Translate

miércoles, 1 de mayo de 2013

NI TRIUNFO NI APOTEOSIS… PESIMISMO


Arq. Vicente Vargas Ludeña
No está clara la pertinencia del concepto de ciclo en la vida de los seres. Indudable que la materia prima de ese círculo -de ahí deriva ciclo- es el tiempo; entonces el problema es su  geometría. En la línea del tiempo se extienden o acortan esos segmentos  determinados por la edad, las vivencias, y  su rol en el contexto social. El papel que desempeñó el individuo puede ser, intelectual, cultural, político o emprendedor, etc. Un deportista  -el futbol por ejemplo- inciertamente inicia su camino, vive de él y para él, y un día un trauma, la edad o cualquier contingencia lo orilla. Lo mismo sucede en cualquier práctica social.
Personalmente he transitado por la Universidad Técnica de Babahoyo con preocupación académica, durante treinta y siete años. Esto tiene el carácter de inicio y cierre de un ciclo. No fueron las cuentas del tiempo: dogal, desvelos, sacrificio; fueron más bien: un ejercicio intelectual, un desafío académico y una nueva experiencia; inicialmente con mucha vocación y talante, mas tarde con escepticismo y finalmente con desdén. De esto hablaremos más adelante.
Las notas secuenciales que se narran a continuación no son una crónica, tampoco un ensayo, ni una denuncia, teorización sociológica o acusación particular. Son una semblanza reflexiva, analítica y crítica de lo que conocí y viví. Es lo que existe en este instante, y que cualquier persona puede dar fe. Mi presencia en la Institución, debo confesar, siempre fue periférica, salvo un corto periodo que me involucré y me planté en el ojo del huracán; tiempo suficiente para ponderar el tamaño de los avatares a los que ha sido y es sometida la Universidad; medir las fuerzas contingentes que habían participado históricamente en las pugnas, armando y desbaratando lo que los anteriores consideraban sus logros. Siempre el leitmotiv del nuevo cortejo fue construir sobre las ruinas dejadas de los que huyeron. Hasta llegar al actual momento. El corsi e ricorsi de la condición humana, de G. Vico.
Creyendo que esos episodios vividos, podrían ser el fin del ricorsi, con transparente ingenuidad me inicié con un texto de mi pluma para un memorial en bronce que todos aprobaron; y que recordaba la última guerra de los buenos contra los malos. Un robusto árbol de mango protege del brillante sol de las mañanas al monolito que recibe  el bronce, ubicado en el espacio abierto central del Campus.
MEMORIAL
ESTE BRONCE Y ESTE LUGAR, PERENNIZAN UN ACONTECIMIENTO HISTÓRICO PARA LA EXISTENCIA MISMA DE ESTA INSTITUCION. EL 24 DE FEBRERO DEL AÑO 2002 SE INICIÓ UN MOVIMEINTO DE SUS MIEMBROS QUE CONMOVIÓ, DETUVO EL DERRUMBE Y DESPARICION DE LA UNIVERSIDAD TECNICA DE BABAHOYO.
NUNCA MAS DEBERAN EXISTIR PEDESTALES NI BRONCES QUE NO SEAN PARA CELEBRAR EL TRIUNFO Y LA APOTEOSIS DE LA UNIVESRSIDAD.
EL COMITÉ
BABAHOYO, 24 DE FEFBRERO 2005
Para una cabal comprensión de la crisis actual de la UTB, es necesario contextualizar con la realidad nacional, primero; luego adentrarnos en la región, y en la Institución  después. Para cualquier análisis, siempre partimos de la época más cercana políticamente: El fin de las dictaduras militares y civiles que culminan en el año de 1979, ya eran el inicio de un sistema socio-económico y político que más adelante pisa duro en el mundo: el neoliberalismo, apuntando  toda su parafernalia a los Estados pobres y a sus Instituciones; que luego serán pasto de los buitres y sus fondos financieros externos, en intrincada complicidad con las elites locales. Cuando alguien denuesta que somos nosotros mismos los incapaces y deshonestos en el manejo y administración de lo público, tiene razón; pero las Tablas de la Ley y sus diez mandamientos vienen desde el imperio, del cual hemos dependido históricamente. Además, con sencilla decencia, debemos admitir que de lo poco decentes que somos, viene de un mestizaje hispano-americano; ironizado por los mexicanos en la Malinche -Indígena al servicio de Cortez en la conquista- por su felonía, oportunismo y todos sus efectos colaterales.
Este síndrome ético cunde de desanimo y pesimismo en el conjunto social, que se transmite de una generación a otra, y se vuelve infinita en el tiempo ¿Cómo explicar, que pueblos de la costa asentados en una cuenca hidrográfica de magnitudes oceánicas, la gente que vive en las orillas de los caudalosos ríos, no tenga agua potable para saciar su sed? Babahoyo es un paradigma de ese maldito destino. Es la incapacidad enciclopédica y la vasta picardía  de bajos fondos. Es el lacerante final de estos pueblos. Lo señalado, interpreta la dinámica de la aplicación del modelo de Estado y sociedad que requiere el sistema para funcionar, con los agregados ya dichos. Estas dos fuerzas poderosas impuestas desde afuera y la degradación desde adentro, no hay Estado, ni Instituciones que se mantengan en pie. Todo se derrumba. Febres Cordero, por ejemplo, fue un titán en corromper y demoler el pequeño y débil Estado-nación que teníamos, hasta dejar en escombros: el poder político, la Justicia, el Parlamento, la FF. AA. Etc. Todo lo que tocaba lo prostituía.
La educación elemento indispensable -como el agua y el aire para la vida- en una sociedad civilizada, también estaba en la mira del modelo del sistema que estaba por venir. A la gran burguesía, la educación pública no le interesaba; no estaba en su agenda financiera ni política;  estaba, solo como agente reproductor de ideología del sistema. Ellos sembrarían el País de centros educativos y universidades que sus miembros requerían. Las ruinas de la academia pública la dejarían intencionalmente a grupos políticos delirantes y a encomiables administradores para que tutelen la educación superior. Entonces, “los que no pudieron aprender, se dedicaron a enseñar y a administrar”. En el balance final, ahora que otros horizontes  aparecen para la Universidad ecuatoriana, es difícil establecer quien le ha causado más daño: si las elites desde el poder político complaciente, los grupos gamberros politizados. O, es la mezcla de todo.
Las Universidades públicas antiguas y con pergaminos, hasta las más jóvenes sin pedigrí y de dudosa existencia, fueron pasto del vandalismo y vergüenza. Unas más, otras menos. La Universidad Estatal de Guayaquil es una enorme masa informe en decadencia desde la década de los setenta; existen Facultades que son territorios liberados, Estados autárquicos -ahora obligados por la ley a devolver a los estudiantes el dinero mal habido-. Jóvenes egresados de esas facultades, con íntima honradez, se han matriculado en otras Carreras de otros centros para entender lo que un día habían ido a estudiar; y también, para tener un currículo competitivo.

