentro lo lleva a dudar una vez más de su existencia y se pregunta “¿A quien le contaré todo esto si no me lo van a creer?” “A nadie”, se respondió a si mismo, “pero no importa, se lo contaré a mis palabras”.
El recorrido sinuoso por las páginas de este libro, que he tratado de entender; no para la razón, pero sí, para la emoción; ha sido un andado lento para llegar: a Apocalipsis que no existen, a seres inmateriales, hechos solo del verbo; a la memoria colectiva que se opone a olvidar, a la ciudad como recuerdo presente y al inagotable mundo de todas las percepciones cognitivas y sensibles de tantas “cosas inútiles”; que nos conmociona al placer de la lectura de un gran escritor, como Jorge Velasco Mackenzie.
Este texto fue la presentación de la novela “Río de sombras”, en la Casa de la Cultura núcleo del Guayas, cuyo autor es Jorge Velasco.