Arq.Vicente Vargas Ludeña
INTRODUCCIÓN
La sin par empresa del ser humano por explicar los fenómenos, que independientes de su intervención suceden a su alrededor; o los que manifiestamente manipula y transforma, son sometidos a la exégesis del conocimiento, de causa y efecto. Esto, a su vez, son la causa primera de otras y nuevas formas de conocimientos de los fenómenos que naturaleza y artificio van produciendo en la condición humana y la civilización.
El mundo actual nos abruma inexorablemente; contradictoriamente nos uniformiza, en tenaz lucha por individualizarnos. “El ser íntimo está confundido, es indistinto y múltiple”, independiente donde se encuentre al momento; puede ser en el corazón de África, en las coralinas islas del Pacífico Sur, en las cumbres andinas o himalayas, o en las antípodas polares. En todas partes está atrapado por la causa primordial que lo hace humano. “El lenguaje interviene como un poder destinado a expropiarnos de nosotros mismos para ponernos en la línea de aquellos que nos rodean, para modelarnos a la medida común a todos. Nos define y perfecciona, no termina y determina…El uso del habla es una de las causas esenciales de una conciencia infeliz, y es mucho más importante porque no podemos estar sin ella”. Maldición y bendición a la vez. Gracias a la lengua fue posible determinar una serie de “estructuras” que rigen y organizan otros “sistemas”; en el desarrollo impetuoso de la humanidad y la civilización. La guerra de las civilizaciones de Huntington, solo existen en el gabinete del Pentágono, para justificar el carácter imperial de las vanguardias del poder total. La civilización de hoy es una sola: bosquimanos, los huaoran, Silicon Valley son matices, de la gran divinidad jupiteriana que nos envuelve, nos rodea a veces sin tocarnos. Ese Júpiter, como el poder y la ubicuidad de todos los dioses, es el mundo global de la información y las nuevas tecnologías; cuya esencia es cundir todos los intersticios de la vida, la producción, el consumo, el conocimiento, la cultura, etc y el tema que nos hemos propuesto descifrar: la arquitectura y la postmodernidad.
Las teorías de la arquitectura siempre estuvieron sometidas a al historiografía vitruviana, a la historia del arte; además la arquitectura misma, se la estudiaba en alguna época en las Escuelas de Bellas Artes; lo que la hacía depender de otros campos del conocimiento para explicar su objeto. El lenguaje, como se señala anteriormente, permite la comprensión de los complejos sistemas que estructuran la cultura en general y la comunicación en particular. Este camino desarrollado por el estructuralismo nos ayuda internarnos en los dédalos de la globalización, para desembocar en el espacio arquitectónico. La entusiasta obra de Marshall McLuhan, escrita en la década del setenta del siglo pasado, nos entusiasma aquí también, y por la percepción particular que McLuhan le otorga al espacio visual y el espacio acústico; en el nuestro para desentrañar si existen otras formas de percepción y valoración del fenómeno arquitectónico. La holidad de los acontecimientos y las cosas era el ingrediente estructuralista que le faltaba a la arquitectura para tener casillero propio en el universo del conocimiento.
La categoría espacio, es una unidad de un discurso epistemológico; el espacio es un vacío donde se encuentran todas las cosas que existen y sirven de contenedor de ellas: el espacio cósmico inter e intra galáctico, el espacio planetario conocido, nuestro lugar natal: La Aldea Global, hasta el espacio tridimensional que logramos percibir primero y construir después, se convierte en arquitectura. El primer rango viene desde la categoría del espacio-tiempo Newtoniano, multidimencional, hasta el espacio Euclidiano habitual, aprehendido por la geometría elemental; es el que nos interesa reflexionar en este trabajo; pero en el contexto perceptivo y construido en las nuevas tecnologías. La creación arquitectónica debe procurar una ordenación de los detalles en el mundo físico con el objeto de producir experiencias de percepción. La reflexión que aquí nos preocupa es eso; la percepción del fenómeno arquitectónico (espacios-formas) en la nueva dimensión que está generando el universo y la conciencia digital.