En Ecuador, desde hace seis años, la sociedad percibe nuevas relaciones de poder político, no radicales, pero si latentes en algunos sectores y cambiantes en otros. Tener Universidades funcionando con los esquemas que se han descrito anteriormente, era rutina para el Estado, la sociedad, la familia, el estudiante. Todos asimilábamos y nos sometíamos al estatu quo, al modus vivendi, al establishment –y todas las formas de vida organizadas imaginarias- académico que había surgido en brumosas y largas noches de conciliábulos junto con sacrificados patriarcas. Nunca faltaron, en todo el Ecuador, los predestinados, iluminados, intelectuales, gerenciales que se ofrecían patrióticamente a salvar las Universidades. Hasta un Lelo se irguió en la Universidad de Guayaquil como salvador y refundador; y más bien se convirtió con sus ambiciones políticas en refundidor; de ahí, su enorme masa informe del alma mater porteña, como suele decir la frase hecha. Este gobierno inaugura la catarsis social y política, y el purgante más amargo que la comunidad debe tomar, es la determinación de evacuar por los desaguaderos ese pasado vergonzoso de modelo de Universidad. Esas purulencias seudo académicas que vivíamos, provocaba en la comunidad fatalidad y fatalismo como norma vital; y mantenían grupos perniciosos enquistados por décadas agudizando mas el daño moral de la sociedad.
Las nuevas estructuras orgánicas,  jurídicas, administrativas y académicas nacidas en este gobierno, intentan romper y detener, no la crisis, sino la destrucción de la sociedad. La categorización establecida por el Estado a partir de la primera y rasante evaluación de las Universidades, refleja groso modo lo que tenemos y con que contamos. En esa escala de evaluación de la A hasta la E, no son todas las que están, ni están todas las que son. Si el discurso del Gobierno de sus Planes, Programas y Proyectos académicos que tiene para el País y la aplicación evaluatoria ya no es rasante, sino rigurosa y profunda, muchas Universidades desaparecerán. Su desaparición no provocará la más mínima conmoción, ni reacción ciudadana, salvo la presencia de agitadores profesionales, los pequeños negocios asentados en el vecindario y algunos servidores;  los más contestatarios, serán los beneficiarios del poder. La razón es muy simple, aquellas instituciones no han trascendido ni han aportado en absoluto al desarrollo de la comunidad. Más bien constituyen un lastre económico y en algunos casos moral.

