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jueves, 17 de febrero de 2011

JUVENTUDES ORGANICAS

Febrero, 2010
Arq. Vicente Vargas Ludeña
Los seres humanos no tienen ni el deseo ni la habilidad para vivir en el aislamiento, ya que, de hecho, no pueden cada quien, satisfacer sus necesidades materiales y morales fuera de la sociedad y de la cooperación con sus semejantes, inevitablemente ocurre que aquellos que carecen de los medios o de una conciencia lo suficientemente desarrollada para crear una organización libre con otros que comparten sus mismos intereses y sentir, deben someterse a la organización de otros, generalmente de clase o de grupo dominante, que busca explotar en ventaja propia el trabajo del resto. La ancestral expresión de las masas por un pequeño y privilegiado número, ha sido siempre la consecuencia de la mayoría de la gente para llegar a un acuerdo entre si y crear organizaciones con otras personas (trabajadores siempre) para la producción y goce y, ante la eventualidad, para la defensa en contra de sus opresores y explotadores. En consecuencia la historia de la humanidad está construida sobre la base de los grupos que se han organizado para sobrevivir ante la adversa naturaleza o para romper cadenas y atavismos; y, solo ahí empujar otros destinos.
La mejor y más cabal forma de organización, es la expresión política, porque requiere de principios, de una cosmovisión de la vida y el mundo. Los cambios, avances, transformaciones y revoluciones han requerido el contingente orgánico de los actores que mueven el carro de la historia. Ni siquiera un resumen sintético de esas trayectorias, no ilustraría satisfactoriamente, aquí, esa plétora de lo que la humanidad ha sido y es capaz; además nos distraería de nuestro objetivo. El individualismo egoísta, displicente que el capitalismo consumista ha creado, en la meca de la mercancía, los EE. UU., ha llegado hasta nosotros con todas sus aberraciones. Una ocasión verifique con asombro la existencia de una capilla religiosa en una ala de un centro comercial –llaman Mall- me pregunté ¡¿será que dan gracias a Dios, los mercaderes, por esquilmar al ciudadano alienado; o éste porque el creador le ha permitido llegar hasta esta basílica comercial, y dejar lo poco que ha ganado con mucho esfuerzo!? Estas condiciones escarnecen y crean en los individuos indiferencia y aislamiento frente a los problemas que atañen a la sociedad; además niega toda forma de introyeccion de esas circunstancias en la conciencia personal. Mientras más dispersas las singularidades, –llamase a estas, las unidades que componen la sociedad- mejor oportunidad para las elites para la explotación y dominación. Las víctimas propiciatorias de este complejo y deshumanizado sistema que existe, y que no lo podemos eludir, son los jóvenes. Si a eso le añadimos, la calidad deficiente de la educación en general, tenemos ya un coctel de consecuencias letales para la sociedad.
En la década de los años 60 – 70, existía en la atmósfera social, especialmente en Europa y EE. UU., el pesimismo, la angustia y hasta el absurdo existencial que había dejado la segunda guerra mundial; a su vez, el capitalismo llenaba esos vacíos con el confort y el consumo, diferenciándose de los países del sur, donde estos, llenaban la inseguridad de sus propias vidas y el pan diario de la mesa, con diferentes formas de lucha a través de organizaciones que pagaban caro sus reivindicaciones. En el seno del capitalismo, de todas maneras surgieron estructuras anti sistema, aunque tenían una elevada dosis de diletancia espiritual, lúdica y sensual, eran sin embargo, expresión inconforme de esos grupos, fundamentalmente jóvenes. Nos estamos refiriendo al movimiento hippy. Podría llamarse el anarquismo posmoderno, de todas maneras su grito de guerra, era la paz y la libertad. En este mismo hilo conductor, las nuevas tecnologías crean para la juventud instrumentos poderosos de comunicación y vinculación, que están haciendo temblar a los sistemas y a los Estados caducos. Egipto es un paradigma en estos momentos, hablaremos más adelante de este fenómeno.