En el reino animal, la evolución de todas las formas de vida finalmente triunfa. Después de largos y dialécticos procesos de adaptación, selección y supremacía, la especialidad de los sentidos desarrollados capaces de otorgar a la especie el dominio de su hábitat y por supuesto le garantizar su medio de vida en la cadena alimentaría: de cazador y presa. Es así, como determinadas especies desarrollan, un mundo perceptual, fincado en los sentidos de alta calidad física o química, gracias a los cuales pueden sobrevivir, reproducirse y mantener con éxito a sus congeneres. Unos desarrollan la percepción del espacio, las formas, los colores, los sonidos con mayor especialidad que otros. La variedad de murciélagos, por ejemplo: para unos el sonar es su refinada máquina para percibir el espacio; otros, la grandeza de su visión; hay unos que el único sentido que le otorga una larga vida, es el acústico, para eso la evolución le dotó de unos enormes pabellones en las orejas y una compleja estructura en el oído interno. Es capaz de escuchar el aleteo de una mariposa a distancia considerable, e incapaz de percibirla visualmente a escasos centímetros, si la frágil mariposa también condicionada en ese competitivo mundo de posesión de armas de destrucción, no se le ocurre mover un solo miembro que provoque “ruido”. En cada medio ambiente, más especies alcanzan un alto nivel de evolución. En el mar existe una máquina inigualable que ha evolucionado perfeccionando toda su naturaleza. El cuerpo: un diseño geométrico de enorme capacidad dinámica, recubierto de una piel que evita la turbulencia en su desplazamiento; la capacidad sensorial de altísima definición; la vista, el olfato, acompañada de ondas eléctricas que le permite detectar la presa. Es el tiburón terror de los mares, máquina que deviene en miles de años de cambios. La especie que tiene un cuerpo avanzadamente evolucionado, tiene una alta capacidad sensorial del espacio que lo rodea, creando en el su habitad que le otorga “el pan de cada día”; de esa manera garantiza la perennización de su especie. La especie humana ha evolucionado paralelamente con todas las demás formas de vida. Conocemos la serie de limitaciones físicas y sensoriales que lo ponen en desventaja competitiva. Pero, claro está, existe una diferencia cualitativa que ha ido desarrollándose, la inteligencia, hasta ahora mismo no saber donde desembocará. Este solo hecho hace que el dominio del espacio vaya desde su solar nativo hasta el espacio cósmico que pugna por dominar.
Finalmente para ir desbrozando el camino. Una obra, sobre teorías de arquitectura, escrita en la década de los años cincuenta del siglo pasado, se atreve a refundirse en especulaciones que presienten que el hecho arquitectónico es más que “una máquina para vivir”, como diría Le Corbusier; o una historia de los estilos. Se trata de “Los Medios de Expresión de la Arquitectura”, escrita por el arquitecto sueco Sven Hesselgren; aunque sus fundamentos son sicologistas; la virtud radica en el holismo del tratamiento del tema, apoyado en una teoría muy en apogeo de ese entonces, como la “gestalt sicológica”. La psicología de la Gestalt, corresponde a la escuela de psicología que se dedicó principalmente al estudio de la percepción. Frente al asociacionismo imperante, la escuela de la Gestalt postulaba que las imágenes son percibidas en su totalidad, como forma o configuración (del alemán, Gestalt), y no como mera suma de sus partes constitutivas. En las configuraciones perceptivas así consideradas, el contexto juega además un papel esencial. Los estímulos se reciben primero aislados, como ‘sensaciones’ que después se organizan en imágenes perceptivas más complejas. Los psicólogos gestaltistas descubrieron que la percepción es influida por el contexto y la configuración de los elementos percibidos; las partes derivan de su naturaleza y su sentido global (holismo), y no pueden ser disociados del conjunto, ya que fuera de él pierden todo su significado.
MARCO REFERENCIAL
Marco Vitruvio, (70 a.c- 25 a.c) es el primer teórico de la arquitectura, dejó una importante obra; combinación de historiográfica, especulación estética, hidráulica e ingeniería. Sus “Diez Libros” constituyen un manual del Constructor y del Arquitecto. En la actualidad, dos mil años después existe uno muy usado en las Facultades de Arquitectura; Neufert es el autor del pesado volumen. El estudio de la obra de Vitruvio se inicia en el Renacimiento, en un esfuerzo por retomar la arquitectura clásica greco-romana y el pensamiento racional a la vez; en una combinación de la forma y la nueva visión humanista de León Battista Alberti (1404-1472), el hombre como medida de todas las cosas. Es la antropocentris que cambia de eje, rompiendo las estructuras geocéntricas oscurantistas de la Edad Media, construidas por los padres de la iglesia, la célebre patrística. Aquí se debe reconocer, que ese pensamiento teológico dominante produjo ese “horror arquitectónico”- como lo llamaron alguna vez- maravilloso: el gótico y sus catedrales.