NI TRIUNFO NI APOTEOSIS… PESIMISMO  II Parte

Arq. Vicente Vargas Ludeña
La Universidad Técnica de Babahoyo, relativamente joven -1972- es un buen ejemplo para una reflexión crítica de su trayectoria e incidencia en la vida de la región y la ciudad. Cuando nace una Institución trascendente y compleja en el seno de la sociedad, siempre se espera con ilusión soñadora, por los gestores, los beneficiarios y la población en general: horizontes luminosos, prósperos, señeros…La utopía volviéndose realidad. La misión, aunque no escrita en su tiempo, fue la formación académica de profesionales, con rigor científico, humanista, propagadora de la cultura; y fundamentalmente ética y moral. Estos principios son casi universales; los caminos, los actores y los logros son los diferentes. Es necesario y urgente trazar unas coordenadas históricas que ubiquen en el tiempo sus resultados.
La UTB, nace contaminada por el virus de las pugnas internas en su afán de poder. A veces, el oportunismo se lo matiza con excelencia: quien lo hace mejor; otras, con una mantecosa sustancia llamada lucha ideológica. Como cada Universidad debe tener su propio héroe, a cuya tumba o memoria se debe peregrinar cada vez que las circunstancias lo requieran, también ésta lo tuvo. Un día asesinaron en su propio campus a un “combatiente de la libertad”. Es decir, con la partida de nacimiento de la Institución, también se otorga la partida de defunción de un luchador. Paradojas cartesianas. He ahí la importancia de las coordenadas. El caos, descomposición social, política, económica y política, improvisación, desconcierto  que vive el País en aquella época,  la Universidad era su espejo con todo  su brillo, las taras se reproducían a imagen y semejanza, y a veces con refinados debates filosóficos, ideológicos y políticos. Aquella época, era de verdad de conflictos mundiales, los eventos propiciaban la discusión, la toma de partido: Vietnam, Mayo de 68; las contradicciones del sistema encarnadas en la juventud norteamericana etc., llegaban como eco a nuestra comarca. Pero el surgimiento de pandillas en el seno de las Universidades del País nada tenía que ver con lo expuesto. La Universidad de Guayaquil tuvo sus propios pistoleros: “los Atalas”, a imagen y semejanza de cualquier banda de delincuentes; luego evolucionaron a  tales por cuales, como los gobernantes actuales. La ilusión soñadora de los riosenses, la utopía realizada de un centro académico propio, se fue transformando sistemáticamente en una estructura rentista.
Sin embargo, también hubo un relámpago de brillo y lucidez, con pensadores, escritores y suscitadores  de cultura; profesores con vocación y pasión, de todo el País, pasaron por sus aulas. Duró muy  poco tiempo. Luego todo se opacó.
Construir una narrativa lineal de las crisis institucionales: la cuestión académica, profesores, estudiantes, conocimiento, ciencia o arte; ni siquiera razones ideológicas, si las hubiera; no es relevante en esta reflexión; porque estas categorías son efectos del colapso. El desastre con todas sus consecuencias ha sido: quién administra los recursos económicos. Sin arriesgar nadie, nada. Gastar es la meta. Pero esto, cualquier transeúnte lo puede hacer; no invertir, porque para aquello se requieren Planes, Programas y Proyectos.
En ese marco de referencia, los colectivos, los actores principales, los que están en la palestra, se fragmentan en pos del poder. Ello produce una estratificación que no es esperanzadora: los indiferentes, dejan hacer, dejan pasar –no son liberales- ; los cínicos: si no piden no dan, pero están dispuestos a recibir -nada se puede hacer-; los cómplices son los satélites, en lista de espera, que giran en torno a las estrellas que están en el centro gravitacional del poder y que manejan la llave maestra. Estos cortan y distribuyen la tarta.
 Los grupos que surgieron y pasaron por el gobierno universitario, permitieron y toleraron el caos, aupando la relajación de las normas. Lo que buscaban era evitar la presencia crítica, o alguien cercano con verdadero talento les haga sombra en el ejercicio del poder sin límites y enturbie sus próximos eventos electorales. Consecuentemente, no se vivía ni actuaba para el presente: el futuro era el objetivo. El ahora, solo es importante porque en él se estaba forjando el porvenir. Nunca fueron actores ni realizadores de hoy, sino del mañana. Hoy, es la consolidación de los pactos, los favores, los fieles seguidores… Cuando alcanzan lo soñado aspiran a nuevas cumbres borrascosas. Y así hasta el infinito; razón suprema para dejar de hacer, en su momento, lo debido: construir una verdadera Universidad. Así mismo, siempre estará latente la conspiración de los que se quedaron varados en la orilla.
En una familia no todos son brillantes; tampoco todos son idiotas. Las frecuentes y densas relaciones de parentesco que habitan en la Universidad, son una dolorosa rémora que pervierte la misión y la visión de la Institución. Si en los grupos familiares existe un destacado miembro que presta sus servicios y apoya el desarrollo; el resto  no lo será. Serán simples ganapanes. Existió un funcionario con mucha vocación para las prácticas del comercio y el desmonte que permaneció largos periodos -décadas- administrativos alternando diferentes cargos; su frondoso árbol genealógico sembrado en las praderas de la Universidad, lo convertía en una importante cuota de votos electorales con los que negociaba sus aspiraciones. Hasta que un día se hostigó y se marchó; ningún rastro dejó. La Universidad ha sido administrada y ha vegetado con ese modelo surgido en el cuarto de atrás, hasta el día de hoy.
Cuando el actual gobierno hace saltar las alarmas, golpeó la conciencia de la nación;  todos despertamos del encanto de Universidades que el sistema había montado. La recuperación de la función y servicio público entró en proceso de rescate, con dificultades, tropiezos, errores, pero la decisión estaba tomada. No más engaños ni falsías. Las Universidades cambian o desparecen. Muchas de ellas no han tenido, hasta hoy, capacidad de reacción, peor  conductas proactivas o propositivas. Más bien intentaron presentar frentes de lucha, cuestionamientos  con zonzos sesgos políticos. Pero ante lo inevitable y con la espada sobre las cabezas, se han sometido a las evaluaciones que marcarán su destino final. La calificación D obtenida en la evaluación anterior, es el inicio del viacrucis que debe seguir camino al Gólgota. En todo Calvario, hay verdugos.
