Arq. Vicente Vargas Ludeña
En la fragorosa y compleja estructura del mercado y el dinero, el emprendimiento es una ciencia y el emprendedor un científico virtuoso. Ahora más que nunca, el neoliberalismo ha despertado esta cualidad humana para que todo ser viviente se convierta en empresario. La epistemología del emprendedor la han construido en todos las categorías de la Filosofía, la Sociología, la Antropología, la Psicología y otras formas del conocimiento, con el fin de estructurar un corpus sistémico que, en los Institutos, universidades y en cualquier lugar educativo se formen los empresarios que necesita el mercado para funcionar. Tal es así que, un físico nuclear, astrofísico, pintor, actor, deportista o un religioso; un narco, chulo, prostituta y todas las variopintas formas de ganarse la vida; deben ser emprendedores para rentabilizar, en la economía de escala que exige el mercado, los máximos de ganancias. Este es el perfil que el capitalismo ofrece a todo individuo y sociedad en su conjunto que desee llegar al éxito económico; conste que, aquí se remarca el carácter económico del triunfo, porque así reza el decálogo del empresariado. El éxito, es el mejor de los éxitos, es el axioma del pragmatismo capitalista. No deja de existir cierta razón, de que las iniciativas personales, a veces familiares o corporativas promueven grandes proyectos de desarrollo técnico, científico y económico que han cambiado la faz de la tierra y han transformado a la sociedad. Pero estos fenómenos solo son posibles en el tiempo; sin embargo en el torbellino del dinero fácil, toda práctica legal y no legal, son permitidas. Esta visión de transformar al ser y la sociedad en un gigantesco océano de negocios, es una de las razones fundamentales para multiplicar por mil, los centros educativos, llámese universidades de zaguán o escuelas de comercio y administración. La peregrinación de tutores, verdaderos gurus del marketing, viajan despertando las apetencias del negocio en estos pueblos, que casi, no han salido del era del trueque; de esa manera, los convierte en portavoces del nuevo orden mundial. De aquí saldrán los genios de las finanzas, del bien y del mal.
Podrá llamar la atención, aquí, el tratamiento paradójico, y no sin cierta ironía, del mundo del narcotráfico y el mundo financiero. No cabe duda que el narcotraficante es un emprendedor, consecuentemente, mas adelante, se convierte en empresario inversor de un misceláneo universo de actividades económicas, con el consiguiente reconocimiento de mundo económico, social y político. Cumple rigurosamente con las categorías de la economía política: producción, distribución, intercambio y consumo de su proceso industrial de las drogas, en especial la cocaína, mercancía –merca le dicen en Colombia-, que más conocemos. Como decíamos antes, el narco emprendedor se preocupa de la siembra, de la cosecha de la hoja de coca y del proceso industrial que dicha hoja sufre para transformarse en la diosa blanca. La comercialización en un mercado competitivo cumple estrictamente las leyes de la oferta y la demanda. El consumidor final no es un asunto que le atañe al narco empresario; este, puede ser un drogadicto irredento, del mundillo del jet set, Bill Clinton, George Bush o Barak Obama, que en su momento de disloque juvenil también naricearon sus dosis de cocaína, y que mas tarde como presidentes, debieron emprender a bala a estos empresarios que les brindaron momentos irrepetibles de euforia; la geografía del consumo si les es importante, por que eso determina una serie de imponderables que maximizan los costos y los peligros. La estructura organizacional del narcotráfico denominados mafias, cárteles u otras formas, dependiendo de la envergadura corporativa, se mimetiza en las urdimbres del poder político, judicial, policial, deportivo, religioso, comunitario y social etc; y en ese mundo blanquean su imagen, sus acciones y dignifican su riqueza. Las bases Gansgterlires que debe montar el narco empresario, es correlativo a la naturaleza humana: competencia, -muchas veces desleal-, envidia, gula, ambición desmedida y todos los excesos de la carne; como también se dan en otras esferas del dinero: las finanzas. Esto lo veremos mas adelante.
La historia de los grandes narco empresarios coma Al capone, Don Vito Corleone en la célebre serie El Padrino de Mario Puzzo, de Pablo Escobar y toda la pléyade de narco emprendedores famosos en Colombia transformados luego, en cárteles: del Pacifico, del Norte, de Calí etc., o los mas en boga momentáneamente: los Zetas, el de Juárez, el del Chapo Guzmán, El Señor de los Cielos -¡Que nombre mas angelical!- y otros de México, es la patética semblanza del prospero negocio que jamás terminaremos de comprender. Para actualizar y diversificar esta historia cabe la referencia de la famosa obra literaria, escrupulosamente documentada: “Gomorra”, del Italiano Roberto Saviano. En ella, ha reconstruido la aterradora lógica económica-financiera y expansionista de los clanes napolitanos y casertano, en el Sur de Italia. Una organización empresarial con impresionantes ramificaciones por todo el planeta, y una zona oscura siempre mas extensa donde cuesta distinguir cuanta riqueza es producto de la sangre y cuanta de simples operaciones financieras vinculados al negocio de las drogas, de la construcción, de la importación y otras formas no menos aberrantes pero muy socorridas en el que, al final, cada emprendedor termina en un agujero enrejado de alguna cárcel, no porque ha creado riqueza, como todo empresario, sino porque el camino lo ha dejado tapizado de cadáveres de sus competidores o de sus traidores aliados. Esta es una característica negativa del empresariado narco, o mejor, son los baldones que la sociedad le impone, por múltiples razones, al mercado de las drogas. No lo hace por los daños colaterales que todo negocio sucio provoca, sino porque el flujo de dinero no entra al torrente del mercado a cielo abierto; y eluden a toda costa las cargas impositivas fiscales; de lo cual se benefician la banca, el comercio y todas las estructuras de poder. La comunicación incluida.