El pensamiento ilustrado del Renacimiento, se constituye en el principal impulsor del desarrollo, y nuevas búsquedas de la forma arquitectónica. Aunque las especulaciones teóricas e historiográficas se fundamentaban en la valoración de la estética formal; no podemos dejar de mencionar el papel de la arquitectura como mass media y reproductora de la ideología dominante. Su búsqueda y las expresiones formales encontradas, tienen su fin en las variantes cada vez más exigentes; desde el barroco, hasta el hostigamiento visual del churrigueresco. Nos encontramos entonces en la percepción del espacio visual y sus formas más acabadas del placer estético. Podríamos hablar de un hedonismo de la vista, y nada más. El hombre cada vez más lineal, más analítico; mundano en oposición al misticismo aplastante del cristianismo del medioevo.
Lo que está por venir, anuncia el fin de una era (Alvin Toffler la denomina la primera ola), y el comienzo de la revolución industrial siglo XVIII y la expansión territorial (segunda ola); este proceso se encargará de ir marginando esa ampulosa expresión y única valoración del espacio visual existente. Intervienen otros materiales, nuevas formas de producción, el racionalismo se apodera de las conciencias y de la sociedad; la arquitectura sigue proyectando la edificación como respuesta a las nuevas necesidades de construir ciudades, industrias y viviendas para los obreros. Estas respuestas al momento presentan nuevas formas de controversia y de discusión. Se debate la dicotomía entre forma y función, la supremacía de la una sobre la otra, o que, la una se genera en la otra: “la forma se determina por la función” por ejemplo. Como se podrá observar los tres principios de Vitruvio: firmitas, utilitas, venustas (resistencia, funcionalidad, belleza) que permanecieron ocultos durante muchos siglos, aparece en la época moderna con gran ímpetu; el objeto arquitectónico sometido a la gran presión de la demanda debe cumplir el fin propuesto, debe funcionar. De ahí la frase “la casa es una máquina para vivir”.
En las primeras décadas del siglo XX, se publica una obra, poco conocida, sobre “Las Teorías de la Arquitectura”; su autor Borissablevith, alumno del prestigioso profesor de Estética de la Sorbona de París, Víctor Match. El principio del valor estético se fundamenta en la estructura funcional de la visión; el fenómeno de la perspectiva -las líneas del tren se unen en el horizonte- permite la comprensión del funcionamiento del ojo. El resultado es una función óptico-fisiológica; es decir, existe una real correspondencia entre el observador con la función óptico-fisiológica y la naturaleza con sus formas, casi unánimemente, triangulares. El árbol es de forma triangular, las montañas, los volcanes, el horizonte se triangula para el ojo observador, etc. La arquitectura es la organización del espacio, el ordenamiento físico de las funciones y la formalización de los elementos materiales que constituirán el hecho arquitectónico. El resultado, según Borissablevitch, será la materialización del proceso simbólico -forma triangular -la naturaleza visual del sujeto, y la capacidad física del objeto para sostenerse, resistir esfuerzos y lo más importante comunicar: solidez, estabilidad, y su alta valoración estética. Las pirámides del Valle de los Muertos en Egipto, serían el paradigma de esa metáfora pétrea. El autor analiza los monumentos más importantes de la historia de la arquitectura y encuentra la aplicación del fenómeno óptico- fisiológico en todo. ¿Existe en los sujetos la tendencia inmanente a la búsqueda permanente de esa forma cuyo punto de fuga se aleja desde su línea del horizonte? Es una respuesta de no fácil explicación. Los hay también diseñadores, que intencionalmente tratan de romper o contradecir aquellos principios.
La conclusión en esta parte, es que toda valoración estética de la expresión formal de la arquitectura, pertenece exclusivamente al campo de lo visual. Por lo que se puede apreciar no ha cambiado mucho, entre la visión de Vitruvio y las nuevas interpretaciones; aunque si se deja sentir una explicación más gestáltica por el holismo del fenómeno, y no solo desde la percepción visual. En esta civilización de alta tecnología electrónica (la tercera ola) el mundo perceptual que se le presenta al hombre requiere la participación totalizadora de su cuerpo y sus sentidos. La arquitectura, consecuentemente, deberá encontrarse en la búsqueda de las respuestas a esas exigencias de las nuevas tecnologías.