 La pregunta que cabe en estas circunstancias es cuánto ha retrocedido la Universidad de Babahoyo. El modelo de gestión es igual hace veinte años atrás. Estancarse, es retroceder. Retroceder, es desaparecer. El riachuelo que no tributa en las cuencas formando los grandes ríos que llegan al mar, sus aguas se evaporan y terminan filtrándose al subsuelo: queda el lecho vacío. La vida en el entorno muere.
Paradojas de las aguas caprichosas. No se concibe un funcionamiento de un Campus, que periódicamente queda sumergida bajo el agua. La ciudad superó ese trauma invernal, de parecer Venecia sin sus encantos, paralizando las actividades y sufragando cuantiosas pérdidas económicas. Las soluciones que se dan son irracionales hasta el delirio. Levantar el nivel del piso de algunos espacios, oficinas especialmente, mientras la solución técnica y definitiva no se da ¿Si el Campus se inundó, cuánto ha favorecido elevar el piso, si todo el espacio es inaccesible? Este fenómeno es consustancial al sistema sanitario: agua potable que no hay;  y aguas negras que contaminan la zona con infiltraciones de los Pozos Sépticos. Este cuadro sanitario grafica la opacidad de la gestión y el estancamiento del desarrollo de la Institución. 
La infraestructura edilicia es anti funcional y deficitaria. No se ha construido un metro cuadrado nuevo en edificaciones. En cambio, ha existido un festín de espacios reciclados. Práctica  útil en última instancia, pero lleva la impronta de la improvisación  con todas sus consecuencias.
La Universidad ha pagado con creces una gestión administrativa sin brújula y patrones caducos. Una gestión rígidamente centralizada, improvisación permanente, diseño de Planes Estratégicos de compromiso; falta de transparencia especialmente económica y financiera; falta de autonomía en las direcciones medias; ausencia absoluta de Planificación Física; sueños rotos de Palacios de Cristal; y un largo rosario de caos organizado. Alguna vez intercambiamos con un Decano la falta de los principales pilares sobre los que debería  asentarse una arquitectura de gestión moderna, eficiente y transparente. Primero, una Oficina jurídica Técnica, con personal calificado, que interprete, cumpla y haga cumplir las leyes y reglamentos, y defienda los intereses Institucionales. La Comisaria montada al vuelo y luego perennizada, ha traído innumerables problemas legales a la Universidad; una solvente Sindicatura habría evitado largas,  frecuentes y bochornosas procesiones por la calle de la Catedral en procura  de la Justicia.
Segundo, el  trazado de Planes económicos y financieros de corto, mediano y largo plazo, solo lo puede realizar un Departamento Financiero Técnico, bajo la dirección de un experto en el área económica y financiera; la carencia de una política financiera y una programación de gastos e inversiones, es imposible un desarrollo sostenido. Lo que existe actualmente son unas bien despachadas oficinas de Contabilidad; donde lo más importante es el Debe y el Haber. Nunca antes, se ha dispuesto de holgadas y puntuales partidas presupuestarias gubernamentales.
El tercer pilar de la construcción administrativa que exigen los gurús gerenciales, es el Talento Humano, la gente siempre ha existido, pero ahora la especialidad del trabajo lo selecciona con escrúpulos. El Gobierno central marca la pauta de ese requisito para emprender en el camino hacia adelante. Claro, es indispensable saber cuántos son, donde están, quienes son, para que sirven, que saben etc. etc. El Presidente de la Asociación de Profesores en magna asamblea expresó, que en las oficinas de Personal, no existía archivo alguno; y que él había realizado ese trabajo: levantar una base de datos de los Profesores.
Finalmente, para terminar de construir el edificio que será el epicentro de la gestión administrativa rectora, dinámica y moderna de la Institución, es indispensable que la cuarta columna sea el bagaje, el acervo y la honestidad de sus actores.
CONCLUSIONES
La justicia es la posibilidad de construir el bien y la capacidad de reconocerlo. Entonces, la Justicia es un valor y una Institución tutelar a la que se debe recurrir para hacer valer los derechos y reconocer los deberes. Pero esta dama de ojos vendados, balanza en mano y espada refulgente, puede ser manoseada y pervertido su fin. En el Ecuador contemporáneo, apareció un personaje que ejerció el poder de Presidente de la República; cuando lo abandonó, se apoderó de otro poder: la Justicia; y con ella tejió una urdimbre de poderes que le sirvieron para perseguir a sus enemigos como “perro con hambre”. El ejercicio y práctica de la política la judicializó. Hoy, se puede afirmar, sin dudar un instante, que su vida pública tuvo un triste final, y causó un enorme daño a la Nación. Algunos beneficiarios, solamente, recordaran su memoria. Nadie más. En la gestión administrativa de la Universidad se practicó con meticulosas prolijidad ese guión: la judicialización. No se explica de otra manera que una Academia tenga en sus páginas 78 misceláneas causas de acciones/delito (www.fucionjudicial-losrios.gob.ec/index.php/consulta-causas)  en los Tribunales de Justicia de la República. Algunos dicen que son mas, no hay testimonios. Aquí no cabe un solo comentario ni argumento adicional. Todo está dicho en este párrafo.
El pensamiento del MEMORIAL es paradójico con la realidad;  y de ahí el Titulo de esta reflexión. La incertidumbre y el pesimismo es la cuerda que aprieta las gargantas de los colectivos. Sin embargo no sucede lo mismo con los que han medrado: después de mí, el diluvio. Como el personaje del frondoso árbol genealógico.
 También otros, en los patios de espera, se aprestan al reemplazo. Tienen el mismo perfil: tupidas tramas familiares, visión académica aldeana, refractarios a la cultura y al arte; pero llenos de entusiasmo.
El desvelamiento de la realidad no hubiera sido posible sin un Gobierno como el actual, que corrió el  telón de falsos escenarios universitarios. La construcción de un cambio de época para la Universidad, solo está en manos de los organismos creados para el efecto por el poder público. La Institución es un enfermo de diagnóstico reservado, sus actores y protagonistas principales, son fundamentalmente pacientes; y no tratantes, como se empeñan en aparecer.


