NUEVAS UNIVERSIDADES
Arq. Vicente Vargas Ludeña Abril, 2 del 2011
Es inocultable la crisis de la educación superior en el Ecuador. Fue un largo proceso de deterioro, y como tal se produce en el tiempo y tiene, también, una prolongada causalidad, y una muchedumbre de responsables; los cuales, a su vez, responden a una visión del mundo y de la sociedad, cargada de una postura muy precisa ideológicamente y de intereses particulares orientados a determinados fines. Solo a guisa de rasgos mencionaré algunos que caracterizaron el derrumbe de las universidades. Primero, desde el Estado, los gobernantes de turno jamás comprendieron la razón primordial de toda sociedad moderna: el papel del desarrollo científico-técnico, y que esa particularidad, solo es posible en la Universidad. Segundo, las Universidades, especialmente las públicas, se corrompieron con sus propios actores, o mejor, estos lapidaron la nobleza institucional que históricamente tuvo y que debió conservar, convirtiéndolas en guetos. Tercero, tugurizado el ambiente y prostituidos los intereses de los actores, se volvieron ciudadelas infranqueables del delito, cultura de baja estofa y un remedo del pensamiento; la Provincia de Manabí, en la década de los años noventa del siglo pasado, fue administrada por profesionales que salieron de las aulas de su Universidad en la época más oscura que se tenga conocimiento en la historia del delito, en maridaje con un tenebroso personaje: Macario Briones, alias “Don Maca”. Finalmente, en el reino del perpetuo caos, florecieron como maleza, Universidades privadas de zaguán, ofertando carreras que el mercado del consumo, según sus ideólogos, requería. Ignorando veladamente que existe otro universo del conocimiento indispensable que crea y produce lo que el mercado y los mercaderes necesitan para sus pingues negocios y fácil acumulación de riqueza. Emprendedor, es el remoquete que le asignaron al estudiante, aspirante al conocimiento universal. Todavía lo siguen haciendo. Ha transcurrido un cuarto de siglo desde que se inició esta macabra jornada académica, el País hasta ahora no conoce el resultado empresarial de tanto emprendedor formado en las Universidades de papel y en los tugurios amorales. Estos grupos que se apoderaron de los centros de educación superior pública y las universidades caricatura que surgieron, han causado un enorme daño a los estudiantes que no podrán encontrar trabajo por su insolvencia profesional; daño le han ocasionado a la familia de esos estudiantes porque truncaron sus esperanzas; a la sociedad, porque pervirtieron y no educaron al ciudadano; al Estado, porque sus inversiones o gastos no se reflejan en ningún beneficio colectivo. Todos hemos perdido.
Ha sido en el momento actual, que la sociedad ecuatoriana a través del debate, se enteró de la realidad de la educación superior. Se ha trazado nuevos senderos por donde debe transitar la nueva y verdadera Universidad; debiéndose reconocer, sin embargo, tampoco es la panacea el nuevo marco de referencia, porque muchos harán la torera para burlar al bicho y seguir en su frenesí corrupto, ignaro, nocivo y dañino. Lo digo, porque lo conozco desde sus entrañas, y por décadas.
Sin embargo, no todo está perdido, existen Universidades que han comprendido su histórico papel en la sociedad contemporánea y se han inscrito en la competencia de construir un verdadero País. Mi reciente experiencia académica, en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, en Quito, debido a una cordial invitación por una semana, para participar como profesor temporal en el II Taller Nacional de Arquitectura, del 21 al 25 de Marzo pasado, me permitió percibir el espíritu de claustro, no místico, si, del pensamiento objetivo, la organización, la seriedad institucional, el rigor en el tratamiento del aprendizaje, la inquietud cuestionadora, la búsqueda de experiencias alternativas profesionales y académicas. Y otras cualidades indispensables que por la fuerza de la gravedad, en estos lares, siempre las veía tumbadas en el suelo, y a las cuales, también, uno se acostumbra, volviéndose cómplice y complaciente. Esa, talvez, sea mi más rica experiencia en los cinco días que compartí con estudiantes y profesores de esa respetable Universidad, en la Facultad de Arquitectura. Lo que yo pude dar, creo, que fue poco. Expositor de pasados esfuerzos individuales de investigador e inventor de nuevos sistemas constructivos, nuevos materiales de construcción y sobre todo compartir una experiencia de vida, de sueños quijotes en un País sin brújula. Diseñar y construir, es una de las tantas funciones del arquitecto, investigar y proponer respuestas originales a necesidades originales, es también, el papel integral de todo profesional integro, en todas las esferas del conocimiento.
Estoy convencido que Universidades, como la PUCE, serán eternamente referentes de la cultura nacional, de un pensamiento filosófico regional y de una afirmación de nuestra identidad. Es de señalar que lo meritorio de esta Universidad es su búsqueda constante de nuevos horizontes, salir en procura de los casilleros que la sociedad le asigna en el desarrollo del Ecuador, y ahí encontrar sus propias identidades, también.
Está claro, que no son todas la Universidades, a las que me referí, las que se corrompieron en el mismo grado. En el análisis no se puede discriminar, porque, además, el problema tiene, indudablemente, sus matices. Los resultados son concluyentes, están a la vista de la vindicta pública. No mas excusas, ni disculpas. Los que no pudieron, porque su estolidez y voracidad los atrapó, se convirtieron en estatuas de sal como Lot y su familia: en sus Sodoma y Gomorra. Así, de simplemente bíblico.