El siglo XX ha sido prolífico en revoluciones sociales, políticas, económicas, científico-técnica, cruentas guerras, etc. La dinámica de esos cambios ha sido tan acelerada, que hay sociedades en algunos casos, se han adaptado lentamente, aunque en su seno se hayan suscitado; otras orbitan el desarrollo sin beneficiarse de esos cambios y las hay también aquellas que definitivamente, no asimilan o son impermeables. El marxismo y el estructuralismo, fueron dos pensamientos sin duda alguna, que cambiaron el curso de la historia y de la humanidad. Está en discusión si uno u otro es un sistema filosófico o un método; para el efecto de nuestra reflexión nos es indiferente. El hilo conductor que más adelante nos ayuda a armar los elementos del sistema, es el estructuralismo, como en efecto se detallará.
Según la línea del tiempo, la edad moderna comienza con la caída de Constantinopla en 1453. El inicio del humanismo, los grandes descubrimientos continentales, etc; el Renacimiento como la más clara expresión del pensamiento. De esto ya se trató brevemente. Pero el verdadero modernismo solo llega con la revolución industrial y fundamentalmente bien entrado el siglo XX; con las más avanzadas tecnologías: el motor de combustión interna todavía vigente, la aeronáutica, la telefonía, nuevos materiales de construcción; distintas formas de ocio, penetración profunda de la mass media; Freud y el psicoanálisis, la bomba atómica, la teoría de la relatividad de Einstein, la teoría cuántica de Max Planck etc.
El modernismo, en el sentido cultural o superestructural, ocupa los mismos casilleros de esa línea del tiempo: literatura, música, artes visuales, arquitectura. En todo discurso de la estética y arte del modernismo que hemos calificado aquí, y en el hilo conductor de nuestra reflexión sobre la arquitectura y su dialéctica reciprocidad entre el avance de las fuerzas productivas, la ciencia, la tecnología y todos los conflictos que surgen en esos procesos; es inevitables el tratamiento de las vanguardias que van surgiendo a través del tiempo. Las señoritas de Avignon de Picasso 1903, registran la partida de nacimiento del cubismo, y el inicio de una crisis de representatividad. Con la aparición de la fotografía y el cinematógrafo más tarde, la representación retratada de la realidad se volvió obsoleta. Surgen entonces los conflictos sobre la realidad y la “incertidumbre” de nuestra percepción de las cosas: la representación de informarnos del efecto de interacción entre el observador y el objeto. Reacuérdese la crisis de la representatividad visual de la obra arquitectónica de Borissablevitch: la función óptico-fisiológica. Las posibilidades de incertidumbre de lo que el sujeto ve, se multiplican en la medida que la ciencia y tecnologías descubren otras formas de conocimiento. Por ejemplo, el impresionismo nos mostró como las apariencias cambian con la luz y son afectadas por el movimiento: Monet 1832-1883 había descubierto que la luz cambia constantemente; la incertidumbre de representatividad, lo induce a captar la “instantaneidad”, e inicia una serie sistemática de la Catedral de Ruán”; cuando la luz cambia el pintor empieza otra tela.
Sin dejar de reconocer algún papel que jugaron, en su época, el conflicto eterno que en el arte se suscita; la búsqueda de formas de representación y percepciones nuevas, afecta al mundo de la estética. Por ejemplo: aquello que podemos concebir-lo infinitamente grande y maravilloso- pero no está dentro de nuestra capacidad representar, define exactamente lo sublime. En consecuencia omitiremos los otros ismos: como el dadaísmo, surrealismo, pop art, constructivismo, arte conceptual, minimalismo, etc; aquí es necesario hacer una digresión sobre el cubismo; porque este tiene una gran influencia en la arquitectura moderna. Cezanne (impresionista) no era físico, ni modernista; tampoco lo fueron los cubistas. Pero los talentos por diversos caminos se complementan: ciencia y arte. La inteligencia y el talento, por ejemplo de: Goethe, Picasso o Einsten y Darwin; para mezclar literatura –pintura, igual arte; astrofísica –ciencias naturales, igual ciencia. No son inteligencias diferentes todos son: sencillamente geniales. Volviendo al cubismo, diremos que a este lo sustenta todo un marco teórico que lo hace posible, como: la simplificación a formas y planos geométricos; puntos de vista múltiples y simultáneos (la vista salta de un lugar a otro), movimientos trabados; y un poco lo que proponemos reflexionar en este trabajo, la síntesis de espacio y figura: la gestalt de la forma; la percepción holística del conjunto. La figura humana simplificada mediante la geometría, en interacción con el espacio que lo rodea y en un tratamiento arquitectónico; deshumanizada para muchos, lineal y sosa para otros. Finalmente es el reconocimiento de que el ser humano no es excepcional a la realidad; podemos vernos o transformarnos en esas geometrías espaciales bi o tridimensionales ontológicas.