martes, 23 de abril de 2013

LA PESTE


Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                                                     3-3-2013

La muerte colectiva y sistemática de las sociedades suele advenir por una masiva descomposición biológica, atacada por  virus, bacterias u otros patógenos; o, por una impasible e incomprensible destrucción ética y moral de sus integrantes, producida por grupos de sus propios miembros, a veces influenciados por agentes externos. “La corrupción construye agujeros negros y vacios ontológicos en la vida de la multitud que ni la ciencia más perversa puede camuflar” -señalan A. Hartd Y A. Negri en su libro Imperio-. Los agujeros negros devoran con su pequeña masa, pero descomunal fuerza gravitacional, cualquier galaxia que asome por su vecindad. ¿Cómo esa peste se apodera de la sociedad en su conjunto? ¿Cómo el pequeño ejército de corruptos toman para sí la voluntad de la multitud dejándola desvalida y pesimista de su propia existencia? Hagamos un recorrido a vuela pluma por esos sórdidos mundos.
La histórica descomposición y pesimismo moral de los pueblos llega a su apogeo en distintos tiempos y lugares, cuyas devastaciones, a veces, no dejan rastro alguno de su pasado glorioso. Las características tienen rasgos comunes, dimanan desde los poderes políticos, económicos o religiosos, principalmente. Pero, nunca antes ha sido tan universal, global; con asiento en los centros de poder mundial, el imperio y su religión: el neoliberalismo. Esta peste lo mismo cunde en la matriz EE. UU., como en la vieja Europa. En América Latina y África es más descarnada la realidad. África no existe en las estadísticas, es consustancial al hambre y analfabetismo que padece.
El caso inmediato alucinante, que conturba: el de una “maestra”, Elba Esther Gordillo en México; deja atónito sin discrimen, y al más canalla lo paraliza momentáneamente. Un gris personaje de provincia, en jugadas maestras de gambito de dama, como en ajedrez, en complicidad  con  el centro del poder político de la Nación se apodera del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación –SNTE-. El sindicato de maestros más poderoso de América Latina, 1’600.000 afiliados; y con el construye unas relaciones de poder e intereses económicos primero, políticos después; poniendo a sus pies a cuatro Presidentes, al Congreso y a cualquier aspirante a magnate o político. Ningún administrador público puede existir sin su omnipresencia, sin su venia o reprobación.  Había llegado, donde el piadoso creyente le pide a Dios que no le dé, pero que lo ponga donde haya. Nada más. El magisterio no era su objetivo, los profesores tampoco sus feligreses, eran súbditos de una imagen imperial que otorgaba beneficios en migajas por aquí, lisonjas por allá; con un discurso tradeunionista, pero masa obediente, fundamentalmente, en el cumplimiento de sus ambiciones sin límites; carente de todo asomo ideológico, o de escrúpulos. Tampoco, las políticas educativas del Estado estaban en su agenda, cuando estas aparecen, son la razón aunque secundaria  de su caída. Aquel sindicato era una corporación nacional profundamente enraizada en el Estado. Ingresos mensuales de millones de dólares de sus profesores aportantes. El sindicato tenía  calificación de alta gama en la organización empresarial, que exportaba el modelo que habían montado. Estuvieron en alguna ocasión delegados del SNTE enseñando a nuestra UNE los éxitos,  y cómo podrían lograrlos, nuestros criollos maestros. Creo algo aprendieron, algunas premisas pusieron en práctica. Pero el background de la “maestra” de marras, no fue suficiente,  su oposición a las reformas educativas que el PRI remozado y antiguo aliado deseaba poner en práctica, la puso en la cárcel, acusada de corrupción, con un copioso prontuario de beatíficos, solidarios y  sucios enguajes. El monto de la acusación supera los doscientos millones de dólares.
Para que exista una ficha encumbrada a esos podios, es precisa la existencia de una estirpe de gobernantes de la misma ralea. Y claro que la hubo: Salinas de Gotaire, Fox, Calderón y el inefable PRI como escenario de fondo. El sindicalismo mexicano ha sido una calificada escuela de históricos dirigentes que han compartido el poder político con la más rancia oligarquía nacional, sirviendo de plataforma para mantener el sistema inconmovible y para construir sus propios cotos de poder, inclusive competir con el estilo de vida de las elites. Lo que acontece en México, alrededor del sindicalismo me trae a la memoria un episodio en mi vida, aunque efímero,  me ayudó a una visión  holística de la sociedad y el mundo: en los años sesenta, en algún debate sindical en el que ocupé un secretaría, se decidía si vamos, o no, a una mega huelga -razón inmediata para ir con mis huesos a la cárcel y envainar las armas de mis luchas laborales- con un sinnúmero de instituciones del Estado, un tertuliano argentino invitado, nos ilustró con un panegírico bien puesto, de un verdadero líder, filósofo, luchador, un ícono del sindicalismo: Vicente Lombardo Toledano. ¿Cuándo empezó la sociedad  Mexicana a llenarse de vergüenza con los dirigentes de los trabajadores? Con los grupos  políticos parece que siempre fue así. Hoy en ese País, la peste de su propia descomposición moral y el desaliento, es una epidemia de diagnóstico reservado. El affaire de la Gordillo unos lo ven con lentes políticos ya repetidos, el gobierno lo niega, y dice ser un procedimiento judicial.
El sindicalismo proletario industrial no existe más en la globalización, sobrevivió el gremialismo público, convirtiéndose en poder fáctico, mediatizado y corrupto como cualquier estructura económica que apuntala o bloquea políticas estatales de acuerdo a sus intereses mezquinos.  Aquí en Ecuador, se refugiaron con ahínco los “Gordillo” -como la señora del cuento sin horizonte ideológico alguno- los saldos del extremismo izquierdista en la iníciales MPD; representante de una militancia delirante en pos de una revolución fantasma. Sus fuertes,  desde los que con piedras y candela revolvieron la educación, fueron algunas universidades, y uno que otro sindicato público. Sus cuadros actuales, figuras impresentables como la una maestra manaba parecida a El Grito de Munch, pero al revés.  Rostro no de miedo, sino de locura. Para ellos el País es el mismo de hace treinta años, empatando en manos de la derecha entreguista, a la cual cortejaron en repetidos eventos políticos. La derecha los utilizó.  Ellos hicieron lo mismo. Lo extraño de todo esto, es que, para conservar el remoquete de revolucionarios, se auto complacen -como el gran masturbador de Dalí- reuniéndose en la clandestinidad para llevar a cabo actos políticos públicos -la clandestinidad otorga credenciales de rebelión, conspiración, revolución, siempre fue así, también mañana-; pero los actores, temas y debates los pueden realizar en cualquier centro comercial del País, y nadie se mosqueará.  Existe una pequeña diferencia con los militantes del partido comunista, los dirigentes históricos murieron, lo herederos cuando se enteraron de su soledad, tuvieron la decencia de emigrar a la luz del día a la Izquierda Democrática unos, y los demás a la extrema derecha. Que hoy lo mismo chana que juana.