Pero retrotrayéndonos en el tiempo, hablemos de nuestra patria. En las décadas del siglo pasado, antes mencionadas, existieron dos actores principales que enfrentaban al Estado excluyente, injusto y oligárquico: los sindicatos y los estudiantes organizados. El sindicalismo, aunque agónico ya para ese entonces, heredó las estructuras orgánicas que el partido comunista había creado desde los años veinte: jerarquizadas, celulares, disciplinadas y combativas. La burocracia se sindicalizo, y los sindicatos se burocratizaron, lo cual enfermó de muerte a esas estructuras. La vieja forma de organización sindical, nacida en el siglo XIX y con el fin primordial de negociar los salarios de un determinado sector de actividad, ha dejado de ser suficiente. En primer lugar y tal como hemos expuesto, los sindicatos no pueden representar a los desempleados, a los pobres, ni siquiera a los trabajadores móviles, flexibles y provistos de contratos temporales, autores del trabajo inmaterial, etc.; pese a que todos ellos participan en la producción social y aumentan la riqueza. En segundo lugar los sindicatos clásicos están divididos por línea de actividad y por productos que se definieron en la época gloriosa de la producción industrial: un sindicato de mineros, un sindicato de aseo de calles, un sindicato de ferrocarrileros, y así sucesivamente. Hoy, en la medida en que las condiciones y las relaciones de trabajo se hacen comunes, esas divisiones tradicionales ya no tienen sentido (ni aunque tratáramos de actualizarlas), no sirven sino de obstáculo. Por último, esos sindicatos antiguos se han convertido en organizaciones puramente económicas y clubes sociales; la motivación política de la lucha ya no existe. En los países capitalistas dominantes se les concedió un estatuto legal y constitucional a cambio que se dedicaran exclusivamente a sus reivindicaciones del puesto de trabajo y a la negociación salarial, y renunciaran a confrontaciones sociales o políticas. En la globalización el trabajo, cada vez, es más inmaterial, eso no significa que no se produzcan papas -de comer tenemos que hacerlo diariamente- lo particular de las formas de producción contemporáneas es que, el toyotismo, tiende a robotizar todos los procesos, es decir hay un cambio bíopolítico, independiente de nuestra voluntad y conciencia. Mientras que los sindicatos tradicionales defienden los intereses económicos de una categoría limitada de trabajadores, lo que necesitamos es crear organizaciones laborales capaces de representar toda la red de singularidades que producen en común la riqueza social.
Lo expuesto del sindicalismo, es válido para las organizaciones estudiantiles y de jóvenes. La FEUE, fue la estructura estudiantil más respetada, inteligente y luchadora que haya existido. Los gobiernos –Velasco Ibarra, era uno de ellos- le temían y la odiaban. El sistema –dígase la burguesía- la corrompió y la castró. Hoy es un remedo, una caricatura. También, como el sindicalismo, las elites prostituyeron al movimiento y sus organizaciones con el apoyo entusiasta del infantilismo izquierdista. Del Movimiento y las organizaciones indígenas, es necesario hacer un análisis desapasionado en el contexto de la dialéctica ontológica, étnica, antropológica, productiva, política, y por qué no, hasta en las utopías. Alguna vez se pensó, yo también así lo creí, que los únicos grupos sociales del Ecuador, que tenían un arraigado sentimiento y propósito de nación, eran los indios. Las elites, como su riqueza, no tienen ni Dios ni patria: son cosmopolitas de Miami, sin abandonar el poder; la clase media no entra en estas disquisiciones de ámbitos geográficos, ni ancestros culturales, su afán es sobrevivir en su destierro existencial, carente de identidad. Sin embargo, la realidad es muy diferente; las organizaciones indígenas actuales están demostrando, por lo menos sus cuadros dirigentes, que padecen la misma peste de poder, como la de sus contradictores y opresores que dicen combatir: los mestizos. A la luz de sus imágenes, no son, sino mestizos idianizados, en busca de las mieles del poder que algunos ya la han saboreado.
