Arq. Vicente Vargas Ludeña
El Apocalipsis mediático que los empresarios de la comunicación han venido provocando desde hace algún tiempo en el País, llegó a su clímax, con el juicio y sentencia condenatoria por parte de la justicia al periódico, El Universo y su editor. La onda expansiva ha cundido el planeta, especialmente en nuestro hemisferio, sede del gran Cartel –no, el de los Sapos, pero con rasgos homólogos- la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP. El Cartel es una organización empresarial que controla gran parte de la producción, distribución e intercambio en un mercado; casi siempre son de naturaleza monopólica, en consecuencia bordean o viven inmersos en el mundo siniestro del chanchullo; por ejemplo: el Cartel de Cali, en la triste época de Pablo Escobar, o el Cartel de Juárez en pleno auge de la narcoviolencia, en México. Esta estructura hemisférica mediática, ha enfilado toda su artillería contra el gobierno del Presidente Rafael Correa Delgado. Claro está, que todos sus congéneres nacionales se ha unido, cada cual en su propia trinchera, para dar las batallas que crean necesarias, hasta ver plasmados sus ideales: regresar al pasado. En ese concierto, el Ecuador, paisito perdido en los gélidos Andes se ha convertido en el peligroso enemigo de la libertad de expresión, y ha retornado abruptamente al frío y mudo silencio de las cavernas.
En Hispanoamérica los medios y los grupos que están detrás de estos, han diseñado históricamente el sistema jurídico-político que debe regir en cada Nación, para con él, beneficiarse. El libreto es el mismo para todos los países: libre mercado, desregulación ilimitada e infinita, cero Estado; los actores, idéntico, los medios, las oligarquías, las cámaras, la iglesia y en la zaga algunos guardias pretorianos para dar el golpe final; el auditorio, como siempre, el pueblo espectador. Más, han transcurrido cuatro años de este gobierno y existen pocas posibilidades que acontezca el corsi e ricorsi de la historia vivida de los ultimas tres décadas. Pero estos grupos, los medios como sus voceros, no comprenden que efectivamente los pueblos de América apuestan por otro destino y otro sistema, y han salido en su búsqueda. Paralelo a ese anhelo, sentimiento, ideal, pulsión, como quiera llamárselo, aparecen personas que interpretan ese ethos y se convierten en líderes y conductores. En los países altamente desarrollados, estas personas no son indispensables, en estas geografías, se vuelven paisaje. No puede, ni debe ser negativo este fenómeno como algunos estigmatizan, simplemente es historia.
En realidad los que viven su Apocalipsis, son los medios y la congregación de conspiradores de todo pelaje, desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, que viven al acecho de la presa: el poder total. El País solo recibe la afrenta de los que lo infaman con la verdad de sus mentiras. Sin embargo la comprensión del pueblo es vasta sobre el papel mercenario de la prensa, mas ahora, que es testigo presencial del espurio papel que desempeñan.
¿De qué manera y porqué sufren los medios su desasosiego? Primero, el País que dibujan diariamente no corresponde a la realidad de la vida social, política, económica etc.; trazan caricaturas, bocetos de una tragedia griega que desean, que así fuera, y a su vez preparan los escenarios para la representación que necesitan: compartir el poder o tomárselo; el País es Prometeo de la estirpe de Titanes, que se enfrenta al Dios de todos los dioses: Zeus; este Titán robó el fuego para entregárselo a los hombres, además les enseñó a predecir el movimiento de las estrellas, los números, la escritura, el uso de los animales para trabajos agrícolas, las medicinas, el arte de la adivinación, el modo de interpretar los sueños, y les señaló los minerales en las profundidades de la tierra; por estas bondades hacia los mortales, Prometeo debe pagar un castigo eterno: diariamente los buitres devorarán sus entrañas, restituyéndoselas por la noche, para que, la mañana siguiente, ser nuevamente devoradas, por los mismos carroñeros; y así, hasta el final de los tiempos. Esta es la condena infernal de los Dioses de la mass media a Prometeo-País. Y segundo, porque los deseos de estos dioses del Olimpo mediático, cada vez, ven el pasado, como sueños lejanos, frente a un pueblo que no esta dispuesto a ceder en su empeño: construir un nueva Patria, o por lo menos, no regresar a la ignominia. Lo cual significa, duras batallas por venir, con todas las consecuencias que ello arrastre.
Por supuesto que los escenarios, políticos y económicos, planetarios no son bucólicos paisajes. El primer mundo -EE. UU. y Europa- viven la angustia del magnate en quiebra, y sin poder dar una explicación a sus pueblos. El derrumbe del Imperio como sus torres, coloso que ha dominado el mundo a placer, especialmente a su patio trasero, resulta apocalíptico, si no resuelve en estas últimas horas su problema de la deuda; porque nos arrastrará como cáscara en aluvión. Así nos engendraron, en el cauce de su destino. Paradojas de la dialéctica, jamás nos acercamos al modelo –american way of life- de los humillantes e indignos frenesís de las oligarquías serviles locales, tampoco nos parecemos a ninguno.
El cotarro político y mediático que grupos de detractores y desertores del proyecto político han armado en el Ecuador, es sencillamente vergonzante. Si bien gran parte de carcamales políticos de la partidocracia están fuera del cuadrilátero, muchos ni siquiera en las graderías, sin embargo los que han venido ha reemplazarlos, parecen seleccionados de la misma matriz: zafios, mediocres y de una deshonestidad rufianesca. Déjenlo volver, maderas de balsa, mestizos indianizados, izquierdas destempladas, coroneles convertidos en peste nacional, sin faltar los Clavijos -paradigmático personaje que se vendía en los pasillos del Congreso por el “hombre del maletín”- modernos en la Asamblea Nacional. La composición moral e intelectual de la oposición en el Parlamento, nos releva de ampliaciones y pruebas. La señera figura política con que cuentan y es quien los defiende, el alcalde del Puerto convertido en el Chapulín Colorado, con él no alcanzaran ni el purgatorio.
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