Los estadios de la historia no son estancos; es decir no acaba hoy en la tarde una etapa, era, etc; y mañana, amanece otra. En las nuevas formas subyacen por mucho tiempo aquellas que se niegan a desaparecer. Por lo tanto no existe un límite para hoy y un comienzo para luego. Lo postmoderno, es siempre después de algo: “modo” es ahora mismo; entonces será “después de ahora mismo”. La posmodernidad si así todavía se la puede llamar en el mediano plazo debido a la velocidad de los cambios, es la conjugación totalizadora: de las formas, los materiales de construcción, las técnicas constructivas, la participación en la configuración del recinto de todos los lenguajes que activan, excitan, el cuerpo y los sentidos. Modificando las conductas, las formas de producción, el ocio etc.
En la nueva arquitectura se ofrece lo vernáculo, es decir ofrece un revival del pasado histórico y su simbolismo pero bajo la forma irónica de la parodia, el pastiche y la cita. Disneylandia es el símbolo de ese metalenguaje “el palacio de Blanca nieves”; la ciudad de Las Vegas, es otro espacio donde se recrea y refríen alarmantemente las formas con una fuerte carga simbólica del pasado histórico: los Cesar´s Palace, los Palazzo venecianos, las esfinges y pirámides egipcias etc; en un derroche sin límites de recursos y materiales. Sin embargo Disney, aporta; como veremos más tarde, aunque es una arquitectura lúdica, un conjunto de experiencias holísticas, que las nuevas tecnologías se lo permiten. La posmodernidad que aquí se trata de dilucidar no se reduce a los alardes formales, o al fraccionamiento de las nuevas expresiones visuales de la Arquitectura, logradas por los arquitectos vanguardistas. Sin embargo es necesario señalar, que la muerte del estilo Internacional de la arquitectura moderna –“máquinas para vivir” –pregonados por Mies Van der Rohe, Gropius, Le Corbusier y otros funcionalistas, es una realidad.
NUEVA VISIÓN
Las relaciones y las formas de producción, son al fin y al cabo, las que modelan el sistema de la economía política, la superestructura y todas las instancias del ser y la sociedad. M.Hardt A. Negri, en su libro “Imperio” cita a Robert Musil, que a comienzos del siglo XX decía: “Hubo una época en que las personas crecían naturalmente en las condiciones que les deparaba la vida y aquella era una manera muy saludable de llegar a ser uno mismo. Pero hoy con toda esta agitación de las cosas, cuando todo se aparta del suelo donde creció, hasta en lo que tiene que ver con la producción del alma, uno realmente debe, por así decirlo, reemplazar las destrezas manuales por el tipo de inteligencia que combina con la máquina y la fábrica”. Parangonando a Musil, diríamos que la inteligencia y las destrezas simbolizadas en el overol y el hollín de la fábrica, se reemplazó por la inteligencia pura, por el ser informatizado; el hombre digital. “En la actualidad,- continúan Hard y Negri- toda la actividad económica tiende a situarse bajo el dominio de la economía informática y a sufrir las transformaciones cualitativas que ésta le impone”.
Muy pocas personas tienen la conciencia clara del momento que viven. El lugar común -cualquier tiempo pasado fue mejor- a veces es un estilo de vida y se vive en el pasado, o a horcajadas en el ayer. El hombre del renacimiento vivía con la mente y la imaginación en la Edad Media. El siglo XIX en el Renacimiento saboreando un Clasisimo incondicional. Aquí mismo en la era digital construimos remembranzas neoclásicas como alarde de gusto culto. Mc Luhan propone: “La humanidad ya no puede, debido a su miedo a lo desconocido, gastar tanta energía en traducir todo lo nuevo en algo viejo; sino que, debe hacer lo que hace el artista: desarrollar el habito de acercarse al presente como una tarea, como un medio a ser analizado, discutido, tratado para que vuelva a vislumbrarse el futuro con mayor claridad.