El neoliberalismo requería nuevas estructuras sociales ligth, para su eficaz funcionamiento, para eso nos invadieron con ONGs y Fundaciones, con la condición que no amenacen al sistema; seguido de todo esto por un reacomodo de las fuerzas políticas encarnadas en los partidos de la misma tendencia: la derecha. Los nombres, aquí, no importan porque todos apuntan a lo mismo: mantener y reproducir el sistema a imagen y semejanza del modelo neoliberal diseñado por las corporaciones financieras globales y el Imperio. Partidos políticos, cuya meta principal es el gobierno y no el poder, porque este se reparte y emana desde los poderes fácticos. La lista de gobiernos títeres es larga; solo a guisa de ejemplo mencionemos a Osvaldo Hurtado pasando por Febres Cordero, llegamos a Alfredo Palacios; todos con el mismo signo, servir a la plutocracia y al Imperio. Nos evitamos detallar los otros nombres por sensibilidades olfativas racionales, pueden ser afectadas por aquellos gobiernos excrementales. De las formas orgánicas de los partidos políticos, nada tenemos que aprender, todos conocemos como surgieron con diferentes remoquetes, pero un mismo fin: portadores de un pensamiento ideológico único. Nacían y se alimentaban de las mismas entrañas: la gran burguesía, y se abrevaban en las mismas fuentes Imperiales. Ninguno, absolutamente ninguno, concebía un Estado incluyente y solidario; es más, la extrema derecha cavernaria, y en eso coincidían con la extrema izquierda, lo poco que heredamos de Instituciones funcionales se encargaron de demolerlas. Existe un extraño destino, los extremos se encargan de cerrar el círculo para formar el anillo asfixiante que termina acogotando al pueblo. En el presente, es patética esa santa y satánica alianza: el Opus Dei y el MPD. Los movimientos que promovieron la caída de algunos gobiernos vergonzantes y títeres, en la última década, fue una respuesta espontanea y rebelde que conmovió calles y plazas del País. Claro está, quienes sacramentaban la caída de esos regímenes y el ascenso de sus condotieros, era la misma burguesía y sus poderes fácticos.
“La multitud, después de 18 días de lucha en las Plazas de las ciudades de Egipto, -interrumpió la programación el presentador de noticias de la TV internacional- acaban de expulsar del poder al Presidente Hosni Mubarak.” El relámpago informativo el mundo lo esperaba con certeza unos, e intriga otros. Parece que habrá un antes y un después de la caída de este sátrapa en la región. El seguimiento diario del movimiento de protestas en ese País árabe, nos informaba de un fenómeno que algunos teóricos neomarxistas ya lo venían analizando en el contexto de la posmodernidad. Los protagonistas principales de esas protestas y esa victoria, fueron los jóvenes como singularidad y la comunalidad como la diversidad, todo a uno, condensada en la multitud. La composición de los que se concentraron en plazas y calles, especialmente en ese espacio de la lucha, la Plaza Tahrir, ahora icono global de rebelión, estaba constituida por una multiplicidad irreductible de diferencias sociales singulares, que constituyen la multitud. Esta no debe hallar su expresión en la uniformidad como la unidad, la identidad o la diferencia; son todos los núcleos que conforman esa nación: obreros, agricultores, profesionales, comerciantes, estudiantes, mujeres especialmente –rompiendo atavismos culturales segregacionistas-, minorías étnicas, sexuales y otras; estos componen la multitud, plural y múltiple. Las masas, la turba, la chusma, la gleba, el pueblo informe, no componen la multitud; a veces su presencia puede tener efectos terriblemente destructivos, no actúan por voluntad propia, son vulnerables a la manipulación. La multitud es un sujeto social internamente diferente y múltiple, cuya constitución y cuya acción no se fundan en la identidad ni en la unidad, sino en lo que hay en común. Sin ser peyorativo con la chusma, no barrerían la plaza escenario de la protesta, como lo han hecho los protagonistas de Tahrir, después de la victoria; se habrían marchado