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sábado, 12 de junio de 2010

LOS VELATORIOS

Vicente Vargas Ludeña                                                                                                                           
Las cotidianidades programadas por la vida, no por los individuos, tampoco por las voluntades –algunos le llaman destino-; intempestivamente nos convocan con requisitos inexorables, urgentes e inaplazables a cumplir con los rituales de la angustia existencial, que nos arrastra cual filamentos ferrosos magnetizados hacia el centro gravitacional de lo fue el sueño: la vida; y ahora es la muerte, como su contrario eternamente indescifrable. Como fin de alguien, de cualquiera que se lleva de esta vida extensiones moleculares, atómicas, genéticas…; y especialmente se lleva afectos y sentimientos que aprendió a dar y recibir; y que también recibió de los que desaparecieron antes y estos de los anteriores y así hasta el comienzo de los siglos.
La peregrinación hacia el catafalco del ser íntimo, que yace nada mas como materia y que se levanta en cualquier lugar de la geografía; nos llena de incógnitas, sin que sean importantes en ese momento, la maldita pregunta del origen de la vida, ni de nuestra factura. Las generaciones que se identifican, se ven involucradas en la perplejidad de esos momentos tristes y son atraídas a ese ritual de la muerte; estas perplejidades nos mueven, nos empujan, nos paralizan, nos alientan, pero, también nos silencian. Tener un nombre, un apellido es norma parental para poblar la tierra. Cada quien lleva el suyo, pero casi siempre desconoce, o lo sabe a medias, de donde procede su estirpe -a veces tampoco es indispensable para transitar los caminos de la vida- pero los que aspiran a darle una explicación a su vida, la angustia los atrapa.
En esos conclaves familiares organizados con urgencias por la muerte, iluminados y entibiados por los cirios derritiéndose, aparecen las ramificaciones de frondosos árboles que espontáneamente han fructificado; hasta los últimos retoños, que seguirán extendiéndose, para que luego, estos también, vuelvan hacerse algún día, la misma pregunta ¿Quiénes eran, y de donde vinieron, mis ancestros?

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