El libro escrito en la décadas del 70 y 80, por Marshall McLuhan y B.R. Powers, denominado “La Aldea Global”; introdujo un fonema lingüístico para la comprensión de los fenómenos que estaban ocurriendo a nivel planetario: “globalización”. Nuestro planeta tierra, el lugar natal convertido en una aldea, como cualquiera de las tantas que existen. En la aldea común, hay un elemento importante y dominante: la comunicación es casi instantánea; todos los sistemas sensoriales funcionan. García Márquez, es un maestro en la narración de sus obras de ficción; que siempre se desarrollan en aldeas, donde la descripción del texto es multisensorial, aunque no estuviera escrito: se siente el olor a sangre de la victima (¡¿”alguien recuerda el “Olor de la Guayaba”?!) los pasos del asesino o la respiración agitada del muerto por venir; en la novela “Crónica de una muerte anunciada”. Es anunciada, porque la información se riega como pólvora radiante, y ya, todos saben quién, cómo, cuándo y dónde morirá irremediablemente Santiago Nasar. En ninguna forma de arte está negada la experiencia de otras sensaciones, emociones o percepciones, mas bien lo sublimizan. Vale la digresión.
La importancia de la obra de McLuhan, para nuestro trabajo, radica en que nos ayuda a explicar como la cultura mundial está cambiando para sumergirse en un modo de percepción distinto. Sus principales fundamentos relativos a nuestro propósito arquitectónico son: “el espacio visual como el conjunto mental de la civilización occidental, tal como ha procedido durante 4.000 años `para esculpir la imagen de sí misma monolítica y lineal, una imagen que enfatiza el funcionamiento del hemisferio izquierdo del cerebro y que, en el proceso, glorifica el razonamiento cualitativo. El espacio acústico es una proyección del hemisferio derecho del cerebro humano, una postura mental que aborrece el dar prioridades, rótulos y más bien enfatiza las cualidades tipo norma del pensamiento cualitativo. El espacio acústico esta basado en el holismo, la idea de que no hay centro cardinal sino varios centros flotando en un centro cósmico que solo exalta la diversidad. Los medios de comunicación y las nuevas tecnologías poseen una estructura fundamentalmente lingüística. No son como el lenguaje “sino que en su forma esencial son lenguaje, cuyo origen proviene de la capacidad del hombre de extenderse a si mismo a través de sus sentidos hacia el medio que le rodea”.
Las teorías de McLuhan, plantean en esta discusión, al fenómeno de la percepción del espacio desde el funcionamiento del cerebro y el desarrollo de la cultura. “El espacio visual es un efecto secundario del carácter uniforme, continuo y fragmentado del alfabeto fonético, (a-b-c-d…) originado por los finicios y agrandado por los griegos”. Según los neurólogos el razonamiento jerárquico es una función del hemisferio izquierdo del cerebro; el uso del alfabeto necesariamente jerarquiza el sintagma y el paradigma. “El alfabeto fonético –continua-sustenta todo el desarrollo lingüístico occidental. Para cuando ya había pasado por los griegos y los romanos y se había situado en la literatura impresa del Renacimiento, se había alterado de manera sensible la relación occidental de los sentidos. “Los griegos crearon el alfabeto como una forma de representación sin significado semántico o visual. Los ideógrafos egipcios, por ejemplo, estaban relacionados con sonidos y acciones sensoriales particulares, con signos gráficos únicos”. La tradición oral se reemplazó por el lector, con la consecuente perdida de otras manifestaciones sensoriales en el proceso de la comunicación. Las culturas orientales, se debe recordar, no tienen en su escritura el alfabeto fonético.
La pregunta que surge ¿Qué tiene que ver el alfabeto y el comportamiento sensorial?. Sigamos avanzando en éste tortuoso y enigmático proceso cognitivo. Para las personas que podemos calificar “incivilizadas”, “analfabetas”; por ejemplo: “los esquimales, no pueden visualizar en dos dimensiones. Si se les pide que dibujen los animales que cazan en una superficie plana, el resultado (para nuestros ojos) es a menudo grotesco. Pero si se les pide que dibujen la misma figura en una superficie redonda, como por ejemplo un colmillo de morsa, el mismo dibujo adquirirá vida tridimensional al hacer girar el colmillo entre los dedos” (E.Carpenter). Sigamos con la mentalidad prealfabética: “en el verdadero hombre tribal –dice Yeats- no hay causalidad, nada ocurre en línea recta”. McLuhan concluye “No hay pasado o futuro, solo la esencia de ser que existe ahora…experimenta en forma directa un sentido de intemporalidad, de modo que jamás se preocupa por cuestiones como- “quien creó al creador”. Causa y efecto que atormenta a la cultura alfabética occidental y cristiana por la cual se desangra ¿Quién resulta más estúpido?