dejando sucia la plaza, dejando cascaras, periódicos viejos, y toda clase de mugre. Es banal lo que digo, pero grafica mucho la diferencia entre multitud y muchedumbre. Tampoco las luchas son, ni serán siempre con pitos y claveles; mas tarde y en otro lugar será la sangre que manche el campo del combate por verdaderas democracias, y esta no se barre con escobas, está en el menú del futuro en los países pobres. A finales del siglo XX los movimientos de protestas y las revueltas se atenían a dos modelos principales. La primera forma de organización y la más tradicional, se basaba en la identidad de la lucha, y su unidad se organizaba bajo un liderazgo central, por ejemplo el del partido. Podían existir otros ejes de conflicto importantes para quienes participaban en el movimiento, basado en el algún estatuto minoritario, pero debían subordinarse a la unidad de la lucha principal. La historia política de la clase obrera abunda en modelos de este tipo. El segundo modelo dominante, opuesto al primero, se funda en el derecho de cada grupo a expresar su diferencia y a conducir su lucha de manera autónoma. Este otro modelo se desarrolló fundamentalmente en el transcurso de lucha basadas en la raza, en el género y en la sexualidad. Los dos modelos dominantes plantean una lección clara: o lucha unitaria supeditada a la identidad central o luchas diversas que afirmen nuestras diferencias. El nuevo modelo en la red de la multitud desplaza a ambas opciones, o mejor dicho, no es que niegue los antiguos modelos, sino que les infunde nueva vida de forma diferente. En 1999 durante la protesta de Seatle lo que más sorprendió y extrañó a los observadores fue que muchos grupos a los que se tenía anteriormente por antagonistas, como era el caso de sindicalistas y ecologistas, grupos religiosos y anarquistas, etc., actuaron juntos sin necesidad de una estructura central y unificadora que subordinase o declarase temporalmente suspendidas sus diferencias. En términos conceptuales, la multitud sustituye el par contradictorio identidad/diferencia por el par complementario comunalidad/singularidad. Con la formación de nuestros crecientes hábitos, prácticas, conductas y deseos comunes, en suma, con la movilización y extensión global de lo común, la multitud proporciona, en la práctica, un modelo en el que nuestras expresiones de singularidad no quedan reducidas ni disminuidas en nuestra comunicación y colaboración con otros en la lucha.
Michael Hardt y Antonio Negri, en su obra Multitud, se anticipan teóricamente a los acontecimientos que suceden hoy en el medio oriente, y a otras protestas que se han dado a nivel global, aplicando un sistema inteligente, propio de las especies animales sociales: las abejas, las hormigas o las termitas. Lo denominan “La inteligencia del enjambre”, y acotan, “Desde una perspectiva externa, el ataque en red se describe como un enjambre porque parece que no tenga forma. Como la red no tiene un centro que dicte las ordenes, los que solo piensan de acuerdo con los modelos tradicionales creen que no hay organización de ninguna especie y solo ven espontaneidad y anarquía”. Y continúan… “Pero si se contempla el interior de una red, se observa que si hay organización, racionalidad y creatividad. Es la inteligencia del enjambre.” El comportamiento de estas especies es estudiada por entomólogos, biólogos, sociólogos, y ahora por militares y hasta filósofos. Savater, reflexiona sobre la ética del enjambre, las termitas en particular, que entregan su cuota de vida, defendiendo el espacio, con la ética del ciudadano Héctor, defendiendo su querida Troya frente al divino Aquiles. En términos de organización y estrategias militares, no poseen una inteligencia como individuo, la concentración de feromonas dejadas por otros individuos del colectivo construye un sistema inteligente en red sin necesidad de un control central. La inteligencia del enjambre se basa fundamentalmente en la comunicación. Siguiendo con la analogía teórica y el fenómeno de Egipto ¿Cuáles fueron las feromonas que vinculaban con