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jueves, 10 de diciembre de 2009

EL IDIOTA DE LA FAMILIA

ARQ. VICENTE VARGAS LUDEÑA.                                                                                                                       
Septiembre de 2009
No es el Idiota genial que martirizó durante diez años, a Jean-Paúl Sastre y al que dedicó, mas de mil páginas, para descifrar el desconcertante ascenso intelectual y creador de Gustav Flaufert, desde la niñez, hasta la cúspide de su deslumbrante obra literaria: tallada en la inmortal novela: “Madame Bobary”. Tampoco estamos hablando de tres idiotas hispanoamericanos: Vargas Llosa, Apuleyo Mendoza y el tal Montaner, que escribieron la obra más idiota sobre las izquierdas latinoamericanas; ni del Idiota de Dostoievsky. Entonces, no hablaremos de ningún idiota de las letras. Lo haremos sobre el idiota pedestre que abunda en las calles de cualquier ciudad; y que tiene todo el derecho a vivir su peregrina existencia, provocando el menor espanto entre los que lo rodean; pero que no lo tiene, cuando su presencia se encuentra en las entrañas del poder y es miembro de la familia del Presidente.
En la historia de la humanidad, los idiotas y la idiotez han plagado y atormentado a las familias, a la sociedad y principalmente al poder. El poder político ha sido el más perjudicado por estos minusvalidos mentales. La monarquía española del siglo XVI, estaba signada por una estirpe de idiotas; que según especialistas en genética, era un proceso de degeneración cromosómica; producto de relaciones incestuosas y parentales; cuyos descendientes debían asumir el trono por mandato humano-divino.
Es decir, el idiota y la idiotez es lo mas pernicioso cuando tiene una expresión pública y mas aún, como ya se dijo, en el juego del poder. Pero también existe un síndrome, igualmente catastrófico y perverso que riela en la misma ciénaga, en el mismo charco de la mediocridad; cuando en el manejo de la cosa pública, intervienen, no solo el idiota de la familia, sino la cohorte parental: hermanos, tíos, sobrinos, cuñados, musas, mozas; y hasta la abuela Panchita. La teoría es simple. En una familia normal, la composición, la complexión intelectual y moral es variada. Exitosos, mediocres y fracasados. Hábiles artesanos, profesionales distinguidos, brillantes intelectuales, lúcidos lideres, guerreros; y porqué no, héroes. Siempre habrán fuertes y débiles; existirá una matizada composición familiar: Así ha sido la especie humana desde las eras geológicas: heterogénea, inscrita en la selección natural. Esta claro que, todos los miembros de una familia, no todos son lucidos y brillantes, ni todos son idiotas; salvo la excepción monárquica degenerativa, señalada anteriormente. Entonces, la familia para bien o para mal, cargará sobre su cotidianidad de la vida, el estigma del idiota; unas lo llevan y soportan con mucho amor; otras los marginan. No así, cuando el idiota es heredero de una fortuna o de un trono. Eso es; aquí nos interesa el idiota en las estructuras del poder y en el ejercicio del mismo.
Pero como se dijo anteriormente, las prolíficas relaciones de parentesco en la vida de las Instituciones públicas, es el reverso de la misma moneda en la penumbrosa mediocridad. Moneda de amplia y libre circulación en esta realidad ecuatoriana, de dudosa calidad ética y eficacia institucional (y porque de una vez no decirlo, perversa práctica). La presencia de extensas e intensas redes familiares en el seno de organismos públicos, no hacen sino prostituirlos. Se equivocan aquellos que creen que con esa trouppe parental aceran las fidelidades y las lealtades. Lo que evidencia esas prácticas, es la mediocracia como pandemia institucional; y los famosos parientes se convierten en tristes “ganapanes”. El vergonzoso Gobierno de Lucio Gutiérrez fue la cúspide de esa pandemia de la mediocridad familiar. Con este sujeto se cumple la teoría a plenitud. Todo era gris, nada era transparente, todo estaba enredado en urdimbres familiares; distribuyendo y ejerciendo el poder como en abacería. El cuñado Villa, se convirtió en símbolo paradigmático de esa costumbre ruin. En la actualidad, aparece en este el gobierno un pariente idiota de una avilantez gansteril digna de los grandes capos. Omnipotente, omnisciente, ubicuo y de gran solvencia testicular.