Los orientales tienen la capacidad de readaptarse a todas las condiciones físicas y sociales. Susan Sontag nacida en EE.UU. da un testimonio de vida, en una visita a Vietnam del Norte, en plena agresión norteamericana; se lamentaba que “los vietnamitas no sepan odiar mejor”; frente a un enemigo tan brutal. Añade luego: “una de las razones por las cuales me resulta difícil entender a los vietnamitas, consiste en que me he formado en una cultura asentada sobre la culpa; efectivamente Ruth Benedict señala que “La gran sanción para el norteamericano es la culpa”… el japonés hace referencia a un hombre bueno, el norteamericano a un hombre malo. Este es el resultado de la percepción totalizadora de las culturas post y prealfabetas en el mundo de la ética.
En el uso del espacio son más sutiles aún; para el pintor chino cuando comienza a planear su obra, primero está el espacio, su mente se multidimensiona en la búsqueda de significado del espacio. “Casi cada espacio -dice un pintor-de nuestros cuadros posen significados: el espectador puede llenarlos con su propia imaginación o solo con sentimiento”. El poeta chino Yeh Ch’ing Ch’en, sobre la tristeza escribió:
De las tres partes de un escenario de
Primavera, dos son tristezas,
Y la otra no es otra cosa
Que viento y lluvia
El taoísmo sostiene que solo en el espacio vacío yace lo verdaderamente esencial, “La utilidad de un jarro de agua yacía en el espacio vacío donde podía ponerse el agua y no en la forma del jarro o del material con el que estaba hecho”. El vacío es poderoso porque todo lo contiene.
La estructura del espacio visual es un artefacto de la civilización occidental creado por el alfabetismo griego. “Es un espacio percibido por los ojos al estar separados o abstraídos de los demás sentidos”. El alfabetismo fonético ayuda a separarse del mundo que lo rodea; el recorrido del ojo en el alfabeto que va construyendo la palabra, ésta seguida por la otra y así, hasta su cabal comprensión de la página leída; lo aísla visualmente del conjunto. La lectura dinámica, por ejemplo, ayuda a superar esa artesanía visual de la lectura.
La estructura del espacio visual construye una mente: continua (infinita, divisible, extensible y monótona); conectada (figuras abstractas con límites fijos, lógicos secuenciales); homogéneas (uniforme por excelencia); estática (inalterable cualitativamente). El ojo hace el trabajo de la mente, la imaginación domina el pensamiento del occidental alfabeto. A veces se exigen pruebas oculares para la existencia misma. Si no lo has visto no existe, suele decirse -“ver para creer-”. Todas las artes visuales, incluida por supuesto la arquitectura, en la composición, ordenamiento y jerarquización de los elementos que constituirán el conjunto; son determinantes estos conceptos. Son los ojos, la mente del diseñador.
Estos prolegómenos de la especialidad sensorial convertida en norma civilizadora por el autor de “La Aldea Global”, del espacio visual originado en el alfabeto fonético y del espacio acústico como razón misma de la naturaleza humana; lo conducen a advertir que las nuevas tecnologías que se están construyendo, requieren de una holidad en la visión del hombre electrónico. “El robotismo global”, fundamentado en la computadora, el video, satélite, internet, la base de datos y todas las formas virtuales de la comunicación modelan nuevos patrones de vida. La arquitectura función testimoneadora de la humanidad debe ser analizada en el nuevo contexto, donde el cuerpo es el modelador del espacio y el sujeto el arquitecto de su propio lugar. El robotismo tiene ya, algunas aplicaciones tecnológicas en la arquitectura. Un software puede manejar: la regulación de la luz natural y artificial, el sonido, la climatización, la seguridad; los recintos pueden ser modificados aleatoriamente con paneles móviles, el mobiliario adaptado a cada circunstancia, hasta la edificación podrá cambiar de orientación en cada estación del año. Provocando en el sujeto diferentes percepciones, sensaciones, sentimientos o emociones.
En la década de los años cincuenta apareció una obra de arquitectura, aunque tiene un ligero carácter de manual, en realidad es un ensayo fundamentado en un riguroso marco teórico científico: Los Medios de Expresión de la Arquitectura y su autor Sven Hesselgren. Se aparta del método historiográfico de la arquitectura y se sumerge en la sicología de la gestalt y en la fenomenología del espacio. El estudio de las modalidades de la percepción para la experiencia arquitectónica; de la forma visual, el color, la iluminación, la textura y todas las formas visuales producidas por estímulos ópticos; la superficie táctil y la forma háptica que se perciben mediante los dedos y las mano; el registro muscular en el modo cinéstisicos, y las auditivas se estudian en la acústica.