LAS CLASES, EL AMOR Y LA LUCHA


Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                                                20-03-2013

El fenómeno  político que ocurre en buena parte de América Latina, en cuya dinámica subyacen inexorables  leyes de la dialéctica en la eterna lucha de las clases sociales, que algunos líderes, por razones poco comprensibles las ignoran, y tampoco las agudizan; y más bien, en un coctel místico-religioso cargado de sentimientos y emociones, buscan construir un sistema político-económico socialista del siglo XXI.
Negar la lucha de clases en la estructura de la sociedad actual, equivale a negar la supervivencia  de las especies más aptas y versátiles en determinados ecosistemas. Las clases sociales y sus antagonismos existen independientemente de cualquier voluntad. Las clases sociales no son las fichas sobre el tablero del ajedrez, que después del juego, el Rey, la Reina y los peones vuelven a la caja. No debe confundirse la violencia de la turba que pueda provocar una protesta o reclamo, como los muchos que existen ahora en Europa, y en España con frecuencia y ahínco. ¡Qué aquello lleva implícito los genes  de esa contradicción: la lucha! No cabe duda alguna. Pero la lucha que la dialéctica descubre como ley, es aquella en la que los individuos ocupan en el juego de las fuerzas productivas y la apropiación de esa riqueza generada; para de inmediato pasar a saber  quién y cómo administrarla. El magnate estadounidense del dinero Warren Buffet, con sincera sorna, dice: “La lucha de clases sigue existiendo pero la mía va ganando”. Ignorarla, ocultarla o peor desconocerla es pretender hacer la revolución con vino y hostias en el altar de la misa.
La expresión más alta y evidente de esa lucha, es el poder. En principio cualquier poder. Pero el más arrasador es el poder político y económico. El Leviatán de T. Hobbes; la acción humana motivada por el deseo irrefrenable de dominación permanente, sin delegación; solo suspendida por la muerte. Pero el problema surge, porque para lograrlo es preciso enfrentarse a los demás: “Bellum ómnium contra omnes (guerra de todos contra todos); y la frase hecha “Homo homini lupus est” (El hombre es el lobo del hombre); dibujan el eterno dilema de la confrontación de los estratos sociales, solo cuando adquieren conciencia de clase. La categoría de conciencia de clase es compleja y múltiple. Pero es ella, la conciencia, la que construye la panoplia para la lucha: ideología, acervo, solidaridad, desprendimiento, coraje, heroísmo; y también amor.
En el arco iris de cambios, de mayoría coyunturales, que algunos gobiernos progresistas, también llamados socialistas el siglo XXI, están impulsando en América Latina; unos tímidamente, otros más  radicales, escamotean el discurso y la práctica de la lucha de clases; porque no creen en ello, o porque no es preciso en el contexto del nuevo modelo, a pesar que sus acciones aritméticamente están orientadas a sectores desvalidos. La percepción que existe en los Países del ALBA, es que Bolivia dadas sus particulares contradicciones, la lucha de clases se da palmo a palmo, estrato a estrato. La inmensa masa indígena presenta batalla en todos los planos a la pequeña, pero poderosa aristocracia heredera de siglos de las riquezas y del poder político. A pesar del arraigo de su sincretismo, el futuro lo acarician con más anhelo que otros pueblos de la región. El mismo Evo, es la encarnación de esa conciencia de clase en la lucha por revertir la historia.
En la práctica política revolucionaria no existen adversarios. Existen enemigos de clase. Adversarios, son los candidatos vecinos en las campañas electorales, cuyas plataformas y discursos son los mismos, pero con diferentes y cimbreantes  cachiporreras. Nada más. La lucha de clase esta signada por el peligro interno y externo, cuyos grupos facciosos obedecen consignas de la anti patria. No se puede hacer transformaciones estructurales, revoluciones, ofreciendo rosas y miel con amor, café para todos, o piadosos rosarios de buenos sentimientos. Hugo Chávez, en Venezuela, prodigó todo lo anterior, pero también armó a grupos milicianos civiles, atentos  para dar una repuesta militar cuando la ultra derecha amenace, independiente del vuelco que dio a las fuerzas armadas hacia un proyecto socialista. El antagonismo de clase lleva implícito el germen de la violencia, de la guerra civil; en fin de la revolución. Las fuerzas coaligadas del capitalismo fascista tienen francotiradores de todo calibre, de todo pelambre a tiempo completo para sacar del escenario a Correa, Morales, Maduro y todo aquel que se empeñe en cambiar el destino del imperio.
El brebaje religión y política no ha sido, tampoco será la panacea para aliviar las tensiones que provoca la lucha. Es más, algunas sectas son aberraciones y asaltos a la razón; hordas con la biblia en la mano usándolo como mazo al cerebro. Acaba de demostrarlo un adocenado bíblico fungiendo de candidato a la presidencia en el Ecuador. La religión católica goza de los mismos traumas irracionales por sus cuatro costados, incluido el celestial. El espectáculo del nuevo Papa en el Vaticano, es marketing, inútil para los creyentes, pero valioso y necesario para el sistema neoliberal.