Es interesante el fenómeno, por que, la cultura también abreva de estas fuentes para crear otras expresiones estéticas, religiosas, del lenguaje y demás formas; el cine y la televisión son los que más explotan este filón que atrae una gran masa espectadora; las pantallas se bañan de sangre y violencia, de mujeres hermosas, del buen vivir elegantemente etc.; es común que los capos se enfrenten a tiro limpio en plena calzada; no lo es, que dos banqueros se rompan el alma en la vía publica. Para ellos el cine tiene otros recursos más edulcorados, más románticos; los guiones siempre estarán urdidos de intriga y máximo de una quiebra económica o de un suicidio, como castigo final a sus magnates devaneos.
Para concluir con este tramo del razonamiento, veamos quienes son los perjudicados con este segmento del emprendedor narco. El consumidor final, como ya hemos visto, es el que tiene gran capacidad económica; o por lo menos el que se afana en conseguir recursos para llegar hasta la droga; la muerte, siempre latente en todo momento y circunstancia, y en el caso que nos ocupa no es una peste, como la bubónica en la edad media; basta revisar las estadísticas Es, como el alcohol, una pequeña parte de la sociedad se pudre en el y muere. Pero hay mil causas que producen mayor mortandad y provocan mayor daño y miseria. Ese es, el mundo financiero.
Bertold Bretch, decía que para tener dinero fácil y rápido, había dos caminos: asaltar un banco o montar un banco. Aquellos que pertenecen al mundo de las finanzas son, indudablemente de gran prosapia, siempre herederos de imperios económicos o salidos de ranqueadas universidades que aprendieron a manejar la macro y microeconomía del mundo contemporáneo; asesorados, la mayor de la veces en los centros financieros mundiales, por laureados premios Nóbel en economía. Esta es una pequeña diferencia con los narco emprendedores, no conozco de algún capo famoso que sea diplomado en ciencias de alguna cosa, debe haber existido y hoy también; regularmente ascienden a ese universo a punta de pistola, sin embargo, no se puede despreciar su gran iniciativa y talento para reinar y gobernar esos imperios.
La etérea atmósfera que envuelve a la banca y las finanzas, es inaccesible al mortal de los humanos. Es densa, compleja, esotérica, misteriosa. Demasiada científica, es más o menos, como la teoría de la relatividad superada por la teoría quántica, o, la materia oscura en los agujeros negros gravitacionales. Ese prestigio, le asignaron los sacerdotes de la economía capitalista. La construyeron de esa manera, para, a través de la ubicuidad del dinero, eludir sus fines y transformarse en cualquier propósito: multiplicar la riqueza, crear un súper poder, erigirse en amos del mundo, como el Club Bilderberg, que describe Daniel Estulin. Es tan intrincado, ese universo, que de la letra de cambio de la era de pluma de ganso, al dinero de plástico, o a la fiducia del chip del cyborg (humano biónico), con el cual, en el futuro se podrá realizar transacciones económicas y financieras a cualquier escala, media un abismo insondable de proporciones mágicas. Pero, a ese paraíso mágico nos conducen los amos del poder, con consecuencias más nocivas que las que pueden provocar los empresarios de la droga.
El desastre económico y financiero del 2008 en la meca del capitalismo, los EE. UU., no se compara ni remotamente, con el daño que puede causar la droga en ese mismo tabernáculo. La asistencia financiera que el Estado debió acudir a esas mafias, fue de 700 mil millones de dólares. Millones de norteamericanos se quedaron con una mano adelante y la otra atrás, miles perdieron sus hipotecas, el desempleo los arropo, la nación bordea el abismo del tercer mundo. Para burlarse de la sociedad, los autores de ese desastre moral -asalto, robo depredación…- legitimaron sus retiradas con ingentes sumas de dinero, como indemnizaciones, a sus sacrificados esfuerzos en “bien” de la humanidad ¿Acaso hubo fuerzas telúricas, o iras divinas, imponderables para semejante cataclismo? ¿No es la nación paradigma de los negocios y las finanzas? ¿Dónde estaban los más lucidos cerebros –premios Nóbel de economía- cuando se derrumbaba la entelequia de la riqueza? ¿Quién responde por el daño y la rapiña que ocasionaron a la sociedad los banqueros y financistas? ¿El daño, acaso, no es mayor y más destructivo que el de una coalición de mercaderes de la droga? ¿Cuantas muertes sin sangre, silenciosamente, quedaron y siguen tapizando la nación por el atraco de que fueron victimas? ¿Dónde están los responsables de esa catástrofe?
Son preguntas de fácil respuesta. El sistema esta diseñado para que así funcione. El Estado solo es gendarme, lo demás lo regula el mercado. Cualquier legislación que ponga orden al capital, son frenos para el desarrollo, dicen los panegiristas del dinero. En el Ecuador, los banqueros se birlaron ocho mil millones de dólares; todos los narco empresarios mas connotados juntos, no causaron el daño al país y a la sociedad, como lo hicieron los financistas y sus coaligados. Ni en Manta, ni en ningún lugar se instalaron bases militares norteamericanas para contener ese daño, ni arrestar a los Isaías, Aspiazu, Ortegas… la lista es larga.
Los unos y los otros, sin embargo, necesitan del poder político para llevar a cabo sus emprendimientos. Los banqueros acuden a la legislatura y al gobierno para blindarse en sus trapacias; los narcos, aceitan directamente el bolsillo de los legisladores, de la justicia, de la policía y todo poder que se ponga en su camino. El problema es de visibilidad e invisibilidad. En estas riberas paralelas, ni la ética, ni la moral existen. Existen los rendimientos del dinero. Nada más.