La percepción del movimiento y del tiempo pueden tener estímulos ópticos, acústicos y de otra índole, simultáneamente. La realidad virtual que hacen vivir efímeramente los parques de recreación en las grandes ciudades especialmente en las ciudades de Orlando, Florida; Disneylandia entre otros. Estas experiencias sensoriales, son precisamente, la holidad en su más clara expresión: el cuerpo y todos los sentidos atravesando una amalgama de sensaciones, sentimientos que el vendedor de ilusiones (Disney) lo somete al sujeto. La conjunción de ese holismo, que McLuahan debatía con respecto al espacio y todas las formas de percepción; es lo que la arquitectura actual busca.
CONCLUSIONES
En la finalización de este discurso teórico sobre el espacio, el recinto o lugar y el fenómeno arquitectónico; frente a las diferentes formas de percepción. Recurriremos nuevamente a Hesselgren para tener una imagen totalizadora de todo lo dicho hasta ahora. La fenomenología de la percepción del espacio, fue tratado ya en las disquisiciones de McLuhan; la preponderancia de la percepción a lo visual o lo acústico. Reiteramos la importancia del espacio vacío para la cultura oriental; la realidad de un cuarto (recinto o lugar) se halla en el espacio vacío encerrado por el techo y las paredes; y no en esos elementos constructivos. Esto es exactamente la gestalt arquitectónica; la experiencia del recinto constituye a pesar de lo sucesivo de la misma, una holidad primaria típica; que se interpreta inmediatamente en su totalidad y que solo después puede ser analizada por sus elementos o sea percepciones más simples como techo y las paredes; sensaciones tales como el color, direcciones visuales, etc. Estos elementos de percepción del recinto no se encuentran únicamente dentro de la modalidad sensoria visual, sino también en otros sentidos. Puede afirmarse que tratándose de la percepción del recinto interviene el conjunto de todos los sentidos.
Solo a modo de colofón sobre la experiencia del recinto; se deberá señalar otras interpretaciones mediante otros sentidos no visuales. Las sensaciones hápticas y táctiles; el sentido háptico es aquel que percibe solamente objetos cercanos. Cuando se toca la superficie de una pared, se obtiene la confirmación que existe. La existencia de una sensación háptica favorece en alto grado la experiencia del recinto. Las sensaciones táctiles de objetos cercanos indican el carácter del recinto; así como las sensaciones de temperatura comunica lo cerrado, abierto u otra forma de lugar. Vale señalar la diferencia entre la experiencia del recinto y la escultura: todas las gestalts visuales (formas agregadas, de esto ya se hablo) pueden ser interpretadas simultáneamente; es decir, de un solo golpe de vista; la pintura se percibe de esa manera, independiente del análisis estructural que se desee realizar. Empero, la escultura aislada no puede en su plasticidad ser experimentada en el momento, de un vistazo, debe ser recorrida y percibida sucesivamente. El recinto tiene los mismos requisitos de experimentación. La escena que representa (show), una experiencia en el entretenimiento, en un parque de diversiones de la ciudad de Orlando, nos ubica en el contexto de lo que hemos tratado de reflexionar a todo lo largo. Es un auditorio cerrado para el espectáculo; aparecen por la parte exterior de cada lado del escenario, dos rugientes motocicletas cabalgadas por dos intrépidos conductores. Corren al centro del mismo y se estrellan, produciendo un estruendo ensordecedor. El choque causa una bola de fuego y funde una masa metálica brillante; que, derretida se esparce por todos los lados; hasta fijarse, una gota de ese material parecida al vibrante mercurio como una molestosa mosca, entre ceja y ceja del espectador. Los sujetos tratan de quitársela con la mano infructuosamente. Los acontecimientos se van sucediendo, estimulando a cada instante todos los sentidos y el sistema glandular: la adrenalina, las endorfinas, algunas personas no pueden controlar sus esfínteres. En el sitio de las butacas la temperatura varía; aparecen vibraciones y hasta un olor diferente. De pronto, las luces y los sonidos aturden, el show en el escenario fenece conjuntamente con el colapso del piso del espectador y una lluvia real cae desde arriba. Hasta que, súbitamente, todo queda en calma. La iluminación se uniformiza, llega el silencio. Los sujetos se miran entre si, encajan una sonrisa de miedo, perplejidad y también de optimismo. La función ha terminado. Aplausos
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