jueves, 21 de febrero de 2013

LA TAREA DEL LÍDER

                                            
ARQ. VICENTE VARGAS LUDEÑA                                                                                   21-2-2013

El desarrollo del conocimiento y la producción de ciertos artilugios tecnológicos, especialmente, nos deslumbran tanto que llegan a enceguecer la realidad que nos rodea. Periódicamente los pensadores en los centros de poder clasifican las épocas dependiendo de sus intrínsecos e inmediatos objetivos: milenios, eras, olas, épocas etc. La realidad como latinoamericanos y ecuatorianos que conocemos, hemos vivido y de ahí provenimos son: la pre-colonia, la colonia, la influencia de la modernidad mezclada con rasgos feudales venida desde afuera, y la época actual que nadie apunta como definirla, salvo el sambenito universalmente aceptado de posmodernidad, con toda la carga ideológica y su respectiva impronta del capital financiero, como protagonista en la aldea global. En este intrincado panorama de las épocas y lo modelos, nos desenvolvemos no solo teóricamente sino también en la praxis; especialmente con las experiencias políticas electorales que acabamos de vivir en Ecuador electoralmente, el 17 de febrero del año en curso; y que nos ubican en diferentes disyuntivas nunca antes vividas.
Evidentemente, la complejidad de los modos y  multiplicidad de las relaciones de producción, nos impiden discernir y constatar fenómenos históricos que han sido, y  son aún comunes en la vida de los pueblos y la existencia de los seres. Es necesario partir de lo simple y de lo uno: la lógica, la ética y la estética, son las herramientas primigenias y vertebrales en la vida del ser. Estas, han servido para crear el homo habilis, el homo sapiens y el zoon politikon. De este animal político es que deseamos descifrar sus tareas, en el cual están implícitas las categorías arriba mencionadas, además, son una prueba de vida en la organización de una sociedad más justa y equilibrada y el líder las debe  cumplir a cabalidad.
La ratificación unánime que la multitud ha dado en estas elecciones al Presidente  Rafael Correa y a su Proyecto político a través de la masiva selección de Asambleístas de su propio movimiento, es un fenómeno de particulares características históricas. Y es fenomenal el acontecimiento, porque se ratificó lo que tenía un pálido resplandor: ahora, se consagra la figura y presencia del líder con todo el peso de su carga semántica. Correa ha dado un paso trascendental, de Presidente se ha convertido en conductor de un pueblo. Nuestra historia política  ha tenido decenas de Presidentes; conductores escasos. Su mérito de líder, comienza torciéndole el brazo perverso al oprobioso pasado que las elites  habían montado en el País; y con firmeza ofreció otro camino por donde transitar. En el desamparo, descomposición moral, pesimismo y un incierto final que le esperaba a la Nación, cualquier camino que no sea la inequidad el pueblo valoraría. Por esta razón es preciso señalar la consagración y tarea del líder y su liderazgo en el ejercicio del poder.
En América Latina los pueblos están agotando su paciencia frente a tanto desamparo, extorsión y sometimiento de las economías hegemónicas, y parasitados por las oligarquías locales de cada nación. Con  partos dolorosos y gestados en grandes y  a veces cruentas epopeyas, las multitudes han tanteado al conductor que la guíe e interprete su penar; muchos resultaron felones. Así mismo de sus entrañas están saliendo los líderes que llegan puntuales a destruir el pasado ignominioso. Venezuela, Bolivia, Argentina y por supuesto Ecuador, son algunos ejemplos vividos. Esto no es panegírico de nada; es solo una crónica objetiva de lo que estamos viviendo; aunque corifeos criollos  e imperiales denuesten rabiosamente de estos pueblos por trazar sus propios horizontes, y vaticinen el Armagedón a sus vidas. El pueblo se equivocó en las elecciones, salió a decir un político de derecha.