El idiota de la familia en el actual Gobierno, resultó ser el hermano del mandatario. Según su propia idiota percepción, se cree y califica, lo suficiente y brillantemente listo. Pero en realidad es un pequeño roedor, enloquecido por los potajes que lo abruman en la despensa; y, víctima futura a la vez, de las garras de los buitres que lo rodean. Terminara tragado en los agujeros negros que la prensa y sus áulicos le han tendido; al no haber comprendido, jamás, el papel del hermano liderando un proyecto político nacional. No asimiló que la sociedad Ecuatoriana, insistentemente ha consagrado su fe y sus sueños en un cambio transformador de las realidades que lo atan al ominoso pasado. Eso es solo comprensible en un idiota, a pesar que debe haber compartido con los gestores honrados, que si los hay, de una revolución que se soñaba en los inicios del proceso, y que se vive actualmente. Es el moderno Caín, no usa la mandíbula del burro para matar a su hermano y para saciar sus apetitos materiales; recurre a la traición de unos ideales éticos que el pueblo le encarga al Abel ecuatoriano. El interés, del Caín ecuatoriano, que fracase el sueño de cambio político, será la muerte moral del hermano. Su proyecto comercial codicioso, lo antepone a una multitud que busca cambios; desprecia e ironiza la credulidad de los demás en la propuesta política que los otros creen y confían. Se considera listo y burgués; aquello no están mal, cualquier puede sentir, creer, o necesitar esas cualidades para sobrevivir en la selva mercantil y en la puja del escalafón social. Para lograr aquello, antes, ahora y mañana -siempre será así- aquello se logra, transparentemente, opacamente y por supuesto casi en la mayoría de casos, en las urdimbres de redes mafiosas.
De tal manera que, reclamar para sí esos éxitos, sencillamente es de una idiotez magnificente. El Presidente ha explicado con bastante acierto, lo penoso que resulta asimilar esa granujada por parte de El, de la ciudadanía y de los seguidores del proyecto político. Pero no es lo suficientemente acertado, que el insecto haya estado revoloteando la llama y no haya sido detectado. Su quemazón, es candela que puede incendiar el Palacio.
El Presidente se ufanaba de la asepsia familiar en su gobierno; sin embargo no estaba esterilizado de esa epidemia. La presencia constante y participación electoral de su hermana en el Guayas, es otro escabroso y desagradable capitulo, de lo que mencioné antes. En una familia, no todos tienen el mismo talante ni talento, tampoco es obligación su presencia en ejercicio del poder político. Si acaso llegaron a comprender la responsabilidad de la práctica política, existen varias formas de acciones, que producirán satisfacciones íntimas y hasta sociales, digo yo, si están negadas de intereses y cálculos personales.
Por otro lado, los hermanos coraje no caen en la cuenta, que sus vidas, antes del antes, estaban signadas por la diseñada rutina de sus existencias. El idiota, tenía la profesión de Ing. mecánico; ese universo no lo satisfizo, soñó con ser un hombre rico. El país tiene demasiadas limitaciones industriales para desarrollar megaestructuras todos los días; aquí no calzaba. Entonces el personaje de nuestro cuento emigró con su astucia mercantil donde se invierte grandes recursos; consecuentemente existe mayor rédito, ganancias legitimas, por supuesto. Las obras civiles de infraestructura siempre habrán; para contratar, no es preciso ser un PHD. Un cadenero de topógrafo, ascendió a contratista de carreteras y luego a magnate de los medios, su nombre era: Antonio Granda Centeno.
Todos los argumentos de su derecho y libertad para trabajar y contratar en la obra pública del Estado son deleznables. ¿Por qué en el pasado sus montos de contratación no alcanzaban los dígitos actuales? ¿Cuánto tiempo le tomó montar esas estructuras empresariales y contratar con fluidez todo lo imaginable que el Estado ofertaba? El monto total de los contratos es abrumador, es el precio de una megaestructura, aquí o en cualquier parte. Este pobre hombre, idiota, intentaba convertirse en modelo del empresario a la ecuatoriana, en un poderoso jeque del dinero, prestidigitador de los tinglados del poder y en totémica figura de la riqueza, mimetizado en gaseosas neblinas ideológicas.
Las mismas razones le brotan a la hermana para su participación política electoral: derecho, libertad, participación, entrega para los demás; y otras monsergas. Nadie puede dudar de aquello. Deberán ser verdad. Pero, aquí surgen igualmente preguntas, mas que respuestas. Independiente de su acervo, su instinto de animal político; ¿Dónde se encontraba? ¿Qué proyecto, propuesta, postura ideológica tenía antes? Porque, con los hermanos del presidente hay un antes y un después muy definido, muy claro; no pueden engañar. “Antes de mi no hay antes”, dice por ahí una canción. Aquí, en cambio; después de mi, hay mucho después.
Solo las monarquías son estructuras familiares apoderadas del gobierno y soportadas por los pueblos. Sus virtudes que son escasas, se reflejan en el misticismo que le imprimen a sus prácticas para ocultar sus aberraciones. No puede ser de otra manera, son seres repletos de gula, nada ni nadie les pone limite a sus deseos y desenfrenos. Claro, siempre hay excepciones. En la democracia, y mas aún en la posmodernidad, esas practicas familiares, ni en los negocios; peor en el ejerció del poder político. La familia es importante pero debe tener, condición sine qua non, un rol claramente definido, transparente y fundamentalmente patriota, en un proceso de cambio como el que se aspira y construye con la revolución ciudadana. De lo contrario, a elegir: cada botón a su camisa.

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