precisión y rapidez a esa multitud en un plan bien trazado? La destitución de Mubarak. Los sistemas inteligentes de comunicación, las redes sociales, como llaman ahora, las convirtieron en un verdadero enjambre, que superó en millones de unidades a la prensa escrita de la región ¿Quiénes usaron con eficiencia y resultados esos sistemas inteligentes? Fundamentalmente la juventud. Esta singularidad, los jóvenes, se autodenominaron: Coalición 25 de Enero. Pero la inteligencia del enjambre que se vincula a velocidades de vértigo en la red, debe tener una matriz ideológica, después, que el enemigo, en este caso Mubarak, destruyera el termitero durante 30 años; acopiar materiales ontológicos, políticos, económicos, culturales y otros, para constituir un nuevo Estado-nación. La multitud requiere de un proyecto político para empezar a existir. La multitud, tampoco surge espontáneamente como figura política, la carne de la multitud se compone de una serie de condiciones ambientales para que puedan conducir a la liberación o quedar atrapadas en un nuevo régimen de explotación y control; tal como ha sucedido en nuestro País: huyendo de la jauría bucaramista entramos a la jaula de leones bancarios de Mahuad. “El interés común –dicen Hardt y Negri- es un interés general no reducido a la abstracción por el control del Estado, sino recuperado por las singularidades (el cuerpo social) que cooperan en la producción social-bíopólitica. Se trata, pues, de un interés común que no queda en manos de una burocracia, sino que es administrado democráticamente por la multitud.”
CONCLUSIONES
A lo largo de la historia y a través de la razón y las pasiones los seres humanos han rechazado la autoridad y el mando atrabiliarios, expresando la diferencia irreductible de la singularidad, y han buscado la libertad en incontables revueltas y revoluciones. Esa libertad, desde luego, no es otorgada por naturaleza; se consigue superando constantemente los obstáculos y las limitaciones. Al igual que los seres humanos no vienen al mundo con unas facultades eternas inscritas en su carne, tampoco la historia tiene finalidades últimas ni teleológicas. Podemos afirmar que la facultad de ser libres y la propensión a rechazar la autoridad han pasado a ser los principios más nobles y más saludables, los verdaderos signos de eternidad. La novedad de este debate que propongo, es que existe una multitud ontológica, es decir el ser social no se concibe sin ella. Hay otra multitud, la histórica; esa, está en construcción, el caso de Tunes y Egipto lo confirma, nunca antes existieron estructuras singulares compactas en las Plazas. Tampoco eso acredita partida de nacimiento al movimiento orgánico de multitud.
Está en discusión si todavía existen las vanguardias, si estas manifestaciones son la suma de posturas anarquistas, si la multitud pueda derrocar al Imperio y plantear un nuevo orden; en fin las inquietudes son latentes, lo claro, es que, unas nuevas formas de lucha están en camino. La convocatoria de hoy con los jóvenes, cumple ese propósito, rebelarnos contra lo establecido por las elites, apuntalar el proyecto político en marcha, con la bullente sangre joven de nuestra patria.
En los últimos 40 años, en el Ecuador, no ha existido un Proyecto político, social y económico verdadero, que funde los cimientos de un nuevo Estado soberano, respetado y respetuoso por y hacia sus ciudadanos. Las transformaciones que en el País están en marcha, es preciso radicalizarlas y profundizarlas, para que nunca más vuelva la ignominia; por otro lado hay que defender los procesos de cambio de las constantes amenazas externas y de las elites heridas y ausentes de su poder consuetudinario, que jamás comprendieron que la realidad abyecta de la Patria debía cambiar.
Son los jóvenes los llamados a dar las interminables batallas que están por venir, con su participación, para ahondar los procesos y defender el futuro en cualquier tiempo y en cualquier espacio; tal como hemos sido testigos en estos días en Egipto, especialmente. Solo la juventud tiene la palabra.