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martes, 23 de abril de 2013

LA PESTE


Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                                                     3-3-2013

La muerte colectiva y sistemática de las sociedades suele advenir por una masiva descomposición biológica, atacada por  virus, bacterias u otros patógenos; o, por una impasible e incomprensible destrucción ética y moral de sus integrantes, producida por grupos de sus propios miembros, a veces influenciados por agentes externos. “La corrupción construye agujeros negros y vacios ontológicos en la vida de la multitud que ni la ciencia más perversa puede camuflar” -señalan A. Hartd Y A. Negri en su libro Imperio-. Los agujeros negros devoran con su pequeña masa, pero descomunal fuerza gravitacional, cualquier galaxia que asome por su vecindad. ¿Cómo esa peste se apodera de la sociedad en su conjunto? ¿Cómo el pequeño ejército de corruptos toman para sí la voluntad de la multitud dejándola desvalida y pesimista de su propia existencia? Hagamos un recorrido a vuela pluma por esos sórdidos mundos.
La histórica descomposición y pesimismo moral de los pueblos llega a su apogeo en distintos tiempos y lugares, cuyas devastaciones, a veces, no dejan rastro alguno de su pasado glorioso. Las características tienen rasgos comunes, dimanan desde los poderes políticos, económicos o religiosos, principalmente. Pero, nunca antes ha sido tan universal, global; con asiento en los centros de poder mundial, el imperio y su religión: el neoliberalismo. Esta peste lo mismo cunde en la matriz EE. UU., como en la vieja Europa. En América Latina y África es más descarnada la realidad. África no existe en las estadísticas, es consustancial al hambre y analfabetismo que padece.
El caso inmediato alucinante, que conturba: el de una “maestra”, Elba Esther Gordillo en México; deja atónito sin discrimen, y al más canalla lo paraliza momentáneamente. Un gris personaje de provincia, en jugadas maestras de gambito de dama, como en ajedrez, en complicidad  con  el centro del poder político de la Nación se apodera del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación –SNTE-. El sindicato de maestros más poderoso de América Latina, 1’600.000 afiliados; y con el construye unas relaciones de poder e intereses económicos primero, políticos después; poniendo a sus pies a cuatro Presidentes, al Congreso y a cualquier aspirante a magnate o político. Ningún administrador público puede existir sin su omnipresencia, sin su venia o reprobación.  Había llegado, donde el piadoso creyente le pide a Dios que no le dé, pero que lo ponga donde haya. Nada más. El magisterio no era su objetivo, los profesores tampoco sus feligreses, eran súbditos de una imagen imperial que otorgaba beneficios en migajas por aquí, lisonjas por allá; con un discurso tradeunionista, pero masa obediente, fundamentalmente, en el cumplimiento de sus ambiciones sin límites; carente de todo asomo ideológico, o de escrúpulos. Tampoco, las políticas educativas del Estado estaban en su agenda, cuando estas aparecen, son la razón aunque secundaria  de su caída. Aquel sindicato era una corporación nacional profundamente enraizada en el Estado. Ingresos mensuales de millones de dólares de sus profesores aportantes. El sindicato tenía  calificación de alta gama en la organización empresarial, que exportaba el modelo que habían montado. Estuvieron en alguna ocasión delegados del SNTE enseñando a nuestra UNE los éxitos,  y cómo podrían lograrlos, nuestros criollos maestros. Creo algo aprendieron, algunas premisas pusieron en práctica. Pero el background de la “maestra” de marras, no fue suficiente,  su oposición a las reformas educativas que el PRI remozado y antiguo aliado deseaba poner en práctica, la puso en la cárcel, acusada de corrupción, con un copioso prontuario de beatíficos, solidarios y  sucios enguajes. El monto de la acusación supera los doscientos millones de dólares.
Para que exista una ficha encumbrada a esos podios, es precisa la existencia de una estirpe de gobernantes de la misma ralea. Y claro que la hubo: Salinas de Gotaire, Fox, Calderón y el inefable PRI como escenario de fondo. El sindicalismo mexicano ha sido una calificada escuela de históricos dirigentes que han compartido el poder político con la más rancia oligarquía nacional, sirviendo de plataforma para mantener el sistema inconmovible y para construir sus propios cotos de poder, inclusive competir con el estilo de vida de las elites. Lo que acontece en México, alrededor del sindicalismo me trae a la memoria un episodio en mi vida, aunque efímero,  me ayudó a una visión  holística de la sociedad y el mundo: en los años sesenta, en algún debate sindical en el que ocupé un secretaría, se decidía si vamos, o no, a una mega huelga -razón inmediata para ir con mis huesos a la cárcel y envainar las armas de mis luchas laborales- con un sinnúmero de instituciones del Estado, un tertuliano argentino invitado, nos ilustró con un panegírico bien puesto, de un verdadero líder, filósofo, luchador, un ícono del sindicalismo: Vicente Lombardo Toledano. ¿Cuándo empezó la sociedad  Mexicana a llenarse de vergüenza con los dirigentes de los trabajadores? Con los grupos  políticos parece que siempre fue así. Hoy en ese País, la peste de su propia descomposición moral y el desaliento, es una epidemia de diagnóstico reservado. El affaire de la Gordillo unos lo ven con lentes políticos ya repetidos, el gobierno lo niega, y dice ser un procedimiento judicial.
El sindicalismo proletario industrial no existe más en la globalización, sobrevivió el gremialismo público, convirtiéndose en poder fáctico, mediatizado y corrupto como cualquier estructura económica que apuntala o bloquea políticas estatales de acuerdo a sus intereses mezquinos.  Aquí en Ecuador, se refugiaron con ahínco los “Gordillo” -como la señora del cuento sin horizonte ideológico alguno- los saldos del extremismo izquierdista en la iníciales MPD; representante de una militancia delirante en pos de una revolución fantasma. Sus fuertes,  desde los que con piedras y candela revolvieron la educación, fueron algunas universidades, y uno que otro sindicato público. Sus cuadros actuales, figuras impresentables como la una maestra manaba parecida a El Grito de Munch, pero al revés.  Rostro no de miedo, sino de locura. Para ellos el País es el mismo de hace treinta años, empatando en manos de la derecha entreguista, a la cual cortejaron en repetidos eventos políticos. La derecha los utilizó.  Ellos hicieron lo mismo. Lo extraño de todo esto, es que, para conservar el remoquete de revolucionarios, se auto complacen -como el gran masturbador de Dalí- reuniéndose en la clandestinidad para llevar a cabo actos políticos públicos -la clandestinidad otorga credenciales de rebelión, conspiración, revolución, siempre fue así, también mañana-; pero los actores, temas y debates los pueden realizar en cualquier centro comercial del País, y nadie se mosqueará.  Existe una pequeña diferencia con los militantes del partido comunista, los dirigentes históricos murieron, lo herederos cuando se enteraron de su soledad, tuvieron la decencia de emigrar a la luz del día a la Izquierda Democrática unos, y los demás a la extrema derecha. Que hoy lo mismo chana que juana.

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