Rafael Correa, interpretó la historia con las herramientas que adquirió y pertenecían a su vida: su extracción de clase, su talento, la academia,  la cualidad de líder y la voluntad de poder. Con esas armas inició el tortuoso y largo camino de transformar la abyecta realidad. Lo está logrando, así lo reconocen desde todas la puntas de la rosa de los vientos, también los más cavernarios retrógrados, aunque lo hacen en silencio y con miseria.
La victoria electoral, jamás debe ser vista como una reconfiguración política del Ecuador; aquello puede ser efímero; hemos vivido esas experiencias  con Velasco Ibarra, Guevara Moreno, principalmente. Este salto debe ser cualitativo, una vía al nuevo orden mundial, justo equitativo y pacífico. He ahí el papel de conductor que a su pueblo lo proyecte, y su onda expansiva cunda la región y contagie al mundo.
El tamaño de la responsabilidad y la envergadura del proyecto político no serán ligeros, tampoco fugaces. La tarea es titánica, permanente y plagada de peligros; por eso, una vida no basta. El horizonte que se labra, debe involucrar a los que, atrás vienen. Y aquello se mide en tiempo y espacio: décadas y geografías. No es comprensible, después de cuatro años, un Correa retirado en cualquier lugar del planeta iniciando su solaz envejecimiento, o convertido en burócrata internacional. Lo planteo sin  asomo de culto, lo hago desde la trinchera que nos toca combatir al enemigo. Sus justificaciones podrían ser humanas, pero la tarea es sobrehumana. La alternabilidad que la gran burguesía reclama y el imperio predica es una elaborada trampa para evitar cualquier cambio en el modelo. ¿Cuál es la diferencia entre Febres Cordero y Rodrigo Borja; Mahuad y Noboa; para comparar dos lumpen: Bucaram y Alarcón; Obama y Bush; Zapatero y Rajoy; Sarkozy y Hollande Etc. Etc.…? Otro argumento deleznable de los mismos sectores es la eternidad en el poder del verdadero líder, que se convierte en autócrata, tirano y otras aberraciones; el mismo argumento podría ser válido para las monarquías en la cuna de la civilización occidental, Europa. No solo que, aquellos  mueren en el poder sino que traspasan el trono, para que sus descendientes también mueran en ese sillón. Aquí hablamos  del conductor, no del liderazgo del marketing del consumo y las finanzas que nos ha vendido el neoliberalismo, asignándole categorías epistemológicas; es el conductor de la multitud que eligió liderar para siempre. Para ese liderazgo no hay plazos, treguas, descanso, rutina familiar -estoy recordando la pléyade de conductores que la humanidad y también la mestiza América Latina ha tenido-.
La tarea del líder es paralela a la tarea del héroe. Ambas son históricas. El héroe siempre rinde homenaje a la sociedad y a la Patria con su muerte; pero su vida está marcada por el ejercicio pleno de su libertad, es un aristócrata del mundo. Al héroe los pueblos  lo recuerdan, pero sobre todo, infinitamente lo aman. Al héroe –dice Bakunin- se lo debe fusilar al día siguiente de la revolución. Algunos ripostarán con furia los parangones, porque sus almas son de tamaño granular: insignificantes. Correa no es un héroe, es un líder. Pero es el ejercicio pleno de su libertad, de trascender eternamente, o volverse simplemente, un párroco  motivador de aldea de los sueños populares. En consecuencia, debe cambiar su discurso de retirarse para siempre a sus cuarteles de invierno después de cuatro años.
La patria lo requiere hasta siempre. Lo realizado y alcanzado en el País, incluida la verde esperanza que vive el pueblo, sin la presencia del líder, será fácil el retorno de las aves carroñeras, y los recuerdos serán solo  fuegos fatuos.